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Nazim Hikmet (Turquía, 1902-1963)
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Como en pocos autores, en Hikmet la obra literaria está
adherida a su peripecia personal y política, por lo que para conocerle es
imprescindible repasar con algún detenimiento su singular biografía.
Este gran poeta turco nació el 15 de enero de 1902 en
Salónica, hoy ciudad griega, en un ambiente familiar intelectual. Uno de sus
abuelos fue poeta; su padre, director general de prensa, además de diplomático,
y su madre pintora. Estudió en el colegio francés, un centro de elite y, aunque
por poco tiempo, ejerció de maestro.
En 1921, con apenas 19 años, impresionado por la revolución
de octubre se fue a Rusia en compañía de su amigo Va-Nu, en busca de nuevos
horizontes, huyendo de la guerra y el feroz anticomunismo de su país: los integrantes
del primer círculo comunista turco acababan de ser asesinados a sangre fría
en alta mar. Ambos se establecen en Moscú estudió ciencias políticas en la universidad
durante cuatro años. En una época de aprendizaje del poeta, que queda impactado
por la euforia revolucionaria y la eclosión artística en la Rusia de aquel momento:
Maiakovski y Meyerhold, tanto en poesía como en teatro, los dos géneros que
más atraen al joven Nazim, rompen los viejos moldes artísticos con montajes
espectaculares.
En diciembre de 1924, regresa a Estambul y se integra
en la redacción de Aydïnlïk (Claridad), la revista teórica del Partido Comunista,
definitivamente cerrada en febrero de 1925, coincidiendo con las medidas excepcionales
adoptadas por el Gobierno, que tomó como pretexto un alzamiento kurdo. Al mes
siguiente, los redactores de Claridad y un numeroso grupo de comunistas fueron
detenidos y procesados, y el propio Nazim Hikmet, aunque logró eludir la cárcel
huyendo a Esmirna y pasando a la clandestinidad, fue condenado a 15 años de
prisión, por lo que, en septiembre de 1925, volvió a escaparse a la Unión Soviética,
donde participó en la creación de un teatro-estudio (la compañía METLA), que
se disolvió en marzo de 1927.
En julio de 1928 regresa a Turquía, pero es detenido
en la frontera y, tras seis meses de prisión preventiva, es condenado a tres
meses de cárcel. La represión seguía cebándose en los comunistas, amparada en
los poderes omnímodos de Mustafá Kemal y su partido único, el Partido Republicano
del Pueblo.
A la salida de la cárcel se instaló en Estambul y trabajó
para el diario "Aksam", comenzando a escribir poemas, novelas, relatos,
artículos, ensayos y teatro. En abril de 1929 publicó "835 lineas",
una colección de poemas constructivistas que alcanzó dos ediciones, y, antes
de acabar ese mismo año "La Gioconda" y "Si-Ya-U". Por aquellas
fechas, se sumó también a la redacción de Resimli Ay (Mensual Ilustrado), una
revista de concepción vanguardista que congregó a un grupo de escritores y artistas
empeñados en "derribar los idolos", según la fórmula acuñada por Nazim
en una cé1ebre serie de artículos que provocaron un considerable revuelo y le
costaron la feroz animadversión de personajes influyentes, que se sintieron
retratados en aquellos ídolos con los pies de barro.
Por entonces conoce a uno de los grandes amores de su
vida, Pirayé, entonces una joven de apenas 22 años, cuya vida en común quedó
truncada con una nueva detención de Nazim, hasta que ambos pudieron reecontrarse
meses después y contraer matrimonio en enero de 1935.
Entonces
Nazim era ya un escritor tan conocido como repudiado por la élite intelectual
de su país. Pero sigue desplegando una incesante actividad creadora: en 1930
publica dos nuevos poemarios, Varan 3 (Y van 3) y 1+1=2, este último escrito
en unión de con Nail V. (Nail Çakirhan); en 1931, aparece La ciudad que perdió
la voz, ilustrada por Abidin Dino; y, en 1932, una antología de poemas, Telegrama
nocturno, y ¿Por qué se ha suicidado Benerci?
Su estilo libre y la alternancia de verso, prosa y diálogo,
que, en cierta manera, prefiguran ese nuevo género que se propone fundar con
su obra más ambiciosa, que redactará durante sus largos años de cárcel: "Paisajes
humanos de mi país". También escribió teatro: Kafatasi (El cráneo) y La
casa de un muerto, estrenadas en Estambul en 1932.
En marzo de 1933, en medio de un gran polémica nacional
fue encarcelado, en unión de otros 23 comunistas, acusado de asociación ilegal
y de pretender implantar en Turquía el régimen de los soviets.
Durante el juicio, celebrado en Bursa en noviembre de
aquel año, el fiscal reclamó la pena de muerte para los acusados. Algo más de
un año después, sale en libertad, gracias a la amnistía promulgada en agosto
de 1934 con ocasión del décimo aniversario de la República.
Nazim, en
esos años de la década de 1930, marcados por el ascenso de los fascismos en
Europa, sufre el ostracismo público en su país, apartado de la prensa, en la
que tiene que resignarse a colaborar bajo seudónimo, aunque no por eso abandona
su impulso revolucionario y escribe dos largos poemas narrativos, que pueden
considerarse auténticas obras maestras en su género: "Cartas a Taranta
Babd", sobre la invasión de Etiopía por las tropas de Mussolini, publicado
a finales de 1935 y recogido en Commune en marzo de 1936, y "Leyenda del
jeque Bedreddin", publicada en 1936, en la que recoge la revuelta de signo
antifeudal que en el siglo XIV protagonizó la secta Simavi, constituida por
musulmanes, judíos y cristianos.
Otro aspecto más del compromiso de carácter antifascista
del autor lo constituye el largo poema titulado "Rumbo a Barcelona en el
barco del desdichado Fusuf", publicado a finales de 1937, coincidiendo
con el avance de las fuerzas fascistas en España, que estuvieron a punto de
tomar Madrid, y la entrada en combate de las Brigadas Internacionales.
Es a finales de 1937 y comienzos de 1938 cuando se gesta
una auténtica conspiración contra Nazim Hikmet, para lo cual le entregaron a
los tribunales militares. En este tiempo, el poeta ha de afrontar dos procesos.
En el primero, el motivo, lo brinda un grupo de alumnos de la Academia Militar,
apasionados por la literatura y de ideas progresistas, a quienes en el curso
de un registro se les descubren algunos libros del poeta. A pesar de tratarse
de libros legalmente publicados que podían adquirirse libremente, la jurisdicción
militar inicia un proceso contra Hikmet y 20 alumnos de la Academia Militar,
en el que se le acusa de conspiración militar e incitación a la indisciplina
y a la rebelión, que estaba castigado con la pena de muerte. El juicio concluye
con elevadas condenas, pero es Nazim quien se lleva la palma: 15 años de prisión.
El segundo
proceso lo incoa contra él la Armada, por los mismos motivos: la detención de
algunos cadetes a los que se había sorprendido con libros del poeta. En este
caso, la falta de pruebas y el hecho de que se esgrimiera como acusación principal
la militancia comunista de los procesados, que entraba dentro de la jurisdicción
civil, hacía presagiar una sentencia absolutoria. Sin embargo, las condenas
fueron tambión de una inesperada dureza, en particular la recibida por Nazim:
28 años y 4 meses.
Nazim llegó a la prisión de Bursa en diciembre de 1940,
para cumplir una larguísima condena, que, de hecho, para un hombre como él,
de 38 años y una salud frágil, equivalía a una cadena perpetua. Allí, en las
celdas de la prisión de Bursa, coincidió con dos jóvenes que habían sido condenados,
con tan sólo 16 años, a duras penas de cárcel, a los que ayudó a desarrollar
sus facultades artísticas, como en la cárcel de Çan-kïrï hiciera con Kemal Tahir:
Orhan Kemal, condenado a 5 años de cárcel por propaganda comunista, que acabaría
convirtiéndose en uno de los escritores fundamentales de la Turquía contemporánea,
e Ibrahim Balaban, un joven contrabandista a quien Nizim enseñó a pintar, y
que se convirtió al cabo de los años en uno de los artistas más trascendentales
de la pintura turca.
Durante los diez años prácticamente ininterrumpidos que
Nazim pasó en la cárcel de Bursa, escribió sus "Poemas de las 22-23 horas",
en un lenguaje deliberadamente simple y dedicados a Pirayé; pero, sobre todo,
avanzó su obra más ambiciosa, "Paisajes humanos de mi país", en la
que se proponía retratar a su pueblo en diferentes momentos históricos, y en
la que trabajó durante 20 años, 13 de ellos en prisión. Como explicó en sus
cartas a Kemal Tahir, no era un libro de poesía, pues aunque hubiera elementos
de poesía, tambión los había de prosa, teatro y cine.
Durante los últimos años de la década de 1940, Turquía
necesita abrirse a Occidente, y crecen las esperanzas de un cambio politico
y de una liberalización del régimen. Coincidiendo con este nuevo clima, Va-Nu,
su gran amigo de juventud, le visita en prisión y renace la vieja amistad. También
le visita un prominente periodista, Ahmet Emin Yalman, propietario del periódico
Vatan, que, siendo de origen judio, ha chocado con el régimen por la imposición
de un impuesto que penalizaba exclusivamente a las minorías de origen griego,
judío y armenio, y que, además de apreciar su poesía, quiere acabar con la injusta
y prolongada encarcelación del poeta, contra la que ya se han iniciado diversas
movilizaciones en todo el mundo.
En ese periódico se inicia una campaña por su libertad
a la que pronto se suma Mehmet Ali Sebtik, un influyente abogado, quien publica
una serie de artículos desvelando las irregularidades de los procesos a que
fue sometido el poeta. Pero sus argumentos y las apelaciones ante el Tribunal
Supremo y la Asamblea Nacional fueron desestimados. No obstante, sus esfuerzos,
en un clima de cierta liberalización del régimen, contribuyeron a crear un ambiente
de opinión favorable a la liberación, aunque muchos comprendieron que ésta no
se produciria mientras el partido único surgido del kemalismo, siguiera en el
poder.
En su estancia en la cárcel comienza una nueva relación.
Se enamora de su prima Milnever, con la que viviria después, tras su excarcelación
en 1950. Su salud sigue deteriorándose, y en septiembre de 1949, se crea un
comité intenacional para su liberación y al que prestaron su apoyo intelectuales
de todo el mundo. Las manifestaciones llegaron hasta el corazón de Estados Unidos,
y el cantante Paul Robeson, marginado durante la época maccartista y que más
adelante sumaría a su repertorio la canción titulada La niña muerta, sobre la
destrucción de Hiroshima, con letra de Nazim Hikmet y música del compositor
checo Vaclab Dobias, prestó todo su apoyo a la campaña.
El poeta
comenzó el 2 de mayo de 1950 una huelga de hambre que contribuyó a sacar de
su indiferencia a una parte de la sociedad turca. El 14 de mayo, ante el agravamiento
de su estado de salud, tuvo que ser ingresado en un hospital. Sus amigos empezaron
a temer seriamente por su vida, pues el Gobierno no tomaba ninguna iniciativa,
y Nazim seguía firme en su empeño, por lo que comisionaron a uno de sus mejores
amigos, el pintor Abidin Dino, para convencerlo de que abandonara la huelga
de hambre, hasta que tomara posesión el nuevo Gobierno del Partido Demócrata.
Finalmente, tras recibir múltiples llamamientos, el 20 de mayo aceptó interrumpirla.
Pero su liberación, como muchos temían, no se produjo hasta el 14 de julio,
cuando la nueva Asamblea Nacional, ahora dominada por el Partido Demócrata,
aprobó una amnistía parcial que permitió la salida de la cárcel de 111 comunistas
presos.
Nazim nunca se doblegó ante la tiranía. No consiguieron
acabar con él; resistió y permaneció fiel a las ideas revolucionarias "aún
teniendo los brazos atados a la espalda, y la espalda pegada al corazón".
En noviembre de 1950, la II Conferencia del Congreso
Mundial de la Paz le galardonó con el Premio de la Paz, recibido junto con Pablo
Picasso, Paul Robeson, Wanda Jakubowska y Pablo Neruda, que fue el encargado
de recogerlo en su nombre, ya que las autoridades turcas no le permitieron acudir
a Varsovia. Y no sólo no le concedieron un pasaporte, sino que reabrieron su
expediente militar y recibió una orden de alistamiento para incorporarse a un
alejado destino: con 50 años pretendía el gobierno que se incorporara a filas,
ya que no había cumplido el servicio militar al marcharse a Rusia. No hacía
mucho que el escritor Sabahattin Ali había muerto en extrañas circunstancias,
tras haber sido también llamado a filas a una edad tardía.
Nadie le daba trabajo y muy pocos se atrevían a visitarle
en su casa, vigilada por la policía. Nazim temió ser víctima de una venganza
por parte de quienes no se resignaban a saberlo libre cuando habían dispuesto
todo para que se pudriera de por vida en prisión. De modo que comenzó a plantearse
el exilio. En marzo de 1951, nació su hijo Mehmet, y, menos de tres meses después,
huía de su país a bordo de una frágil embarcación.
Su obra, por tanto, está escrita en las condiciones más
adversas, con un pie en la cárcel y otro en el exilio, y eso marca indeleblemente
sus versos:
"Sucede por ejemplo que estamos en el frente,
por algo, por ejemplo, que vale la pena que se luche.
Nada más comenzar el ataque, al primer movimiento,
puede caerse cara a tierra y morir.
Todo esto hemos de aceptarlo con singular valor,
y a pesar de todo, preocuparnos apasionadamente
por esa guerra que puede durar años y años.
Sucede
que estamos en la cárcel.
Sucede
que nos acercamos a los cincuenta años,
y que falten dieciocho más
para ver abrirse las puertas de hierro.
Sin embargo, hemos de seguir viviendo con los de fuera.
con los hombres, los animales, los conflictos y los vientos,
es decir, con todo el mundo exterior que se halla
tras el muro de nuestros sufrimientos;
es decir, estemos donde estemos
hemos de vivir
como si nunca hubiésemos de morir."
El poeta fue recibido en la URSS con todos los honores,
e inmediatamente fue nombrado para los órganos directivos del movimiento por
la paz y el desarme. En 1952 entró a formar parte del órgano director del Congreso
Mundial de la Paz, lo que le permitió viajar con relativa facilidad al extranjero
y relacionarse con escritores y artistas internacionales.
Hoy su poesía sigue prohibida en Turquía, donde hasta
la simple mención de su nombre, borrado de manuales, antologías e historias
de la literatura, es un acto de resistencia. Pero sus poemas son cantados y
recitados hasta en las aldeas más apartadas, para escarnio de quienes pretendieron
acallar su voz.
No regresó ya nunca a su país y murió en Moscú el 3 de
junio de 1963.
Nazim Hikmet es uno de los poetas cumbres de la poesía
del siglo XX. Fue mucho más que un renovador de la literatura turca, y quizá
por eso los escritores turcos consagrados de su tiempo le despreciaron como
un extraño, mientras la juventud seguía sus pasos y le imitaba con fervor, y
no solamente en el ámbito literario. El poeta turco, que transformó la poesía
de su país, liberándola de los ya gastados corsés de la métrica otomana y haciéndola
entrar de lleno en la modernidad, pagó con 13 años de cárcel y otros tantos
de exillo su compromiso con su pueblo y su negativa a doblegarse ante quienes
quisieron acallar su voz.
Es además un poeta universal. Y no sólo por su forzada
vida trashumante; es tan universal porque en él se funden de manera vigorosa
el fondo y la forma, el verso y el mensaje, en la técnica y en el contenido.
Tenía un indomable espíritu rebelde y luchador.
Como en todo genio, esa universalidad no está reñida,
sino todo lo contrario, con las raíces, con la nacionalidad, con la cultura
popular. Además sus rimas cambiaron para siempre las formas expresivas del idioma
turco, desarrollando una nueva plástica antes inexistente. Pero sobre esa nueva
plataforma lírica subyacen unos cánticos populares reciclados a los que Hikmet
transmite toda su fuerte personalidad:
"... has de saber morir por los hombres.
Y además por hombres que quizás nunca viste,
y además sin que nadie te obligue a hacerlo,
y además sabiendo que la cosa más real y bella es vivir."
En él se abordan todos los temas dibujados por los grandes
poetas, el amor, la vida, el futuro... No hay nuevas cuestiones más que aquellas
que la misma realidad expone, quizá sólo recientes vestimentas para antiguos
maniquíes. Pero el poeta acierta a transmitirlas con claridad meridiana, para
que todo el mundo pueda oirlas, comprenderlas y actuar en consecuencia.
No sólo
por su lucha, Hikmet fue también un revolucionario de la poesía, que está plena
de vigor, de fuerza y de energía. Como buen revolucionario escribe de una manera
transparente capaz de alcanzar a las masas populares, algo que los elitistas
y decadentes poetas burgueses desprecian profundamente, absorbidos en su burbuja
de vacío.
Hikmet rompió el cristal. Para comprender su explosión
hay que tener el cuenta que en los años 30, cuando Hikmet regresa de Rusia,
encuentra una Turquía heredera del viejo Imperio Otomano, con una cultura sometida
a las decadentes fórmulas poéticas árabes y persas, que no salía de un estrecho
círculo oligárquico, apegado a rutinas cortesanas, pretencioso, mediocre y seudo-cultivado,
no solamente ajeno a las masas sino totalmente enfrentado a ellas y a la cultura
popular.
La obra de Hikmet, por el contrario, es un ejemplo lúcido
de realismo socialista, de dialéctica en prosa y en verso y, naturalmente, de
honestidad, de sinceridad. Es simple y es directo, capaz de expresar con asombrosa
claridad las situaciones más complejas. En sus versos no hay enrevesadas metáforas
ni grandielocuencia vacía; las imágenes no son un mundo en sí mismas, separadas
del mundo real y propensas a desdibujarlo, sino un medio para describir la existencia
con mayor vigor expositivo. No hay juegos con las rimas: todo está al servicio
de lo que el poeta quiere contar y expresar. Como su inolvidable llamamiento:
¡ No vengan con nosotros
quienes llorando en sus casas
arrastran sus lágrimas
como una pesada cadena
al cuello!
Libros:
Duro oficio
el exillo, Ediciones Lautaro, Buenos Aires, 1959 (también en La Habana, 1975
y Batlló, Barcelona, 1976).
Los datos sobre este poeta fueron extractados de la web: www.antorcha.org/liter/hikmet.htm
Algunos de sus poemas
El gigante de ojos azules
Un gigante de ojos azules
Amaba a una mujer pequeña
Cuyo sueño era una casita
Pequeña, como para ella,
Que tuviera al frente al jardín
con temblorosas madreselvas.
El gigante amaba en gigante,
Su mano, a grandes obras hecha,
Mal podía construir los muros
Ni usar el timbre de la puerta
De una casita con jardín
con temblorosas madreselvas.
El gigante de ojos azules
Amaba a esa mujer pequeña
Que pronto se cansó, mimosa,
De tan desmesurada empresa
Que no concluía en un jardín
con temblorosas madreselvas.
Adiós, ojos azules, dijo.
Y, con graciosa voltereta,
Del brazo de un enano rico
Penetró en la casa pequeña
Que tenía al frente un jardín
con temblorosas madreselvas.
El gigante comprende ahora
Que amores de tanta grandeza
No caben ni siquiera muertos
En esas casas de muñeca
Que al frente tienen un jardín
con temblorosas madreselvas.
Autobiografía (Escrita en Berlín Oriental el 11.9.1961)
Nací en 1902.
A mi cuidad natal nunca volví
Porque no soy afecto a los regresos.
A la edad de los tres años, en Alepo.
mi profesión fue nieto de Pachá,
A los 19 años, estudiante
en la Universidad Comunista de Moscú,
A los 49 años, en Moscú, invitado del Comité
Central.
Y, desde los catorce años, mi oficio es de poeta.
Hay gentes que conocen las distintas variedades
de peces,
yo, de las separaciones.
Hay quien sabe los nombres de todas las
estrellas,
de memoria,
yo, de los de las nostalgias.
Viví en inquilinatos, en cárceles y en hoteles
de lujo.
He conocido el hambre, también la huelga de
hambre
y no hay comida cuyo sabor ignore.
Cuando tenía treinta años, decidieron prenderme
a los 49, decidieron darme el Premio Mundial
de la Paz
y me lo dieron.
Teniendo 36, recorrí cuatro metros cuadrados
de sombrío hormigón
en seis meses.
A los 59, volé en 18 horas desde Praga a La
Habana.
A Lenin no lo vi, pero en 1924
monté guardia junto a su catafalco.
En 1961, el mausoleo que visito son sus
libros.
Se ha hecho mucho por apartarme de mi
Partido:
eso nunca marchó
ni me aplastaron ídolos que caen.
En 1951, con otro camarada, por mar fui
hacia la muerte.
En 1952, fisura al corazón estirado de
espaldas,
esperé cuatro meses a la muerte.
Llegué estar loco de celos por mujeres que
amé,
Yo a Charlot (*) le tuve un ápice de
envidia.
Engañé a mis mujeres.
He bebido, sin volverme nunca un borracho,
felizmente, siempre he ganado el pan con el sudor
de mi frente.
Si alguna vez mentí, fue sintiendo vergüenza
por el
prójimo
He mentido por no apenar a otro.
Y también he mentido sin razón.
Viajé en tren, en avión, en automóvil.
Lo que no puede hacer la mayoría de
la gente.
He asistido a la Ópera,
donde no puede ir la mayoría de la gente,
que
hasta ignora ese nombre.
Pero allí a donde va la mayoría de la gente
no
he vuelto a ir desde los 1921;
mezquita, iglesia, sinagoga, templo, casa del adivino
Aunque a veces leo la borra del café.
Como en 40 idiomas se me imprime
pero en Turquía estoy prohibido,
en mi propio idioma.
No tenido cáncer hasta ahora,
ni es forzoso tenerlo,
y no seré primer ministro o cosa perecida,
ni siento la menor inclinación
por las ocupaciones de tal género.
No he peleado en la guerra,
No he bajado de noche a los refugios
Ni anduve por los caminos del éxodo
bajo aviones, volando a ras del suelo.
Mas casi sesentón, me siento enamorado.
En suma, camarada:
este día, en Berlín, muriendo de nostalgia,
como un perro
yo no puedo decir que viví como un
hombre,
pero lo que me queda por vivir
y lo que pueda sucederme
¿Chi lo sa ?
(*)El personaje creado por Chaplin.
Don Quijote
Caballero de la juventud inmortal:
a
los cincuenta años se dejó arrastrar
por
su idea, que latía en su pecho.
Una mañana de julio salió a la conquista
de
lo bello, lo recto, lo justo.
Ante sí: el mundo
con
sus gigantes
tontos
y mulos.
Debajo: Rocinante.
Triste,
pero heroico.
Yo lo sé:
si por azar cayeras en la pura nostalgia
y tienes además un corazón más blando que la nieve,
no habrá más caminos, Don Quijote mío, no habrá más caminos.
Hay que luchar con los molinos.
Tienes razón.
Sin duda, tu Dulcinea es la mujer más bella de la tierra.
Sin duda hay que gritarlo a la cara de los hipócritas.
Te arrojarán a tierra.
Te apalearán ferozmente.
Pero tú, paladín invencible de nuestra sed,
seguirás ardiendo como una llama
firme
dentro de tu coraza de hierro.
Y Dulcinea se volverá doblemente más bella.