Publicado
en Imago Agenda Nro. 76 - Diciembre de 2003 - Revista
editada por Letra Viva
Su reinado es el "hogar" - infierno
“Yo
amo”, le decía el marido a su esposa. “Yo
amo”, insistía una y otra vez agregando, siempre en tono de reproche:
“Amo aunque no me ames, amo por los dos”. Ella creía que, mientras él era el
dueño del amor, ella era la culpable de no amarlo. Ambos sabían que, por el
temor que él le infligía, para
ella era imposible la separación.
Este
“Yo amo”, puede ser escuchado por nosotros como “Yo Amo,
vos esclava a las servidumbres del Amor.”
“Siempre te voy a estar mirando, siempre voy a estar al final de tu camino”.
Testimonia otra mujer, citando las palabras de su amante. Esta paciente también me consulta por violencia en la pareja. Podemos escuchar en esa aparente declaración amorosa al Big Brother de 1984, tan maravillosamente intertextuado por Piera Aulaginier en su libro la “Violencia de la interpretación”.
Mi
primer encuentro con el concepto de tirano doméstico
fue en el texto “Extraviada” de
Raquel Capurro y Diego Nin. Ellos, a su vez, me remitieron a un texto
que ya conocía de Lacan: “La Familia”. Grande fue mi asombro cuando al leer
“Extraviada” [1]
encontré las similitudes entre el parricidio de Iris Cabezudo en el Montevideo
de 1935 y aquel otro asesinato del padre cometido por las hermanas Silvina y
Gabriela Vázquez, en Buenos Aires en el año 2000. Ellas, por así decirlo me
llevaron a escribir “El Diablo se llama incesto”[2]
sin conocer aún el texto de Capurro
y Nin. Pero más grande aún fue
mi sorpresa cuando las psicoanalistas Doris Hajer e Iris Peña, teniendo conocimiento
de mi texto para Imago , me hicieron saber que en “Psicoanálisis y telepatía”[3]
el padre del Psicoanálisis dice: “Un
amigo, sin mi previo conocimiento, hizo una vez el ensayo de hacerlo fantasear
–Freud se refiere a “un personaje muy conocido en Viena, el grafólogo Rafael
Schermann” -sobre una muestra de escritura de mi mano. Sólo sacó que el escrito
procedía de un señor de edad –fácil de colegir- con quien era difícil la convivencia, porque es un insoportable
tirano en su casa (Haustyrann). Ahora bien, difícilmente lo corroborarían quienes
comparten mi hogar. Pero es sabido que en el campo de lo oculto rige el cómodo
principio: casos negativos nada prueban.”
Por
otra parte, Freud nos relata que a Rafael Schermann “se le atribuyen las hazañas
más admirables. No sólo sería capaz de reconstruir el carácter de una persona
a partir de su letra, sino también dar de ella una descripción física y agregar
predicciones que más tarde serían confirmadas por la realidad.” Aunque,
agrega Freud: “es cierto que la
fama de muchas de estas llamativas proezas tiene por único fundamento su propia
narración de las mismas.”
Está
claro, nosotros tenemos una ventaja que Freud no tenía: tener ahora en nuestras
manos su magnífico trabajo sobre
“La negación”, publicado en 1925 y una abundancia de testimonios que confirman
la aseveración de Schermann: Freud fue un tirano en su hogar, en donde “domesticaba”
a quienes vivían con él. O, por
lo menos lo intentaba sin llegar, por supuesto, al terrible e inhumano grado
de violencia de Lumen Cabezudo
y de Juan Carlos Vázquez.
Visitando
el Diccionario del Uso del Español de María Moliner encontramos que tirano deriva
del latín «tyrannus», que
a su vez deriva del griego: «týrannos»
. Se aplica al gobernante que impone
su voluntad a sus súbditos sin sujeción a la razón ni a la justicia y, a veces,
con crueldad. Por extensión, se aplica, a veces hiperbólicamente, a cualquiera
que somete a su voluntad, poder o capricho a otros: ‘Ese padre es un tirano’.
Se aplica también a vicios, pasiones, etc., que arrastran irresistiblemente
a alguien.
| El diablo estaba en papá. Mamita, mamita, | ||
|
papito ahora va a volver bueno. |
||
|
Silvina
Vásquez
|
||
| Violeta ha soñado deshacer | ||
| Ha
deshecho |
||
| El horrible nudo de serpientes de los lazos de sangre. | ||
|
Paul
Eluard.[1]
|
||
Ya lo sabes, pronto vuelvo; esta noche te mato a ti y a tus hijos; mañana habla la prensa, le dice Lumen Cabezudo a Raimunda, su mujer. Era el 12 de diciembre de 1935.
Iris Cabezudo corre detrás del padre y lo mata a tiros . Luego declara ante la prensa y la Justicia: “Yo lo maté, era mi padre”. Mientras su hermano Ariel agregaba: “Si no lo hubiera matado ella, lo hubiera matado yo.”
Es tiempo ya de sumar otra denuncia: cuando el tirano doméstico es eliminado –hecho que los lacanianos antes mencionados denominan “pasaje al acto”- tal acontecimiento intenta poner fin a una serie de violencias cometidas por ese padre y avaladas por una sociedad patriarcal, misógina y falocéntrica. El parricidio cometido por Iris Cabezudo y las hermanas Vázquez es, entonces, también una forma de tiranicidio. Una manera de hacer justicia cuando la familia y la sociedad se vuelven ciegas y sordas ante el sufrir de esas víctimas que luego se transforman en victimarias. Asimismo, el parricidio se hace público cuando la prensa se encarga de ello y cuando, de otro modo, los psicoanalistas y los psiquiatras nos apropiamos del “caso”.
Iris
no solamente se declaró culpable sino que además, en el lugar de detención,
escribió: "…Desde que era niña, en mi casa vivimos bajo la sensación
de un profundo temor que nos inspiraba nuestro padre. Últimamente, ese sentimiento
se había transformado en terror. Yo no conocí la cordialidad ni la dulzura,
ni el abrigo moral que proporciona el hogar. Y esto lo digo en lo que se relaciona
y en lo que es consecuencia de la conducta de mi padre(...) ."
"Nosotros los hijos, nunca representamos nada ni en el afecto
ni en la vida de mi padre… a los más chicos los castigaba, pareciendo como que
gozaba de hacerlos sufrir." Y agregaba
en su declaración: "…llegué
a la convicción más absoluta de que mi padre iba a terminar con mi madre, ya
sea matándola o haciéndola morir con los disgustos que le daba…"
Raimunda,
madre de Iris, era objeto de malos tratos, humillaciones, y celos enfermizos
por parte de Lumen. Luego del parricidio, ella escribe
un texto en el que relata sus veintidós años de matrimonio y martirio,
escrito que confirma la declaración de Iris.
Ariel,
de 18 años, coincide con el relato de su madre y con lo dicho por su hermana:
por eso afirma “Si no lo hubiera matado ella, lo hubiera hecho yo…”
Ariel destacaba en su declaración un hecho que Iris había evitado decir: la inclinación sexual del padre hacia ella. Al igual que Juan Carlos Vázquez, el tirano se suma al abusador y el crimen que éste comete se vuelve aún más feroz. Delito de lesa humanidad que, curiosamente, no es calificado de “pasaje al acto” por parte de los lacanianos.
Asimismo, Capurro y Nin no consideran el abuso sexual incestuoso como central en el parricidio cometido por Iris, hecho en el que sí insiste la dramaturga Mariana Percovich en su magnífico texto. [5]
Incesto, parricidio y "folie á deux".
Nos
referimos a vínculos de padres y maridos que enloquecen a sus hijos
y esposas de tal manera que los llevan a sentirse forzados, como única salida,
a matarlos. Son esos tiranos domésticos los que ejecutan el primer crimen: el
asesinato del alma. Logran ese crimen
a través de un vínculo que
la psiquiatría diagnostica a veces como
"folie á deux". Viejo término
psiquiátrico, [6]
no habitualmente usado en psicoanálisis y retomado, curiosamente,
por el muy moderno y medicamentoso DSM IV. Pareciera que la vigencia
nosológica de la "folié á deux" tiene relación con la frecuencia con
la que se presenta en la clínica. Pero hay un hecho notable: en general los
psicoanalistas no tenemos acceso a pacientes que sufren de esa dolencia. ¿O
diagnosticaremos de manera equívoca, creyendo que estamos frente a una vulgar
esquizofrenia?
El
DSM IV me lo confirma:
Existe
muy poca información sistemática disponible sobre la prevalencia del delirio
psicótico compartido. Aunque es raro en el marco clínico, se ha señalado que
algunos casos pasarían desapercibidos. Hay datos que sugieren que este trastorno
es algo más frecuente en las mujeres.
El 2 de diciembre de este año en el diario español El
País, Carlos Álvarez-Dardet, catedrático de Salud Pública y director de Journal
of Epidemiology and Community Health testimonia: “cuando Hannah Arendt llegó
a su exilio norteamericano, un grupo de periodistas la entrevistó. Uno de ellos,
ávido de un titular fácil y sin duda pensando en Adolf Hitler, le preguntó:
¿Quién es para usted el mayor asesino del siglo XX? Ella sin pestañear contestó:
"El pater familias".
Arendt lo sabía, el tirano doméstico utiliza instrumentos
de tortura similares a los nazis.
Por
eso - como diría Marcuse -
el parricida es, en última instancia, un libertario. [7]
[1].-
Raquel Capurro y Diego Nin: Extraviada.
Del parricidio al delirio. Editorial Edelp. Buenos Aires. 1995.
[2].- El Diablo
se llama incesto.
Revista Nro. 3 del Ateneo Psicoanalítico. Año 2001.
[3].-
Freud
Sigmund: Psicoanálisis y
telepatía fue escrito en 1921 pero editado recién en 1941. Tal vez la
tardanza es editarlo se deba a que puede considerarse como un texto inconveniente
para la “empresa” de ciertos psicoanalistas.
[4]
En
su Antología de la poesía surrealista, Aldo Pellegrini
relata que en Francia, por los años 30, Violette Noziéres mató al
padre envenándolo con Veronal. Al descubrirse el crimen, dijo que él había
querido violarla. El surrealismo hizo de ella una heroína anticonvencional,
publicando un famoso volumen de homenaje que contiene textos de casi todos
los surrealistas: Violette Noziéres. Editions Nicolas Flamel, Bruselas,
1934. Paul Eluar escribió
El atreverse y la esperanza, poema del cual extracté este verso y
que puede leerse en mi web.
[5]
Percovich, Mariana: . Una tragedia montevideana. Edelp Ediciones.
Buenos Aires. 1998.
[6]
En su ya legendario Diccionario Enciclopédico de la Psique, Béla
Székely define la "folié á deux" como un fenómeno patológico que
se conoció con diferentes nombres: locura inducida o doble, según Tuke,
locura simultánea para Régis, locura comunicada o impuesta para Lasége y
Fairet, folie induite, según Lehmann. La sugestibilidad, dice Székely, tiene,
entre otros factores, una gran participación en la génesis de la folié á
deux. Se aplica cuando dos personas estrechamente unidas sufren simultáneamente
una psicosis y cuando una de las dos parece haber influenciado a la otra.
"Sucede que ciertos pacientes paranoides y rara vez los hipomaníacos
no sólo pueden hacer creer en sus ilusiones a aquellos en cuya cercana compañía
viven, sino que también los infectan de tal manera que éstos, bajo condiciones
adecuadas, continúan ellos mismos la construcción de la ilusión". (Bleuler,
Lehrbuch der Psyquiatric.)
[7]
Marcuse, Herbert: Eros y Civilización. Editorial Sarpe.