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Konstantino
Kavafis
(1863-1933)
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Vuelve
Vuelve otra vez y tómame, amada sensación retorna y tómame - cuando la memoria del cuerpo se despierta, y un antiguo deseo atraviesa la sangre; cuando los labios y la piel recuerdan, cuando las manos sienten que aún te tocan.
Vuelve otra vez y tómame en la noche, cuando los labios y la piel recuerdan....
Al atardecer
De cualquier forma aquellas cosas no hubieran durado mucho.
La experiencia
de los años así lo enseña. Mas qué bruscamente
todo cambió.
Corta fue la hermosa vida.
Pero qué poderosos perfumes,
en qué lechos espléndidos caímos,
a qué placeres dimos nuestros cuerpos.
Un eco de aquellos días de placer, un eco de aquellos días volvió a mí, las cenizas del fuego de nuestra juventud; en mis manos cogí de nuevo la carta, y leí y volví a leer hasta que se desvaneció la luz.
Y melancólicamente salí al balcón - salí para distraer mis pensamientos mirando un poco la ciudad que amo, un poco del bullicio de sus calles y sus tiendas.
Aunque sea con engaños ...
Aunque sea con engaños, que me ilusione ahora: pero que no sienta el vacío de mi vida.
Ha estado tan cerca tantas veces. Mas cómo me paralizaba, cómo me intimidé; cerrada permaneció mi boca; llorando dentro de mí el alma vacía, hundidos en el duelo mis deseos.
Tantas veces estuve tan cerca de sus ojos, y de sus labios amorosos, del soñado, del amado cuerpo. Tantas veces estuve tan cerca.
Si de mi amor no puedo hablar...
Si de mi amor no puedo hablar -hablar de tus cabellos, de tus labios, de tus ojos -, sin embargo tu rostro que llevo dentro de mi alma, el sonido de tu voz en mi cabeza, los días de febrero en que desperté de mi sueño, hechos uno con mis palabras, están y dan color a cada tema que afronto o a cada idea que expreso.
Así
En esta fotografía obscena vendida (a escondida de miradas) en la calle, en esta fotografía pornográfica cómo puede haber una cara tan maravillosa como la tuya.
Quien sabe la vida fatal, sórdida, que harás; en qué cruel ambiente te habrás hecho esa fotografía; qué espíritu tan vulgar el tuyo. Mas pese a todo permanece, aún vive en mí aquella cara maravillosa, esa figura hecha y ofrecida para el placer griego -así permaneces para mí y así te canto.
El olvido
Encerradas en un invernadero, bajo el cristal, las flores olvidan que la luz del sol existe y cómo temblaban bajo el rocío.
Itaca
Cuando
emprendas el viaje hacia Itaca
ruega
que sea largo el camino,
lleno
de aventuras, lleno de experiencias.
A
los Lestrigones, a los Cíclopes
o
al fiero Poseidón, nunca temas.
No
encontrarás trabas en el camino
si
se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita
la
emoción que toca el espíritu y el cuerpo.
Ni
a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni
al feroz Poseidón has de encontrar,
si
no los llevas dentro del corazón,
si
no los pone ante ti tu corazón.
Ruega
que sea largo el camino.
Que
muchas sean las mañanas de verano
en
que - ¡con qué placer! ¡con qué alegría! -
entres
en puertos nunca antes vistos.
Detente
en los mercados fenicios
para
comprar finas mercancías
madreperla
y coral, ámbar y ébano,
y
voluptuosos perfumes de todo tipo,
tantos
perfumes voluptuosos como puedas.
Ve
a muchas ciudades egipcias
para
que aprendas y aprendas de los sabios.
Siempre
en la mente has de tener a Itaca.
Llegar
allá es tu destino.
Pero
no apresures el viaje.
Es
mejor que dure muchos años
y
que ya viejo llegues a la isla,
rico
de todo lo que hayas guardado en el camino
sin
esperar que Itaca te de riquezas.
Itaca
te ha dado el bello viaje.
Sin
ella no habrías aprendido el camino.
No
tiene otra cosa que darte ya.
Y
si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado
sabio
como te has vuelto con tantas experiencias,
habrás
comprendido lo que significan las Itacas.
Era pobre y sórdida la alcoba....
Era
pobre y sórdida la alcoba,
escondida
encima de la equívoca taberna.
Desde
la ventana se veía el callejón
sucio
y estrecho. De abajo
subían
las voces de unos obreros
que
jugando a las cartas mataban el tiempo.
Y
allí, en una cama mísera y vulgar
poseí
el cuerpo del amor, poseí los labios
sensuales
e sonrosados por el vino -
sonrosados
de tanto vino que incluso ahora,
cuando
escribo, después de tantos años,
en
mi casa solitaria, vuelvo a embriagarme.