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Francisco
de Quevedo y Villegas
(1580-1645)
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Amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día, y podrá desatar esta alma mía hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte, en la ribera, dejará la memoria en donde ardía: nadar sabe mi llama la agua fría, y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido, venas que humor a tanto fuego han dado, medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán cenizas, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Soneto amoroso
Osar, temer, amar y aborrecerse,
alegre con la gloria atormentarse;
de olvidar los trabajos olvidarse;
entre llamar arder, sin encenderse;
con soledad entre la gente verse, y de la soledad acompañarse; morir continuamente, no acabarse; perderse, por hallar con qué perderse;
ser Fúcar de esperanzas sin ventura, gastar todo el caudal en sufrimientos, con cera conquistar la piedra dura,
son efectos de Amor en mis lamentos; nadie le llame dios, que es gran locura; que más son de verdugo sus tormentos.
Soneto amoroso definiendo el Amor
Es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente, es un soñado bien, un mal presente, es un breve descanso muy cansado;
es un descuido que nos da cuidado, un cobarde, con nombre de valiente, un andar solitario entre la gente, un amar solamente ser amado;
es una libertad encarcelada, que dura hasta el postrero parasismo; enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo. ¡Mirad cuál amistad tendrá con nada el que en todo es contrario de sí mismo!
Venganza en figura de consejo a la hermosura pasada
Soneto
Ya, Laura, quedescansa tu ventana en sueño que otra edad tuvo despierta, y, atentos los umbrales de tu puerta, ya no escuchan de amante queja insana;
pues cerca de la noche, a la mañana de tu niñez sucede tarde yerta, mustia la primavera, la luz muerta, depoblada la voz, la frente cana:
cuelga el espejo a Venus, donde miras y lloras la que fuiste en la que hoy eres; pues, suspirada entonces, hoy suspiras.
Y ansí, lo que no quieren ni tú quieres ver, no verán los ojos ni tus iras, cuando vives vejez y niñez mueres.