Clínica psicoanalítica con adultos sobrevivientes de abuso
sexual sufrido en la infancia y adolescencia
Por Isabel Monzón
En primer lugar quiero agradecer a la Dra. Fernanda Tarica por haberme invitado
a este espacio y a colegas de quienes he aprendido mucho, a la Doctora Virginia
Berlinerbleau, la Lic. Sonia Vaccaro, (Hoy residente en Madrid) A la Lic. Graciela
Ferreyra quien además de ser la primera autora argentina sobre maltratos
hacia las mujeres me hizo conocer el libro de J. Masson “El asalto a la
verdad. La renuncia de Freud a la “teoría de la seducción”
A la Lic. Alicia Ganduglia y al Doctor Juan Pablo Viar, por su apoyo y asesoramiento
cuando lo necesité. Y al Juez Carlos Rozanski, por estar aquí
y por ser tan justo y sensible.
Pero
antes de exponer quiero hacer una aclaración en cuanto a las palabras
víctima y sobreviviente a las que se refirió Jorge Garaventa.
Junto a otros autores, utilizo el término víctima para referirme
a la niña o al niño abusado mientras que califico de sobreviviente
a las adultas y adultos que, durante su infancia, cuando fueron víctimas,
padecieron por abuso sexual. Sobreviviente apunta a remarcar todas las estrategias
y recursos vitales que aquellas víctimas han tenido que movilizar para
poder seguir estando vivas. Se trata, entonces, de “honrar lo que se ha
hecho para sobrevivir” y valorar todo lo que se puede seguir haciendo
para cerrar las heridas. Con las palabras victimario, ofensor o abusador designo
a los que comenten el abuso.
La
primera vez que pude escuchar a una analizante que había sufrido de abuso
sexual en su infancia fue en 1975. Clara, de 31 años, me dijo en su primera
entrevista “De los 5 a los 15 años mantuve relaciones sexuales
con mi abuelo.”
En aquel entonces yo tenía apenas ocho años de recibida de psicóloga,
atendía, igual que hoy, a adolescentes y adultos.
El relato de Clara me impactó, y nunca dudé de sus palabras. Aunque
en la Facultad nunca me enseñaron de lo que actualmente llamamos ASI.
La frase de “mantuve relaciones sexuales” fue una frase impuesta
ya que ninguna criatura puede mantener esas relaciones. Hoy sabemos que ese
abuelo la abusó de niña hasta llegar a la adolescencia
En el momento de la consulta Clara tenía un hijo varón. Al poco
tiempo, se hizo evidente mi embarazo y allí Clara abandonó la
terapia. Pero volvió al mes, muy asustada ya que se escuchó decirle
a su hijo, mientras lo bañaba: “Bájate la bombachita,”
y esa era la frase usada por el abuelo. Esa que le causó terror ya que
Clara no era una abusadora, no se identificó con el agresor.
Cuando ella, a mis instancias les cuenta a su tía materna, a su madre
y a su hermana lo que el abuelo le hizo, la tía dice: igual que a mí,
la madre dice lo o mismo me hizo a mí. Y la hermana dice que ella no
lo dejó. Es decir que Clara pudo relatar en su análisis, por primera
vez y siendo adulta, que, cuando sus padres la dejaban desde pequeña
con el abuelo, él abusaba de ella. Esto sucedió desde los cinco
hasta los quince años. Cuando, motivada por el proceso analítico,
quiso relatar lo sucedido ante la familia, su madre, su tía y su hermana
contaron que ellas, de niñas, también habían sido víctimas
de este hombre. Y todas habían callado hasta ese momento. Se trataba
de una típica familia patriarcal en la que el abuelo desempeñaba
el rol principal manejando todo con su dinero, incluso al padre de Clara, un
hombre muy sometido a su suegro. Es interesante hacer notar que Clara me fue
derivada por una colega de su hermana, ambas psicoanalistas pertenecientes a
una de las instituciones psicoanalíticas reconocidas por la IPA. Los
trapos sucios no se lavan en casa, esto es que cuando se trata de tener una
hermana abusada o una hermana golpeada por su pareja, no es conveniente derivarla
a un o a una colega de su propia institución.
Pero
esto no es todo. Cuando en un ateneo clínico, hace de esto veinte años,
presenté en una institución a la que pertenecí (Ateneo
Psicoanalítico) la historia de Clara, el prestigioso psicoanalista que
había sido invitado a discutir y supervisar el caso dijo una frase incomprensible
en ese momento para todos los presentes: “Se trata de un cuadro que la
vieja psiquiatría diagnosticaría como pseudología fantástica”.
Por ignorancia nadie discutió el diagnóstico, tampoco yo. Ese
psicoanalista también pertenece a una de esas instituciones pertenecientes
a la IPA en Buenos Aires.
Hoy, luego de 40 años de experiencia clínica pude escuchar muchas
historias más.
Y es precisamente por esa experiencia que no puedo dejar de “creerle a
mi neurótica”, como alguna vez se desdijo Freud al renunciar a
su teoría de la seducción.
Las criaturas abusadas denuncian, de una u otra manera, que los adultos les
asesinan la infancia y que, como ellas no pueden confiar en los encargados de
cuidarlas, el mundo se les derrumba. En los casos más leves desarrollarán
una neurosis o síntomas psicosomáticos; en los más graves
una psicosis o una enfermedad física grave. Cuando, ya adultas, concurran
a consultar con especialistas en salud mental, algunos les hablarán de
fantasías de seducción o de “pseudología fantástica”,
sufriendo así una nueva victimizacion. También la voz de Sandor
Ferenczi fue silenciada y no solamente por no haber cumplido Jones con la promesa
de traducir su trabajo sobre Confusión de lenguas.... Las ideas del creativo
psicoanalista húngaro no se difunden, en general, en las instituciones
psicoanalíticas y su nombre ni siquiera se menciona en las carreras de
psicología de las distintas facultades.
Asimismo, precisamente fue, en parte, por un comentario así que Freud dejó de creerle a su neurótica. Recordemos lo que Krafft-Ebing le dijo el 21 de abril de 1896 al creador del psicoanálisis, mientras éste presentaba en la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Viena su teoría de la seducción. “Ese es un cuento de hadas científico”.
Violencia
de la desmentida
A pesar de la frecuencia con que, evidentemente, se producen estos hechos, llama
la atención la falta de bibliografía psicoanalítica sobre
el tema. También es significativo que la escasa existente no se conozca
o que se explique el abuso diciendo que la víctima sedujo al victimario
[1].
A muchos psicoanalistas contemporáneos parece sucederles algo parecido
a lo que le ocurrió a Sigmund Freud hace casi un siglo: no quieren aceptar
la verdad de lo que escuchan. Como, por otra parte, no hay peor ciego que el
que no quiere ver, muchas veces el analista de niños ni siquiera reconoce
que, detrás de los síntomas que su pequeño paciente presenta,
se esconde el abuso. Y éste persistirá, porque no hay ni oyente
ni interlocutor válido que lo detecte. El niño siempre denuncia
el abuso, aunque no necesariamente con palabras ya que, a veces, por ser demasiado
pequeño, todavía ni siquiera sabe pronunciarlas. Su silencio,
su juego, sus síntomas son su manera de hablar. Sabe que los encargados
de cuidarlo no pueden cumplir con esa función y, además, suelen
asustarlo con amenazas diversas. Otras veces, denuncia hablando pero, o no se
le cree, o se le considera responsable del abuso.
Un psicoanálisis sin dogmas es sumamente rico para cualquier clínica,
es decir para comprender, aliviar y elaborar cualquier dolor psíquico.
Freud, aunque luego renegara de su propia teoría, fue pionero en el problema
del abuso sexual contra la infancia y esto es reconocido por todos los autores,
psicoanalistas o no, que se especializan en el tema. Siguiéndolos a Ferenczi
y al mismo padre del psicoanálisis, algunos psicoanalistas de nuestros
días no sólo estamos atentos al tema del abuso sino que, además,
hemos comenzado a teorizar y a escribir acerca de él. Pero, al mismo
tiempo, existe la complicidad con el abusador, no consciente si surge de la
desmentida y absolutamente tendenciosa y consciente en algunos profesionales
de la salud y de la ley. Estos hacen frente común con los abusadores,
aunque se presenten como “especialistas” en abuso sexual de menores.
Lobos con piel de cordero, oportunistas que cobran altos honorarios de sus defendidos,
mientras que los que trabajan con los niños abusados lo hacen generalmente
por muy bajos honorarios o hasta gratuitamente. Los niños no tienen recursos
para defenderse, tampoco el del dinero.
Viñetas
y testimonios
La siguiente viñeta clínica, nos permitirá ver mejor el
accionar de este tipo de profesionales.
A
pesar del paso del tiempo y de todas las confirmaciones que nos da la clínica,
sigue circulando con mucha fuerza la idea de que las víctimas de abuso
mienten y que los profesionales que detectamos el problema y nos animamos a
hablar de él solamente relatamos cuentos de hadas. Pero aprender a detectar
el abuso es imprescindible. Para ello, es necesario no cerrar nuestra capacidad
de escuchar a los otros ni a nosotros mismos, en tanto posiblemente de alguna
manera pudimos haber sido también víctimas de abuso y/o violencia
durante nuestra infancia. Es decir, es imprescindible trabajar con nuestra propia
desmentida, con nuestra propia tendencia a no querer ver aquello que, por terrible
y siniestro, preferimos decidir que no existe. Para los que trabajamos con la
salud la desmentida es mucho más peligrosa, en tanto denuncia que nuestro
instrumento de trabajo, es decir nuestro propio psiquismo, tiene fallas.
Aunque el psicoanálisis es, de todas las teorías psicológicas,
la que posee mayor riqueza de conceptualización y aunque, según
comprobamos, el tema del abuso surgió tempranamente en la misma teoría
freudiana, los psicoanalistas cargamos todavía con una vieja cuenta pendiente
en relación a nuestros pacientes abusados y a toda la comunidad. Cuenta
pendiente que no terminamos de saldar por no ponernos de acuerdo. La historia
de este desacuerdo comienza cuando Freud abandona su teoría de la seducción,
y se repite una y otra vez en el lapso de estos cien años de vida del
psicoanálisis. Otra evidente prueba de la conflictiva relación
que los psicoanalistas han tenido con el tema del abuso sexual es la controversia
entre Sandor Ferenczi y Sigmund Freud.
Confusión
de lenguas entre el adulto y el niño
En
1932, el talentoso y creativo psicoanalista Sandor Ferenczi abrió el
XII Congreso Internacional de Psicoanálisis con la ponencia Confusión
de lengua entre los adultos y el niño. El lenguaje de la ternura y el
de la pasión. En este texto, bautizado de manera tan significativa, Ferenczi
dice:
“Nunca se insistirá bastante sobre la importancia del traumatismo
y en particular del traumatismo sexual como factor patógeno. Incluso
los niños de familias honorables de tradición puritana son víctimas
de violencias y violaciones mucho más a menudo de lo que se cree. Bien
son los padres que buscan un sustituto a sus insatisfacciones de forma patológica,
o bien son personas de confianza de la familia (tíos, abuelos), o bien
los preceptores o el personal doméstico quienes abusan de la ignorancia
y la inocencia de los niños”.
Más adelante, Ferenczi afirma que esos adultos con predisposiciones patológicas
confunden los juegos y conductas de los niños con los deseos de una persona
sexualmente adulta, confusión que los lleva a abusar sexualmente de las
criaturas. El niño puede intentar protestar, pero a la larga es vencido
por la fuerza y la autoridad aplastante del adulto. Llevado por el temor y la
indefensión, la criatura se doblega a la voluntad del agresor y lo introyecta,
para poder seguir sosteniendo con él un vínculo de ternura. A
este mecanismo de defensa mental lo llamará “identificación
con el agresor”.
Ferenczi murió en mayo de 1933, con la promesa de Ernest Jones de publicarle
el trabajo en la International Journal of Psyco-Analysis. Poco antes de morir
Ferenczi, Freud, repitiendo lo mismo que a él le hiciera Krafft - Ebing-
o, como él mismo hubiera dicho, repitiendo activamente lo vivido pasivamente
- le escribe a Jones una carta donde le dice que una paciente de Ferenczi, la
señora Severn, parecía haberle provocado a su analista una pseudología
phantástica. En junio, Jones le contesta diciéndole que la paranoia
de Ferenczi se había puesto en evidencia “a la vista de su último
artículo para el congreso” y que veía contraproducente publicar,
ahora que él había muerto, su último artículo, ya
que sería un perjuicio y un descrédito para el propio autor. Y
agrega: “Sus postulados científicos y sus declaraciones sobre la
práctica analítica no constituyen más que una sarta de
errores que solamente sirven para desacreditar al psicoanálisis y dar
pábulo a sus enemigos”. El polémico y valioso trabajo en
el que Ferenczi denuncia la frecuencia del abuso sexual en la infancia se conoció
recién en 1949 gracias a Michael Balint. Parecía repetirse lo
sucedido en aquella primavera vienesa de 1896, cuando Freud leía su trabajo
sobre la etiología de la histeria ante la escucha desvalorizadora de
sus colegas médicos. Es que, como dice Alice Miller, los dogmas no pueden
rebatirse en tanto se alimentan del miedo de sus partidarios a ser excluidos
del grupo que los sostiene. Quien, desafiando esos dogmas, se pone en actitud
crítica, corre el riesgo del ostracismo.
MAS TESTIMONIOS
Miguel
Ángel Furci, torturador de presos políticos -algunos de ellos
además, desaparecidos- fue integrante de la SIDE y se apropió
de la niña uruguaya Mariana Zaffaroni. Hay un conmovedor documental realizado
en Uruguay llamado “Por esos ojos” y que alude a la mirada y los
ojos muy especiales de Mariana. En este documental se relata la historia de
la abuela de Mariana Zaffaroni y la búsqueda que ella, como tantas otras
abuelas, hicieron de sus nietos hijos de desaparecidos. Pero Mariana, no quiso
quedarse con su abuela. Esta historia no es habitual, ya que sabemos de muchos
nietos hoy recuperados que aceptan a su familia de origen. Sobre todo, si fueron
apropiados por “personas” como Furci.
Pero, ¿qué habrá sucedido con Mariana? No lo sé,
aunque podríamos hacer nuestras hipótesis
Lo que sí sé es que Furci abusó sexualmente de una analizanda
mía cuando ella era pequeña. Él es un familiar cercano.
La niña, que ahora ya es adulta, no se lo pudo contar a la madre porque
temía que ella no le creyera.
Fursi, ese cobarde torturador, asesino y abusador de niñas ¿le
habrá sobado el alma a Mariana?
Pero
con mi paciente, a la que llamaré Gabriela, no pudo lograrlo.
En un email de hace unos días ella escribió:
“Querida Isabel, gracias por tus correos y tu preocupación por
el tema. Evidentemente, hay dentro de mí una niña asustada que
me demoró en la respuesta, hubiera querido escribir antes pero había
algo que no me lo permitía. Por suerte cuento con vos para salir del
escondite.
Un beso, Gabriela”
En otra sesión reciente, cuando me relataba que su madre le había
leído el diario íntimo que escribía de adolescente, mientras
lo rompía en mil pedazos, le dijo a su madre: “Ahora todo quedará
acá- mientras se señalaba la cabeza – porque en ella no
vas a poder entrar”.
Ni Furci ni su madre pudrieron robarle el alma.
Pero
si antes a los niños y a las niñas abusadas no se les creía
cuando decían que el padre, el tío, el hermano mayor o la nueva
pareja de la madre las había “tocado” hoy es habitual que
las madres les crean.
Pero cuando el abusador es el propio padre de esas criaturas, la madre que ya
separada del “padre” de esos niños, denuncia el abuso, se
encuentra con muchos obstáculos. Y no solo por parte del abusador, sino
de la propia Justicia.
Sus hijos pasan por varios peritajes y aunque el abuso sea comprobado, aparecen
seres siniestros asesorando a los padrea abusadores. Ellos piden la “ayuda”
de “instituciones” como ANUPA, APADESHI, RETOÑO Y GAPADESHI
de Rosario. O de “PADRES SIN CENSURA. (Así, con todas letras, dejando
claro que no conocen lo que es la censura o la transgreden.
Julio Truco, es el fundador de ANUPA y uno de sus asesores es el psicólogo
Norberto Inda.
APADESHI tiene como presidente a José María Bouza. Sus asesores
son Susana Pedroza de Álvarez y Carlos María Usandivaras.
RETOÑO fue creada por el ex juez Eduardo Cárdenas. Autor de “El
abuso de la denuncia de abuso”.
(Se la encuentra en Internet) y los asesores de RETOÑO son la psicóloga
Marta Albarracín y la mediadora Susana Rossin.
Esas madres que acusan tienen que vérselas con estos siniestros y peligrosos
personajes que utilizan en su contra ese engendro creado por el médico
estadounidense Richard Gardner:El “SAP”. Un falso síndrome
producto de una mente perversa. Y de todos y todas quienes lo usan.
En consecuencia, repito, esas madres de los niños abusados tienen que
luchar contra “especialistas” en SAP y contra los que, como peritos,
asesoran a los abusadores.
Pero también hay Jueces y Juezas cómplices que “cajonean”
los expedientes. De tal manera que traban las denuncias de las madres y la posibilidad
de los niños abusados de ser tratados psicológicamente de ser
atendidos de sus graves traumas en instituciones públicas como el Hospital
de Niños Pedro Elizalde en el y cuya área de violencia está
bajo la responsabilidad el doctor Néstor Garrote.
Cabría preguntarse, además, ¿por qué la mayoría
de las personas violadas son mujeres, y por que la mayoría de los abusadores
son varones?
Actualmente el abuso sexual contra niños y niñas aparece en los
medios de comunicación y las madres que tienen hijos abusados por sus
maridos los denuncian, se divorcian. Antes todo era más tapado, de tal
forma que los que hoy podemos llamar sobrevivientes de abuso habla de esos abusos
cuando acuden a una terapia. A veces vienen por otras razones, y es habitual
que ni recuerden los abusos sufridos
Rita Laura Segato es una antropóloga argentina residente en Brasil. En
su libro “Las estructuras elementales de la violencia” ella relata
su trabajo de campo hecho en varias cárceles de Brasil con entrevistas
a violadores.
Aunque la lectura de ese libro es insoslayable, la conclusión que-por
lo menos yo saco de la lectura de ese libro- que en el fondo de toda violencia,
se encuentra el Patriarcado.
Otro testimonio muy especial
El
atreverse y la esperanza
.........................................................(Violette
Nozíeres)
....................................Por Paul Eluard
Cuando el pelícano*
Las
paredes de la casa se parecen
Una voz infantil responde
Sí como un grado de trigo y las botas de siete leguas
En una de las paredes están los retratos de familia
Un mono hasta el infinito
En la otra está la puerta ese cuadro cambiante
Por donde yo entro
La primera
Después
se charla bajo la lámpara
De un extraño mal
Que produce locos y genios
La niña tiene luces
Polvos misteriosos que ella trae de lejos
Y que se saborean con los ojos cerrados
Pobre angelito diría la madre
Con ese tono de las madres menos bellas que sus hijas
Y celosas.
Violeta
soñaba con baños de leche
Con hermosos vestidos de pan fresco
Con hermosos vestidos de sangre pura
Un día ya no habrá padres
En los jardines de la juventud
Habrá desconocidos
Todos los desconocidos
Los hombres para quienes una siempre resulta nueva
Y la primera
Los hombres por quienes una escapa de sí misma
Los hombres para quienes no se es la hija de nadie
Violeta
ha soñado deshacer
Ha deshecho
El horrible nudo de serpientes de los lazos de sangre.
Violette
Noziéres: Estudiante del liceo Fenelón, que envenenó
a su padre con veronal, y luego dejó abierto el robinete de gas para
simular una intoxicación accidental. Al descubrirse su crimen lo justificó
sosteniendo que su padre había querido violarla. (En realidad, la violó).
Los surrealistas hicieron de ella una heroína anticonvencional, y publicaron
un famoso volumen de homenaje que contenía poemas de casi todos los surrealistas.
(Violette Noziéres: Editions Nicolas Flamel, Bruselas, 1934.) Violette
fue condenada a muerte, pero el presidente Lebrun, en 1934, conmutó esa
pena por la de prisión. En 1945, Charles De Gaulle la puso en libertad.
A poco de salir de la cárcel se casó, llevando hasta la fecha
una vida burguesa absolutamente normal, Tiene cuatro hijos.
*Cuando
el pelícano alude al conocido poema de Alfred de Musset "La muerte
del pelícano" cuyo primer verso dice: "Cuando el pelícano
cansado por un largo viaje".
Poema extractado de la Antología de la poesía surrealista, traducción
y prólogo de Aldo Pellegrini, Editorial Fabril, edición 1961.
[1] Como tantos de nosotros en algún momento de nuestra vida profesional, hasta nuestra muy respetada Marie Langer también desmintió aquello que su escucha registraba. En 1943 escribía estas palabras que hoy provocan escalofríos: “Eva tenía recuerdos muy nítidos de su primera infancia. Era una niña de sexualidad muy precoz. Se acordaba que a la edad de cuatro o cinco años le gustaba subirse a las rodillas de algún parroquiano de la cantina de su madre, para provocarle, con movimientos hábiles e inocencia fingida, una erección”.