Jornadas AMIA- SHALOM BAIT - 29 de noviembre de 2007

Clínica psicoanalítica con adultos sobrevivientes de abuso sexual sufrido en la infancia y adolescencia
Por Isabel Monzón


En primer lugar quiero agradecer a la Dra. Fernanda Tarica por haberme invitado a este espacio y a colegas de quienes he aprendido mucho, a la Doctora Virginia Berlinerbleau, la Lic. Sonia Vaccaro, (Hoy residente en Madrid) A la Lic. Graciela Ferreyra quien además de ser la primera autora argentina sobre maltratos hacia las mujeres me hizo conocer el libro de J. Masson “El asalto a la verdad. La renuncia de Freud a la “teoría de la seducción” A la Lic. Alicia Ganduglia y al Doctor Juan Pablo Viar, por su apoyo y asesoramiento cuando lo necesité. Y al Juez Carlos Rozanski, por estar aquí y por ser tan justo y sensible.

Pero antes de exponer quiero hacer una aclaración en cuanto a las palabras víctima y sobreviviente a las que se refirió Jorge Garaventa.
Junto a otros autores, utilizo el término víctima para referirme a la niña o al niño abusado mientras que califico de sobreviviente a las adultas y adultos que, durante su infancia, cuando fueron víctimas, padecieron por abuso sexual. Sobreviviente apunta a remarcar todas las estrategias y recursos vitales que aquellas víctimas han tenido que movilizar para poder seguir estando vivas. Se trata, entonces, de “honrar lo que se ha hecho para sobrevivir” y valorar todo lo que se puede seguir haciendo para cerrar las heridas. Con las palabras victimario, ofensor o abusador designo a los que comenten el abuso.

La primera vez que pude escuchar a una analizante que había sufrido de abuso sexual en su infancia fue en 1975. Clara, de 31 años, me dijo en su primera entrevista “De los 5 a los 15 años mantuve relaciones sexuales con mi abuelo.”
En aquel entonces yo tenía apenas ocho años de recibida de psicóloga, atendía, igual que hoy, a adolescentes y adultos.
El relato de Clara me impactó, y nunca dudé de sus palabras. Aunque en la Facultad nunca me enseñaron de lo que actualmente llamamos ASI.
La frase de “mantuve relaciones sexuales” fue una frase impuesta ya que ninguna criatura puede mantener esas relaciones. Hoy sabemos que ese abuelo la abusó de niña hasta llegar a la adolescencia
En el momento de la consulta Clara tenía un hijo varón. Al poco tiempo, se hizo evidente mi embarazo y allí Clara abandonó la terapia. Pero volvió al mes, muy asustada ya que se escuchó decirle a su hijo, mientras lo bañaba: “Bájate la bombachita,” y esa era la frase usada por el abuelo. Esa que le causó terror ya que Clara no era una abusadora, no se identificó con el agresor.
Cuando ella, a mis instancias les cuenta a su tía materna, a su madre y a su hermana lo que el abuelo le hizo, la tía dice: igual que a mí, la madre dice lo o mismo me hizo a mí. Y la hermana dice que ella no lo dejó. Es decir que Clara pudo relatar en su análisis, por primera vez y siendo adulta, que, cuando sus padres la dejaban desde pequeña con el abuelo, él abusaba de ella. Esto sucedió desde los cinco hasta los quince años. Cuando, motivada por el proceso analítico, quiso relatar lo sucedido ante la familia, su madre, su tía y su hermana contaron que ellas, de niñas, también habían sido víctimas de este hombre. Y todas habían callado hasta ese momento. Se trataba de una típica familia patriarcal en la que el abuelo desempeñaba el rol principal manejando todo con su dinero, incluso al padre de Clara, un hombre muy sometido a su suegro. Es interesante hacer notar que Clara me fue derivada por una colega de su hermana, ambas psicoanalistas pertenecientes a una de las instituciones psicoanalíticas reconocidas por la IPA. Los trapos sucios no se lavan en casa, esto es que cuando se trata de tener una hermana abusada o una hermana golpeada por su pareja, no es conveniente derivarla a un o a una colega de su propia institución.

Pero esto no es todo. Cuando en un ateneo clínico, hace de esto veinte años, presenté en una institución a la que pertenecí (Ateneo Psicoanalítico) la historia de Clara, el prestigioso psicoanalista que había sido invitado a discutir y supervisar el caso dijo una frase incomprensible en ese momento para todos los presentes: “Se trata de un cuadro que la vieja psiquiatría diagnosticaría como pseudología fantástica”. Por ignorancia nadie discutió el diagnóstico, tampoco yo. Ese psicoanalista también pertenece a una de esas instituciones pertenecientes a la IPA en Buenos Aires.
Hoy, luego de 40 años de experiencia clínica pude escuchar muchas historias más.
Y es precisamente por esa experiencia que no puedo dejar de “creerle a mi neurótica”, como alguna vez se desdijo Freud al renunciar a su teoría de la seducción.
Las criaturas abusadas denuncian, de una u otra manera, que los adultos les asesinan la infancia y que, como ellas no pueden confiar en los encargados de cuidarlas, el mundo se les derrumba. En los casos más leves desarrollarán una neurosis o síntomas psicosomáticos; en los más graves una psicosis o una enfermedad física grave. Cuando, ya adultas, concurran a consultar con especialistas en salud mental, algunos les hablarán de fantasías de seducción o de “pseudología fantástica”, sufriendo así una nueva victimizacion. También la voz de Sandor Ferenczi fue silenciada y no solamente por no haber cumplido Jones con la promesa de traducir su trabajo sobre Confusión de lenguas.... Las ideas del creativo psicoanalista húngaro no se difunden, en general, en las instituciones psicoanalíticas y su nombre ni siquiera se menciona en las carreras de psicología de las distintas facultades.

Asimismo, precisamente fue, en parte, por un comentario así que Freud dejó de creerle a su neurótica. Recordemos lo que Krafft-Ebing le dijo el 21 de abril de 1896 al creador del psicoanálisis, mientras éste presentaba en la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Viena su teoría de la seducción. “Ese es un cuento de hadas científico”.

Violencia de la desmentida

A pesar de la frecuencia con que, evidentemente, se producen estos hechos, llama la atención la falta de bibliografía psicoanalítica sobre el tema. También es significativo que la escasa existente no se conozca o que se explique el abuso diciendo que la víctima sedujo al victimario [1].
A muchos psicoanalistas contemporáneos parece sucederles algo parecido a lo que le ocurrió a Sigmund Freud hace casi un siglo: no quieren aceptar la verdad de lo que escuchan. Como, por otra parte, no hay peor ciego que el que no quiere ver, muchas veces el analista de niños ni siquiera reconoce que, detrás de los síntomas que su pequeño paciente presenta, se esconde el abuso. Y éste persistirá, porque no hay ni oyente ni interlocutor válido que lo detecte. El niño siempre denuncia el abuso, aunque no necesariamente con palabras ya que, a veces, por ser demasiado pequeño, todavía ni siquiera sabe pronunciarlas. Su silencio, su juego, sus síntomas son su manera de hablar. Sabe que los encargados de cuidarlo no pueden cumplir con esa función y, además, suelen asustarlo con amenazas diversas. Otras veces, denuncia hablando pero, o no se le cree, o se le considera responsable del abuso.
Un psicoanálisis sin dogmas es sumamente rico para cualquier clínica, es decir para comprender, aliviar y elaborar cualquier dolor psíquico. Freud, aunque luego renegara de su propia teoría, fue pionero en el problema del abuso sexual contra la infancia y esto es reconocido por todos los autores, psicoanalistas o no, que se especializan en el tema. Siguiéndolos a Ferenczi y al mismo padre del psicoanálisis, algunos psicoanalistas de nuestros días no sólo estamos atentos al tema del abuso sino que, además, hemos comenzado a teorizar y a escribir acerca de él. Pero, al mismo tiempo, existe la complicidad con el abusador, no consciente si surge de la desmentida y absolutamente tendenciosa y consciente en algunos profesionales de la salud y de la ley. Estos hacen frente común con los abusadores, aunque se presenten como “especialistas” en abuso sexual de menores. Lobos con piel de cordero, oportunistas que cobran altos honorarios de sus defendidos, mientras que los que trabajan con los niños abusados lo hacen generalmente por muy bajos honorarios o hasta gratuitamente. Los niños no tienen recursos para defenderse, tampoco el del dinero.

Viñetas y testimonios

La siguiente viñeta clínica, nos permitirá ver mejor el accionar de este tipo de profesionales.

A pesar del paso del tiempo y de todas las confirmaciones que nos da la clínica, sigue circulando con mucha fuerza la idea de que las víctimas de abuso mienten y que los profesionales que detectamos el problema y nos animamos a hablar de él solamente relatamos cuentos de hadas. Pero aprender a detectar el abuso es imprescindible. Para ello, es necesario no cerrar nuestra capacidad de escuchar a los otros ni a nosotros mismos, en tanto posiblemente de alguna manera pudimos haber sido también víctimas de abuso y/o violencia durante nuestra infancia. Es decir, es imprescindible trabajar con nuestra propia desmentida, con nuestra propia tendencia a no querer ver aquello que, por terrible y siniestro, preferimos decidir que no existe. Para los que trabajamos con la salud la desmentida es mucho más peligrosa, en tanto denuncia que nuestro instrumento de trabajo, es decir nuestro propio psiquismo, tiene fallas.
Aunque el psicoanálisis es, de todas las teorías psicológicas, la que posee mayor riqueza de conceptualización y aunque, según comprobamos, el tema del abuso surgió tempranamente en la misma teoría freudiana, los psicoanalistas cargamos todavía con una vieja cuenta pendiente en relación a nuestros pacientes abusados y a toda la comunidad. Cuenta pendiente que no terminamos de saldar por no ponernos de acuerdo. La historia de este desacuerdo comienza cuando Freud abandona su teoría de la seducción, y se repite una y otra vez en el lapso de estos cien años de vida del psicoanálisis. Otra evidente prueba de la conflictiva relación que los psicoanalistas han tenido con el tema del abuso sexual es la controversia entre Sandor Ferenczi y Sigmund Freud.

Confusión de lenguas entre el adulto y el niño

En 1932, el talentoso y creativo psicoanalista Sandor Ferenczi abrió el XII Congreso Internacional de Psicoanálisis con la ponencia Confusión de lengua entre los adultos y el niño. El lenguaje de la ternura y el de la pasión. En este texto, bautizado de manera tan significativa, Ferenczi dice:
“Nunca se insistirá bastante sobre la importancia del traumatismo y en particular del traumatismo sexual como factor patógeno. Incluso los niños de familias honorables de tradición puritana son víctimas de violencias y violaciones mucho más a menudo de lo que se cree. Bien son los padres que buscan un sustituto a sus insatisfacciones de forma patológica, o bien son personas de confianza de la familia (tíos, abuelos), o bien los preceptores o el personal doméstico quienes abusan de la ignorancia y la inocencia de los niños”.

Más adelante, Ferenczi afirma que esos adultos con predisposiciones patológicas confunden los juegos y conductas de los niños con los deseos de una persona sexualmente adulta, confusión que los lleva a abusar sexualmente de las criaturas. El niño puede intentar protestar, pero a la larga es vencido por la fuerza y la autoridad aplastante del adulto. Llevado por el temor y la indefensión, la criatura se doblega a la voluntad del agresor y lo introyecta, para poder seguir sosteniendo con él un vínculo de ternura. A este mecanismo de defensa mental lo llamará “identificación con el agresor”.

Ferenczi murió en mayo de 1933, con la promesa de Ernest Jones de publicarle el trabajo en la International Journal of Psyco-Analysis. Poco antes de morir Ferenczi, Freud, repitiendo lo mismo que a él le hiciera Krafft - Ebing- o, como él mismo hubiera dicho, repitiendo activamente lo vivido pasivamente - le escribe a Jones una carta donde le dice que una paciente de Ferenczi, la señora Severn, parecía haberle provocado a su analista una pseudología phantástica. En junio, Jones le contesta diciéndole que la paranoia de Ferenczi se había puesto en evidencia “a la vista de su último artículo para el congreso” y que veía contraproducente publicar, ahora que él había muerto, su último artículo, ya que sería un perjuicio y un descrédito para el propio autor. Y agrega: “Sus postulados científicos y sus declaraciones sobre la práctica analítica no constituyen más que una sarta de errores que solamente sirven para desacreditar al psicoanálisis y dar pábulo a sus enemigos”. El polémico y valioso trabajo en el que Ferenczi denuncia la frecuencia del abuso sexual en la infancia se conoció recién en 1949 gracias a Michael Balint. Parecía repetirse lo sucedido en aquella primavera vienesa de 1896, cuando Freud leía su trabajo sobre la etiología de la histeria ante la escucha desvalorizadora de sus colegas médicos. Es que, como dice Alice Miller, los dogmas no pueden rebatirse en tanto se alimentan del miedo de sus partidarios a ser excluidos del grupo que los sostiene. Quien, desafiando esos dogmas, se pone en actitud crítica, corre el riesgo del ostracismo.

MAS TESTIMONIOS

Miguel Ángel Furci, torturador de presos políticos -algunos de ellos además, desaparecidos- fue integrante de la SIDE y se apropió de la niña uruguaya Mariana Zaffaroni. Hay un conmovedor documental realizado en Uruguay llamado “Por esos ojos” y que alude a la mirada y los ojos muy especiales de Mariana. En este documental se relata la historia de la abuela de Mariana Zaffaroni y la búsqueda que ella, como tantas otras abuelas, hicieron de sus nietos hijos de desaparecidos. Pero Mariana, no quiso quedarse con su abuela. Esta historia no es habitual, ya que sabemos de muchos nietos hoy recuperados que aceptan a su familia de origen. Sobre todo, si fueron apropiados por “personas” como Furci.
Pero, ¿qué habrá sucedido con Mariana? No lo sé, aunque podríamos hacer nuestras hipótesis
Lo que sí sé es que Furci abusó sexualmente de una analizanda mía cuando ella era pequeña. Él es un familiar cercano. La niña, que ahora ya es adulta, no se lo pudo contar a la madre porque temía que ella no le creyera.
Fursi, ese cobarde torturador, asesino y abusador de niñas ¿le habrá sobado el alma a Mariana?

Pero con mi paciente, a la que llamaré Gabriela, no pudo lograrlo.
En un email de hace unos días ella escribió:
“Querida Isabel, gracias por tus correos y tu preocupación por el tema. Evidentemente, hay dentro de mí una niña asustada que me demoró en la respuesta, hubiera querido escribir antes pero había algo que no me lo permitía. Por suerte cuento con vos para salir del escondite.
Un beso, Gabriela”

En otra sesión reciente, cuando me relataba que su madre le había leído el diario íntimo que escribía de adolescente, mientras lo rompía en mil pedazos, le dijo a su madre: “Ahora todo quedará acá- mientras se señalaba la cabeza – porque en ella no vas a poder entrar”.
Ni Furci ni su madre pudrieron robarle el alma.

Pero si antes a los niños y a las niñas abusadas no se les creía cuando decían que el padre, el tío, el hermano mayor o la nueva pareja de la madre las había “tocado” hoy es habitual que las madres les crean.
Pero cuando el abusador es el propio padre de esas criaturas, la madre que ya separada del “padre” de esos niños, denuncia el abuso, se encuentra con muchos obstáculos. Y no solo por parte del abusador, sino de la propia Justicia.
Sus hijos pasan por varios peritajes y aunque el abuso sea comprobado, aparecen seres siniestros asesorando a los padrea abusadores. Ellos piden la “ayuda” de “instituciones” como ANUPA, APADESHI, RETOÑO Y GAPADESHI de Rosario. O de “PADRES SIN CENSURA. (Así, con todas letras, dejando claro que no conocen lo que es la censura o la transgreden.
Julio Truco, es el fundador de ANUPA y uno de sus asesores es el psicólogo Norberto Inda.
APADESHI tiene como presidente a José María Bouza. Sus asesores son Susana Pedroza de Álvarez y Carlos María Usandivaras.
RETOÑO fue creada por el ex juez Eduardo Cárdenas. Autor de “El abuso de la denuncia de abuso”.
(Se la encuentra en Internet) y los asesores de RETOÑO son la psicóloga Marta Albarracín y la mediadora Susana Rossin.
Esas madres que acusan tienen que vérselas con estos siniestros y peligrosos personajes que utilizan en su contra ese engendro creado por el médico estadounidense Richard Gardner:El “SAP”. Un falso síndrome producto de una mente perversa. Y de todos y todas quienes lo usan.
En consecuencia, repito, esas madres de los niños abusados tienen que luchar contra “especialistas” en SAP y contra los que, como peritos, asesoran a los abusadores.
Pero también hay Jueces y Juezas cómplices que “cajonean” los expedientes. De tal manera que traban las denuncias de las madres y la posibilidad de los niños abusados de ser tratados psicológicamente de ser atendidos de sus graves traumas en instituciones públicas como el Hospital de Niños Pedro Elizalde en el y cuya área de violencia está bajo la responsabilidad el doctor Néstor Garrote.
Cabría preguntarse, además, ¿por qué la mayoría de las personas violadas son mujeres, y por que la mayoría de los abusadores son varones?
Actualmente el abuso sexual contra niños y niñas aparece en los medios de comunicación y las madres que tienen hijos abusados por sus maridos los denuncian, se divorcian. Antes todo era más tapado, de tal forma que los que hoy podemos llamar sobrevivientes de abuso habla de esos abusos cuando acuden a una terapia. A veces vienen por otras razones, y es habitual que ni recuerden los abusos sufridos
Rita Laura Segato es una antropóloga argentina residente en Brasil. En su libro “Las estructuras elementales de la violencia” ella relata su trabajo de campo hecho en varias cárceles de Brasil con entrevistas a violadores.
Aunque la lectura de ese libro es insoslayable, la conclusión que-por lo menos yo saco de la lectura de ese libro- que en el fondo de toda violencia, se encuentra el Patriarcado.

Otro testimonio muy especial

El atreverse y la esperanza
.........................................................(Violette Nozíeres)

....................................Por Paul Eluard
Cuando el pelícano*

Las paredes de la casa se parecen
Una voz infantil responde
Sí como un grado de trigo y las botas de siete leguas
En una de las paredes están los retratos de familia
Un mono hasta el infinito
En la otra está la puerta ese cuadro cambiante
Por donde yo entro
La primera

Después se charla bajo la lámpara
De un extraño mal
Que produce locos y genios
La niña tiene luces
Polvos misteriosos que ella trae de lejos
Y que se saborean con los ojos cerrados
Pobre angelito diría la madre
Con ese tono de las madres menos bellas que sus hijas
Y celosas.

Violeta soñaba con baños de leche
Con hermosos vestidos de pan fresco
Con hermosos vestidos de sangre pura
Un día ya no habrá padres
En los jardines de la juventud
Habrá desconocidos
Todos los desconocidos
Los hombres para quienes una siempre resulta nueva
Y la primera
Los hombres por quienes una escapa de sí misma
Los hombres para quienes no se es la hija de nadie

Violeta ha soñado deshacer
Ha deshecho
El horrible nudo de serpientes de los lazos de sangre.

Violette Noziéres: Estudiante del liceo Fenelón, que envenenó a su padre con veronal, y luego dejó abierto el robinete de gas para simular una intoxicación accidental. Al descubrirse su crimen lo justificó sosteniendo que su padre había querido violarla. (En realidad, la violó).
Los surrealistas hicieron de ella una heroína anticonvencional, y publicaron un famoso volumen de homenaje que contenía poemas de casi todos los surrealistas. (Violette Noziéres: Editions Nicolas Flamel, Bruselas, 1934.) Violette fue condenada a muerte, pero el presidente Lebrun, en 1934, conmutó esa pena por la de prisión. En 1945, Charles De Gaulle la puso en libertad. A poco de salir de la cárcel se casó, llevando hasta la fecha una vida burguesa absolutamente normal, Tiene cuatro hijos.

*Cuando el pelícano alude al conocido poema de Alfred de Musset "La muerte del pelícano" cuyo primer verso dice: "Cuando el pelícano cansado por un largo viaje".
Poema extractado de la Antología de la poesía surrealista, traducción y prólogo de Aldo Pellegrini, Editorial Fabril, edición 1961.

[1] Como tantos de nosotros en algún momento de nuestra vida profesional, hasta nuestra muy respetada Marie Langer también desmintió aquello que su escucha registraba. En 1943 escribía estas palabras que hoy provocan escalofríos: “Eva tenía recuerdos muy nítidos de su primera infancia. Era una niña de sexualidad muy precoz. Se acordaba que a la edad de cuatro o cinco años le gustaba subirse a las rodillas de algún parroquiano de la cantina de su madre, para provocarle, con movimientos hábiles e inocencia fingida, una erección”.