Primer
Encuentro de Literatura Uruguaya de Mujeres-Montevideo
27 al 30 de noviembre de 2003
Teresa
Porzecanski y los senderos de la memoria escrita
Letras
de mujer, historias para abuelas.
Por Doris Hajer [*]
Siempre leí a Teresa Porzecanski
como lectora común y entusiasta.
La elaboración de este trabajo hizo que abordara de otro modo sus novelas
y cuentos, releí esta vez en sucesión cronológica varias
de sus producciones, descubrí entonces que la plenitud que siempre se
desprende de sus creaciones deviene no sólo de su contenido e historias
y memorias-fantasía aunadas, sino de su exigencia en el decir.
Porzecanski realiza algo peculiar que toca a cada uno, concibiendo la escritura
como aquello que en cada lector se encarna y que es difícil de asir,
cuya transmisión intentaré apenas esbozar con algún subrayado,
a modo de una escucha psicoanalítica no intromisiva.
Sus novelas y cuentos, algún poema de su “Intacto el corazón”, llegan a varios
niveles, apenas se comienza a leer la tersura y exquisitez de su lenguaje y
la intersección de dos elementos fundamentales: la memoria y lo fantástico entretejidos
atrapan y producen esa particularidad de sus relatos.
Frecuentemente quedamos cautivados por una historia muy montevideana
en la que reconocemos en principio lugares, situaciones de algún tiempo de esta
ciudad y de momentos que nos resultan conocidos como por ej. en “Felicidades
Fugaces”[1]
hasta que el relato subjetivizado en personajes, comienza a tomar ribetes de
ficción que provocan otra mirada.
La memoria utilizada simultáneamente como memoria subjetiva y memoria histórica,
en tanto el plano de lo fantástico se desarrolla como parte indisoluble de esa
realidad, imposible de desligar de lo real.
En esta lectura psicoanalítica tocaré algunos aspectos de su escritura, desde
una intertextualización entre una
lectura común y la escucha apenas acentuada de elementos de estas andanzas de
una mujer por los senderos de la memoria.
Decimos mujer y con ello efectuamos algo que no corresponde a nuestros días
de incertidumbre, una afirmación: esta escritura es femenina, de mujer
sin banderas y escuchando su ponencia de ayer queda absolutamente confirmado
Abrimos con ello una discusión que seguramente estará presente en muchos momentos
de este encuentro.
¿Existe un modo de escritura específico de mujer?
Propongo que sí, aunque no todas las mujeres escriban de ese modo y no
todos los hombres mantengan lo que se podría denominar literatura masculina.
¿Por qué afirmar tan categóricamente esto?
Porque Teresa dice a lo largo de toda su obra de la intimidad, de la memoria
personal, de la imaginación (que en psicoanálisis asociaríamos con supletoriedad,
apres-coup, nachtraeglichkeit) que cambia siempre los recuerdos, de la fantasía
que necesariamente los acompaña, de sentimientos, de sensaciones, de perfumes,
almas, seres entre reales e imaginarios que pueblan los relatos de las mujeres.
Cito algunas frases a continuación de una de sus
“Historias para mi abuela”:
“La Segunda Primera Mujer se llamó Realidad y no
pudo comer del fruto que le ofreció la serpiente: no tenía dientes ni mandíbulas
y no podía erguirse; era una masa pequeña y deforme como la de un protozoario.”
Y otra … “La Segunda Vez no existió el Arbol de la Sabiduría, pero el hombre
devoró el de la Vida; entonces, se arrastró eternamente sobre su vientre”
Desde el título, Teresa subvierte lo cotidiano y
nos dice que ella que escuchó seguramente muchas historias de su abuela - como
tantos de nosotros hace mucho tiempo venimos escuchando - resuelve contarle
a su abuela cuentos que la representan y que revierten desde el título el uso
de la historia hasta hace tan poco contada por mujeres y escrita por hombres.
Estos textos de 1970, me parecen absolutamente vigentes,
vimos hace unos pocos años una obra de Teatro basada en algunos de ellos llamada
“El Segundo Pecado Capital”, dirigida por María Dodera, que los sustentaba nuevamente.En
otra línea puedo basarme en otros textos de total actualidad, en los
que la escritora, creciendo en su tersura al decir, presenta contenidos propias
a la feminidad de manera más subjetivante como en "Perfumes de Cartago".
[2]:
“…Esterina regresaba de
un marido que la había encerrado hasta cinco días y cinco noches sin comer en
un ropero enmohecido de estilo español, mientras en la misma habitación holgaba
con la dueña de la pensión. De un marido que cargaba canastos con lienzos alforzados y
corsés para vender en las puertas y por las noches la prendía de los pelos y
la echaba a tierra para fornicar con rabia.
Después la obligaba a coser en la máquina a pedal hasta las seis de la
mañana para producir visos y enaguas …Un hombre que la ataba con cordones a
las bisagras de la cama antes de salir: no se le ocurriera poner los ojos en
algún otro. … Por lo tanto Esterina
pensaba que (…) su trabajo era una suerte de protección contra el infierno que
había sido su matrimonio, si así podía llamársele a un mundo sin salida(…) tanto
ella como las otras estaban a disposición de una clientela predominantemente mayor de cuarenta años(…) los hombres le
inspiraban una piadosa indiferencia. Eran
seres parciales, incompletos, a los que les faltaba algo central en su misma
constitución (...). Algo como una experiencia definitiva que les impedía comprender
el fondo de las cosas.”
La extensa cita, muestra como Teresa es Esterina
lejos de serlo en la realidad, más, ubicándose en un modo de pensar propio a
este personaje, capta desde su recuerdo de seres como Esterina, que no es Teresa,
pero que por momentos debe serlo para poderla pensar o poder pensarse desde
ella. ¿Es entonces femenina sólo
por ponerse en el lugar de Esterina, cosa necesaria al presentar cualquier personaje
desde un autor o autora? o ¿es femenina porque elige este personaje peculiar,
para decirnos acerca de la mujer? Esto
último lejos de ser mi descubrimiento lo cuenta la misma Teresa Porzecanski
en una entrevista:
“Entrevistadora:
¿Por qué el ambiente montevideano en tus obras es tan sórdido, centrado en conventillos,
pensiones, sótanos, en subsuelos poblados de personajes que enfrentan la violencia
y la muerte? ¿Hay un intento de reivindicación de estos espacios y personajes?
TP: Hay un intento de darle voz a lo que está en un
segundo plano, o sea a personajes que no son protagonistas, que no tienen en
sí mismos nada atractivo pero que sobreviven en una ciudad y la recorren en
una manera que pasa desapercibida. Además estos personajes tienen sus historias
insignificantes en el sentido tradicional pero que a mí como escritora me resultan
interesantes y me importa hacer visibles.”[3]
En la misma entrevista Teresa dice: “Es necesario
respetar partes siempre invisibles que permanecen dentro de un gran interrogante.
No trato de escribir una novela psicológica que desentrañe todos los engranajes
y motivos por los que las personas actúan, sino que presento lo que yo pueda
percibir permitiendo (que) una parte
oculta (se visibilice)…” [4]
Porzecanski nos ubica pues, en la historia de personajes
que no son protagonistas de vidas insignes, mujeres que permiten percibir lo
oculto… lo no-dicho, aquello que tan bien describe en el cuento “Ellas las mutantes”
Amas de casa [5],
en ese caso mujeres de otra clase social."Hay quienes sospechan que son
figuras irreales que transitan por las ferias y los mercados en busca de alimentos y utensilios
caseros para luego meterse en un cuerpo ajeno y misterioso que contesta la correspondencia
de la oficina y atiende el teléfono..."
Esta escritura es femenina por todo aquello que dice
y es femenina por lo no dicho habitualmente, por develar lo oculto y por trabajar
esa memoria-ficción, parte de la historia no escrita de las mujeres.
Esa historia que al no ser constitutiva de la narración de los historiadores,
es a la vez ficción, porque así es la memoria y por inexistente en los anales
de la historia de la humanidad.
Teresa investiga, busca, va a los lugares de los
que quiere hablar y encuentra los indicios para armarnos la verdadera memoria
de las mujeres o en realidad de cada mujer: ama de casa, autómata, prostituta,
niña, abuela, hija, madre, mujer golpeada y tantas otras pequeñas figuras de
la cotidianeidad invisible. Y digo
verdadera memoria porque “verdad” es la intersección entre lo vivido y lo soñado
por cada mujer, tal vez por cada ser humano.
Todo lo otro es recorte, falsedad, intento de objetivación.
Y a riesgo de suscitar la idea de una colcha de recortes
de textos de la autora sigo citando para ahora profundizar en el tema de la
memoria de las mujeres en la obra de Teresa:
“Una transita por su infancia como por un país, y
todo lo demás es tierra extraña y se es siempre un forastero, y no hay descanso,
pensó Doña Faride Azulay, en momentos en que comenzó la procesión que la conduciría
hasta la pira (...) había que humillar a los herejes y distinguirlos claramente
de los fieles y sumisos (…) y recordó el rostro de su hijo apenas nacido; traía
consigo esa mirada honda y trágica de quienes nacen casi adultos y ya
recuerdan, como si los hubiesen vivido, los dolores de sus antepasados, para
hacerse cargo de ellos e intentar repararlos…” [6]
Aquí claramente y con la sutileza que la caracteriza,
Porzecanski nos habla de brujas quemadas en la hoguera, nos dice de su genealogía,
nos devuelve sus marcas y nos conduce a su reivindicación también, para que
sea el lector quien tome sus decisiones.
Leyendo de este modo varias novelas en sucesión,
encontramos otra característica. Las protagonistas se continúan en algunos casos,
como si la memoria fuera de ellas y por esa razón hubiera que seguirla, en tanto
por otra parte la memoria -e insisto- nunca puede ser sin imaginación, como
en el inconsciente donde nada queda guardado sin resignificarse permanentemente.
Por eso Faride en “La piel del alma” [7]
elige en un instante de la vida aquello que en su genealogía quedará grabado
en la mirada de su hijo, porque ”es que
en cada vida se da un instante… en que se elige…para siempre y sabe que
no podrá volver atrás y uno aprende que debe hacerse cargo de su elección”[8].
Esa elección Teresa nos la deja a nosotras sus lectoras.
Y Faride viene de otros lugares de la escritura de
Teresa, como si se impusiese para seguirse contando a sí misma a través de ella.
Los personajes de esta autora muchas veces continúan relatando o mostrando sus vidas de una
novela a otra, de un cuento a una novela, de una novela a un cuento.
Tampoco esto es ajeno a muchos escritores hombres y mujeres, lo que aquí
resalta es el contenido de las historias necesitadas de una continuidad en contarnos
o contarle a las abuelas, desde la metáfora o desde la lucha por permanecer,
la reivindicación no explícita, de un lugar otro en el mundo.
Me pregunto si esta escritura no es precisamente
femenina porque Teresa sigue contando siempre historias a su abuela, como ya
dije antes, como hace tanto tiempo vienen haciendo las abuelas o las mujeres
en general, para mantener vivas las historias de mujeres, que recién empezamos
a escribir y a leer y Teresa le cuenta a su abuela o a nosotras que esas historias
podrían ser diferentes; que no necesariamente hay que elegir como Liropeya en
la misma novela: “justamente aquel que la hará extrañarse de sí misma, entreverarse,
llevándola a confusión (…) De travesías, se sabe, una no regresará”, [9]
sino como Faride y repito: “...se elige…para siempre y sabe que no podrá
volver atrás y uno aprende que debe hacerse cargo de su elección”.
¿Será por todo esto, que esta escritura es tan claramente
femenina para mí?
¿Será femenina entonces por esta manera de imaginación-memoria?
¿Será que desde que las abuelas nos cuentan las historias
que la historia no cuenta que son de las abuelas, la escritura, la novelística
intimista, subjetiva, entrelazada con sentimientos y perfumes, comidas y sueños, no importa tal vez quien la escriba,
es un recuerdo de cuentos de una abuela?
Porque Nazira en “Perfumes de Cartago” un día comprende:
“La Tierra viene a ser redonda (...) así pues, no
nos caeremos en ningún abismo ni deberás temer por las niñas ´ (...) Nazira
meditó unos instantes sobre (esas)
palabras (...) Ellas le confirmaban
finalmente rumores que había escuchado de gente que sabía leer periódicos y
hasta libros. Después, sintió una
disponibilidad torrencial que se
le instalaba en el corazón: la vida se le había estirado y ella se deslizaba
por encima, sobre una esfera arrojada al vacío, en la que todos los senderos
conducían solamente al origen. Desde
entonces, nunca más tendría miedo (...)”[10]
[*]
Lic. en Psicología y psicoanalista. Email:
dorishajer@hotmail.com
[1] Porzecanski, Teresa – “Felicidades fugaces” - Editorial Planeta – Montevideo 2002.
[2] Porzecanski, Teresa – “Perfumes de Cartago” – Ed. Planeta Montevideo 2003
[3] Entrevistas. La narrativa de Teresa Porzecanski -nº19 Espéculo (UCM)
[4] ibídem
[5] Porzecanski, Teresa – “MUTANTES - AMAS DE CASA" "Ellas, las mutantes"
[6] Porzecanski, Teresa – “La piel del alma” Ed. Seix Barral, Montevideo 1996
[7] Ibídem.
[8] Ibídem
[9] Ibídem.
[10] Porzecanski, Teresa, “Perfumes de Cartago” Primera Edición. Trilce, Montevideo 1994.