Una síntesis de este breve ensayo fue publicada en la Revista Topía
en la Clínica en el mes de abril de 2001.
El texto completo se encuentra en la web: www.topia.com.ar  

Sándor Ferenczi (1873-1973). 
Un psicoanalista peculiar, soñador y sensitivo.
[1]

Sándor Ferenczi

No me es fácil hacer una referencia breve para aludir a una obra tan vasta y rica como la de Ferenczi.[2]  A  pesar de haber sido uno de los mejores clínicos de nuestra ciencia, su influencia no es del todo reconocida y su nombre sigue siendo soslayado, a veces por ignorancia, y en demasiadas ocasiones porque sus ideas son citadas como si fueran de otros. Asimismo, no leer su obra - como ocurre con otros psicoanalistas "olvidados" - es una característica del dogmatismo que reina en nuestra ciencia. La Argentina, un país arrasado por ideas y movimientos políticos totalitarios, ha sido caldo de cultivo más que oportuno para las "invasiones inglesas" y para las "francesas".[3]   Pero, a pesar de todo, es innegable que Ferenczi ha dejado una impronta en la teoría y en la práctica psicoanalítica en general y también en la referida al trabajo con los niños. Pionero entre pioneros, como lo bautiza Sándor Lorand[4], Ferenczi fue para muchos de sus colegas un enfant terrible[5]. Freud, que reconocía su talento y su aguda mirada clínica, alguna vez lo llamó "mi hijo querido". 

Ferenczi pre-analítico

Ferenczi publica, entre 1899 y 1907, sus textos conocidos como Los escritos de Budapest. Destacamos: "Espiritismo" (1899), "Conciencia y desarrollo" (1900), "El amor a las ciencias" (1901), "La homosexualidad femenina" (1902), "El valor terapéutico de la hipnosis" (1904), "Estados sexuales intermedios" (1905)  y "Acerca del tratamiento por sugestión hipnótica" (1906). Recién recibido de médico, Ferenczi  trabajó en el Hospital Saint- Roch[6]. Ferenczi se mostró muy prondo adepto a la medicina social.

"Siempre dispuesto a ayudar a los oprimidos, a escuchar a las mujeres en dificultades y a aliviar a los excluidos y a los marginales, asumió en 1906 la defensa de los homosexuales, en un texto valiente presentado a la Asociación Médica de Budapest. En él refutaba los prejuicios reaccionarios de la clase dominante, que tendían a señalar como responsables del desorden social a las personas denominadas uranistas", relata Roudinesco mientras que Juan Gallardo nos informa que Sándor Ferenczi llegó a ser  representante del Comité Humanitario Internacional para la Defensa de los Homosexuales, fundado por Magnus Hirschfeld en 1897. Abogando por reformas legales, intentó  sensibilizar a sus pares, oponiéndose a las perspectivas discriminadoras y homofóbicas propuestas por Krafft-Ebing y Möebius, especialmente a la postura de considerar a la homosexualidad como una enfermedad degenerativa.[7]

   Es en 1907 que Ferenczi llega al psicoanálisis, luego de haber tenido noticias de los experimentos de Jung con asociaciones de palabras. Al mismo tiempo,  vuelve a leer y a revalorizar La interpretación de los sueños.  A partir de ese momento, la vida del vulnerable húngaro quedaría, hasta el fin de sus días, ligada al psicoanálisis. El psicoanálisis, por su parte, quedará para siempre ligado a él.

Lélekelemzés

  Entre 1908 y 1909 Ferenczi escribe seis trabajos que tienen como intención difundir a la aún joven ciencia en el mundo de los médicos húngaros. Cuando los recopila los bautiza con el término de Lélekelemzés, nombre con el que traduce al húngaro la palabra Psychoanalyse creada por Freud. Lélekelemzés significa "Cura del alma" o "Estudio del alma".  A la vez  que lo invita a presentar su trabajo, Freud le pide que le agregue la palabra "psicoanálisis". Ferenczi acepta,  llamando a su recopilación:  Estudio del alma: ensayos en el campo del psicoanálisis. El pedido del creador de la "cura por la palabra" resulta significativo[8]. ¿Si había elegido para su ciencia la conjunción de las palabras griegas Psykhe y Análysis, por qué parecía ahora renegar de ellas? Psykhe - anima en latín - significa soplo, aliento, mientras que "psíquico" remite a  anímico, espiritual, del alma. "Análisis" hace referencia, en uno de sus sentidos, a la acción de desatar, soltar y, en otro, al procedimiento utilizado para conocer o razonar, consistente en descomponer el total del objeto del conocimiento en partes o en examinar una cosa separando sus componentes. La  psicología, por su parte,  es el tratado de las funciones del alma.[9]

   Ferenczi tuvo, desde el principio de su encuentro con el psicoanálisis y hasta el final de su vida,  muy claro que esta ciencia es el estudio y la cura del alma humana. Es por esta razón  que de su Lélekelemzés queremos destacar especialmente uno de los ensayos,  Psicoanálisis y pedagogía. Se trata de su carta de presentación ante la comunidad psicoanalítica, una respuesta a la invitación de Freud a leerla en el Primer Congreso Internacional de Psicoanálisis realizado en Salzburgo en 1908. Allí Ferenczi pronuncia estas palabras, lamentablemente,  muy vigentes:

     El estudio de las obras de Freud y los análisis efectuados personalmente pueden convencer a cualquiera de que una educación defectuosa no sólo es fuente de defectos caracterológicos, sino también de enfermedades, y de que la pedagogía actual constituye un auténtico caldo de cultivo para las neurosis más diversas. Pero el análisis de nuestros enfermos  nos conduce, a pesar nuestro, a revisar nuestra propia personalidad y sus orígenes; estamos convencidos de que la educación guiada por las más nobles intenciones[10] y realizada en las mejores condiciones - fundada sobre principios erróneos aún en vigor - ha influenciado nocivamente y de múltiples maneras el desarrollo natural: si a pesar de todo conservamos la salud, lo debemos seguramente a nuestra constitución psíquica más robusta y resistente de lo normal. De todas formas, aunque no hayamos enfermado, muchos sufrimientos psíquicos inútiles pueden ser atribuidos a principios educativos impropios; y bajo el efecto de la misma acción, la personalidad de algunos de nosotros ha resultado incapaz de disfrutar sin inhibición de los placeres naturales de la vida.

   Ferenczi va aún más  lejos cuando afirma que la pedagogía cultiva la negación de las emociones  y de las ideas:

El principio de la pedagogía actual es difícil de definir. Se parece  mucho a la mentira. Pero mientras que los mentirosos y los hipócritas ocultan las cosas a los demás o les muestran emociones e ideas inexistentes, la pedagogía obliga al niño a mentirse a  sí mismo, a negar lo que sabe y lo que piensa.

  Es comprensible que las ideas del "peculiar, soñador y sensitivo" psicoanalista húngaro sean desmentidas ya que cuestionan, desde sus raíces, los principios educativos postulados por el "docto" Schreber y continuados por Freud:

       Los sentimientos y las ideas rechazadas de este modo, inmersas en el inconsciente, no quedan, sin embargo, suprimidos. Por lo contrario,  a lo largo del proceso educativo se multiplican,  crecen, y se aglomeran en una especie de personalidad distinta escondida en las profundidades del ser, cuyos objetivos, deseos y fantasías están presentes y en general en contradicción absoluta con los objetivos y la ideas conscientes. [11]

   Adelantándose a la posible acusación de estar fomentando el egoísmo, Ferenczi responde que el peligro reside,  en realidad, en la hipocresía.[12]  

El análisis psicoanalítico no conduce al reino desenfrenado de los instintos egoístas, inconscientes y a veces incompatibles con los intereses del individuo, sino a la ruptura con los prejuicios que dificultan el conocimiento propio, a la comprensión de los motivos hasta ahora inconscientes y a la posibilidad de un control de los impulsos que se han convertido en conscientes. 

   En base a estas premisas, Ferenczi sostiene la necesidad de fundar una  pedagogía que se base sobre la comprensión y la eficacia, no sobre dogmas.

   En el prefacio a las Obras Completas,  Michaël Balint nos informa que  Psicoanálisis y Pedagogía fue, en vida de su autor, solamente publicado en húngaro. A pesar de ser el fruto de la primera reflexión sobre pedagogía escrita por un psicoanalista, el texto fue ignorado y olvidado. Es Balint quien produce su exhumación, al traducir y publicar las obras completas de su maestro. Descubrimos, así, que las ideas de Ferenczi fueron los mismos surcos por lo que transitaron Bernfeld, Aichhorn  y, por supuesto, Anna Freud y Melanie Klein pocos años después. [13]

Psicoanálisis con el niño que habita en el adulto

   "Discutiendo con Anna Freud sobre ciertas medidas técnicas, me planteó ella esta oportuna cuestión: "Trata usted a los pacientes como trato yo a los niños en mis análisis infantiles". Tuve que darle la razón(....)." [14]

   Es que en esos tiempos Ferenczi ya sabía que atendiendo pacientes graves era imprescindible salirse de ciertos  moldes: "Durante mi larga práctica analítica, me he hallado constantemente en trance de infringir algunos de los consejos técnicos de Freud". A veces, los pacientes de Ferenczi, en lugar de quedarse obedientemente tendidos sobre el diván, se levantaban de golpe, caminaban por el consultorio y le hablaban mirándolo a los ojos. Eran personas que necesitaban que la sesión se prolongara, que él las fuese a ver a su casa  o que les diera más de una sesión por día. Seres de una gran labilidad emocional que estaban atravesando momentos difíciles, recordando situaciones traumáticas  y Ferenczi tenía que crear, como los analistas de niños,  una técnica distinta a la utilizada por Freud con sus pacientes adultos neuróticos. Para eso, le era necesario transgredir.

El efecto del choque de la interrupción brutal de la sesión del análisis me obligó en más de una ocasión a prolongar la sesión hasta el final de la reacción emotiva, incluso a consagrar al paciente dos sesiones o más al día. A menudo, cuando no quería hacerlo, mi rigidez provocaba un aumento superfluo de la resistencia y una repetición excesivamente literal de sucesos traumáticos de la prehistoria infantil (...)

   Ferenczi utiliza con sus pacientes "difíciles" y en estados muy regresivos,  técnicas propias del análisis infantil. Se encuentra, así,  con el niño que aún existe en el adulto y comprueba no sólo que éste puede comportarse como una pequeña criatura,  sino también que el analista puede tomar un rol similar al que los padres y educadores asumen frente a ella:

    Es innegable que los niños son influenciables, que tienden a apoyarse sin resistencia  sobre alguien "grande", en sus momentos de debilidad, y que existe un elemento de hipnosis en la relación entre niños y adultos. Hay que acomodarse a esta realidad. Así,   el  gran poder que los adultos tienen frente a los niños, en vez de utilizarse, como se hace a menudo, para imprimir nuestras rígidas reglas en el psiquismo maleable del niño, podría ser utilizado para educarlo con mayor independencia y mayor sentido de la responsabilidad[15].

   Si Ferenczi no atendía niños, ¿cómo es que sabe tanto de lo que ocurre en sus almas?

Él mismo se lo pregunta:

En lo que me concierne, no he tenido demasiados contactos con niños en el psicoanálisis y ahora estoy sorprendido al tropezarme con este problema por un camino distinto. ¿Cómo he llegado a él? (...) Al tener una especie de fe fanática en las posibilidades de éxito de la psicología de las profundidades, he considerado los eventuales fracasos más como una consecuencia de mi escasa habilidad que como fruto de la "incurabilidad", hipótesis que me ha conducido necesariamente a modificar la técnica en aquellos casos difíciles que resultaban imposibles de proseguir con la técnica habitual.[16]

   Muchos de los pacientes a los que Ferenczi alude habían sido víctimas, durante su infancia, de situaciones traumáticas ocasionadas  por abuso sexual. Es el niño que habita en el adulto el que lo conduce el que lo conduce a modificar su tècnica. Y a revalroizar la teorìa traumàtica. El psicoanalista húngaro insiste en  este controvertido tema en "Principio de Relajación y neocatarsis", en "Reflexiones sobre el traumatismo", en su Diario Clínico y en 1932, al comunicar su muy polémica conferencia "Confusión de lenguas entre los adultos y el niño. El lenguaje de la ternura y el de la pasión". [17] En esta ocasión afirma:

Nunca se insistirá bastante sobre la importancia del traumatismo y en particular del traumatismo sexual como factor patógeno. Incluso los niños de familias honorables de tradición puritana son víctimas de violencias y violaciones mucho más a menudo de lo que se cree. Bien son los padres que buscan un sustituto a sus insatisfacciones de forma patológica, o bien son personas de confianza de la familia (tíos, abuelos), o bien los preceptores o el personal doméstico quienes abusan de la ignorancia y la inocencia de los niños.

  Más adelante, Ferenczi dice que esos adultos con predisposiciones patológicas ven en los juegos y en ciertas conductas de los niños una incitación sexual. Es decir, confunden el comportamiento infantil con los deseos de una persona sexualmente adulta, confusión que los lleva a abusar de las criaturas. El niño puede intentar protestar, pero a la larga es vencido por la fuerza y la autoridad aplastante del adulto.  Llevado por el temor y la indefensión, se doblega a la voluntad del agresor y lo introyecta, para poder seguir sosteniendo con él un vínculo de ternura. A este mecanismo de defensa mental Ferenczi lo llamará “identificación con el agresor”. Suele atribuírsele a Anna Freud la creación de este concepto. En su Diccionario de Psicoanálisis, Laplanche y Pontalis lo definen:

Mecanismo de defensa aislado y descrito por Anna Freud (1936): el sujeto, enfrentado a un peligro exterior (representado típicamente por una crítica procedente de una autoridad, se identifica con su agresor, ya sea reasumiendo por su cuenta la agresión en la misma forma, ya sea imitando física o moralmente a la persona del agresor, ya sea adoptando ciertos símbolos de poder que lo designan. (...)

   Un poco más adelante, los autores del  Diccionario mencionan a Ferenczi diciendo que cuando éste utiliza el término identificación con el agresor lo hace en un sentido muy especial: la agresión a la que se hace referencia es el atentado sexual del adulto, que vive en un mundo de pasión y de culpabilidad, sobre el niño que se supone inocente. El comportamiento descrito como resultado del miedo es una sumisión total a la voluntad del agresor; el cambio provocado en la personalidad es "(...)la introyección del sentimiento de culpabilidad del adulto". (Ferenczi, 1932). 

   Laplanche y Pontalis han leído mal. Si Ferenczi habla de la identificación con el agresor en 1932, no puede haber sido Anna Freud la responsable de "aislar y describir" ese mecanismo de defensa en 1936, año en el que publica su libro El yo y los mecanismos de defensa. Más aún, leyendo atentamente el capítulo IX, titulado precisamente La identificación con el agresor, podemos discernir que, aunque Anna Freud no se refiera a casos de abuso sexual, la descripción que hace es muy similar a la de Ferenczi. Por otra parte,  en su larga trayectoria como psicoanalista de niños, ella tuvo la ocasión de comprobar casos de abuso y a ellos se refirió. De todos modos, la hija de Freud tiene un gesto claro de reconocimiento hacia Ferenczi cuando, en relación a las innovaciones técnicas del psicoanalista húngaro, el 29 de noviembre de 1931 le escribe a Lou Andreas-Salomé: No me preocupa, en tanto y en cuanto quien practique este método sea Ferenczi porque tiene la necesaria moderación, pero otros no deberían ponerlo en práctica. Mucho me temo que Ferenczi se va a alejar pronto de nosotros y a encerrarse. La hija de Freud sabía que el sensible y talentoso húngaro estaba condenado al ostracismo pero,  desmintiendo lo que sus sentidos y su comprensión le señalaban, prefería creer que se trataba de un camino elegido por Ferenczi en lugar del obligado exilio provocado por la discriminación de su padre y de Jones. El que alguna vez fuera reconocido como Visir Secreto, era señalado, al fin de sus días, como cabeza de turco.[18]

   Víctima de una anemia perniciosa, Ferenczi murió en mayo de 1933, con la promesa de Ernest Jones de publicarle Confusión de lenguas entre los adultos y el niño en la International Journal of Psyco-Analysis.  Poco antes de morir Ferenczi, Freud le escribe a Jones una carta donde le dice que una paciente del psicoanalista húngaro, la  señora Severn,  parecía haberle provocado a  su analista una pseudología  phantástica.[19] En junio, Jones le contesta  diciéndole que la "paranoia"[20] de Ferenczi se había puesto en evidencia “a la vista de su último articulo para el congreso” y que veía contraproducente publicar, ahora que él había muerto, su último artículo, ya que sería un perjuicio y un descrédito para el  propio autor. Y agrega: “Sus postulados científicos y sus declaraciones sobre la práctica analítica no constituyen más que una sarta de errores que solamente sirven  para desacreditar al psicoanálisis y dar pábulo a sus enemigos”. El polémico y valioso  trabajo en el que Ferenczi no solamente denuncia sino que, además, teoriza acerca de la frecuencia del abuso sexual contra la infancia se conoció recién en 1949,  gracias a su discípulo Michaël Balint.

 

Bibliografía

·        Fallend, Karl: Peculiares. Soñadores. Sensitivos. El Psicoanálisis en camino hacia la Institución y Profesión. Estudios biográficos. Actas de la Asociación Psicoanalítica de Viena. Área de Psicoanálisis. Facultad de Psicología. Universidad de la República Oriental del Uruguay. Montevideo. 1997. 

·        Ferenczi, Sándor:

*        Psicoanálisis. Obras completas. Editorial Espasa-Calpe. Madrid.1984.

*        Diario clínico. Editorial Conjetural. Buenos Aires. 1988.

*        Sin simpatía no hay curación. El diario clínico de 1932. Amorrortu editores. Buenos Aires. 1997.

·        Freud, Sigmund:

Tratamiento psíquico (tratamiento del alma). (1890). Volumen I. Amorrortu editores.  (En la edición de López Ballesteros aparece publicado como Psicoterapia (Tratamiento por el espíritu) (1905), en el volúmen III. 

·        Gallardo, Juan V.: Sándor Ferenczi. Biografía. La presentación de este texto fue encontrada en Internet.

·        Jiménez Avello, José y colaboradores: Para leer a Ferenzci. Asociación Psicoanalìtica de Madrid. Editorial Biblioteca Nueva. Madrid. 1998.

·        Laplanche, Pontalis: Diccionario de Psicoanálisis. Editorial Labor. Barcelona. 1971.

·        Lorand, Sándor: "Sándor Ferenczi. Un pionero entre pioneros. Cap. II de Historia del Psicoanálisis. Editorial Paidós. Buenos Aires. 1968. 

·        Roudinesco, Elizabeth; Pion, Michel: Diccionario de psicoanálisis. Paidós. Buenos Aires. 1998.

·        Sabourin, Pierre: Visir secreto y cabeza de turco. Prefacio al Tomo IV de Psicoanálisis Obras Completas de Sándor Ferenczi. Editorial Espasa-Calpe. Madrid.1984.



[1] Estas palabras, pronunciadas por Anna Freud en el Instituto Psicoanalítico de Nueva York, le sirvieron para calificar a un grupo de psicoanalistas entre los cuales ubicaba a Sándor Ferenczi. Gracias a Kart Fallend tenemos conocimiento que "la habitualmente muy discreta ‘Gran Dame’ del Psicoanálisis" se mostró en aquella ocasión como una aguda crítica.  La heredera de Freud se refirió a las dificultades dentro del propio mundo psicoanalítico, aquellas que se presentan en relación a otras posturas psicoterapéuticas  y a la atracción que el psicoanálisis seguía ejerciendo, allá por los años sesenta,  entre los futuros estudiantes, los alumnos y el público en general.  Fascinación  de un psicoanálisis que, a comienzos del siglo XX, era considerado “un arma e impulso revolucionario en la liberación de las barreras sociales y la moral burguesa, y allí se encontraban outsiders: personas no convencionales, inconformistas, cuestionadoras  y sedientas de saber”.  Entre esas personas, Anna decía - con nostalgia - en su conferencia:  Existían también seres humanos fuera de lo común, peculiares, soñadores, sensitivos, que habían experimentado en su propia persona la desdicha neurótica. Lo que dejaron en sus producciones escritas da testimonio de su capacidad para el trabajo analítico. A pesar de esto, sólo una minoría de ellos buscaría y encontraría hoy en día acogida en nuestros institutos de enseñanza psicoanalítica. Anna denuncia un hecho que sigue siendo actual: en muchas instituciones psicoanalíticas, sobre todo en las oficiales (nos referimos a las reconocidas por la Sociedad Psicoanalítica Internacional o IPA le es negado el acceso a toda persona que presente aquellos atributos tan valorados por ella. Es casi desde su creación, que hubo en el psicoanálisis dos movimientos contrarios, tanto desde su ideología como en su técnica: uno conservador y reaccionario, que encierra en sus entrañas al mismo espíritu autoritario y fascista del eminente doctor Daniel Gottlieb Moritz Schreber y otro movimiento, subversivo, creativo y democrático, que puebla con sus ideales el alma de aquellos psicoanalistas que poseen una verdadera vocación de servicio.  Durante otra conferencia leída en el Simposio de la Federación Psicoanalítica Europea, Anna Freud fue también muy clara al afirmar que, tal como en sus comienzos, el espíritu revolucionario del psicoanálisis seguía poniéndose de manifiesto, aunque  "con una importante salvedad: que dicho espíritu todavía persistía en la esfera de la discusión y la exploración científica, pero que se lo ha perdido en lo que respecta a sus aspectos administrativos y organizativos". En nuestros días, siguen vigentes las observaciones de Anna Freud. Los analistas que hoy toman al psicoanálisis como un lugar de poder, podrían ser adjetivados de  petulantes, oportunistas e insensibles.

[2] Para el conocimiento de la vida y obra de Sándor Ferenczi han sido inestimables los aportes brindados por Jiménez Avello, Genovés Candioti  y colaboradores en Para leer a Ferenczi.

[3]La Escuela Inglesa, creada a partir de las ideas de Melanie Klein, le dio al psicoanálisis argentino una impronta fundamental. Posteriormente, a partir de los años setenta, desembarcaría en nuestras tierras la teoría de Lacan. Si utilizamos la palabra "invasión" para caracterizar a ambos procesos es con la intención de enfatizar que, tanto la teoría kleiniana como la lacaniana, fueron utilizadas, por algunos psicoanalistas, como instrumentos de poder. Los dogmatismos desvirtúan a una ciencia, la empobrecen en tanto censuran otros conocimientos, produciendo  una suerte de monopolio teórico.

[4]En Historia del psicoanálisis. Tomo I, capítulo II, Sándor Ferenzci. Un pionero entre pioneros.

[5]En su polémico ensayo Análisis de niños con adultos (1931) dice Ferenczi: "... Soy conocido como un espíritu inquieto, o, según me han dicho recientemente en Oxford, como el enfant terrible del psicoanálisis".

[6]Sabemos por Roudinesco que, en ese mismo hospital, cuarenta años antes Philippe Ignace  Semmelweis había tratado de que se le reconociera su descubrimiento acerca del carácter infeccioso de la fiebre puerperal.

[7]Juan V. Gallardo:  Biografía de Sándor Ferenczi, Internet.

[8]En 1890 Freud publica en el manual de medicina Die Gesundheit (La salud) el artículo Psichische Behandlung (Seelenbehandlund), Tratamiento psíquico (tratamiento del alma).  La salud era una obra de divulgación que reunía colaboraciones de distintos autores. Dice: "Psique" es una palabra griega que en alemán se traduce "Seel" (alma). Según esto, "tratamiento psíquico" es lo mismo que "tratamiento del alma". Podría creerse, entonces, que por tal se entiende tratamiento de los fenómenos patológicos de la vida anímica. Pero no es este el significado de la expresión. "Tratamiento psíquico" quiere decir, más bien, tratamiento desde el alma - ya sea de perturbaciones anímicas o corporales - con recursos  que de manera primaria e inmediata influyen sobre lo anímico del hombre. Un recurso de esa índole es sobre todo la palabra, y las palabras son, en efecto, el instrumento esencial del tratamiento anímico.  (En la edición de Lopez Ballesteros este trabajo de Freud figura como escrito en 1905, del mismo modo que en la Lista cronológica de las obras de Freud, publicada por Ricardo Etchegoyen y José Valeros).   

[9]La  traducción es un tema esencial  y siempre controvertido en la historia del psicoanálisis. En Freud y  el alma humana, Bruno Bettelheim dice: Muchos que, como yo, tienen al alemán como lengua materna y emigraron a los Estados Unidos a mitad de su vida están muy descontentos de cómo se han vertido al inglés las obras de Freud. El número de imperfecciones y de errores categóricos es enorme. (...) En su mayoría, las traducciones se concluyeron en vida de Freud y fueron aceptadas o, al menos, indultadas por él. (...) En su obra y en sus escritos, Freud suele hablar del alma: de su naturaleza y de su estructura, de su desarrollo, de sus atributos, de cómo se revela en todo lo que hacemos y soñamos. Por desgracia, nadie que lo lea en inglés puede sospecharlo, pues casi todas sus abundantes referencias al alma y a sus cuestiones, han sido extirpadas en la traducción. El rastreo de la palabra alma lo lleva a Bettelheim por el camino del mito. La historia de Psiquis, afirma, pudo atraer a Freud porque "este personaje hubo de penetrar en los infiernos y recuperar allí algo antes de alcanzar la apoteosis. De manera similar, Freud también tuvo que atreverse a entrar en los infiernos - en su caso los infiernos del alma - para conseguir su iluminación".  Acaso las traducciones traidoras y la sugerencia de Freud hacia Ferenczi tienen como intención cometer un nuevo asesinato del alma.

[10]En su libro Por tu propio bien: Raíces de la violencia en la educación del niño,  Alice Miller utiliza, de manera irónica, esa conocida  frase que da nombre a su libro, aludiendo a las crueldades e injusticias que se cometen con el niño en nombre de la educación. Las palabras de Ferenczi, "las más nobles intenciones", tienen un significado similar.

[11]Años más tarde, y seguramente conociendo la obra de Ferenczi,  Donald Winnicott hablará del verdadero y falso self.

[12]Referido al tema de la hipocresía en torno a lo sexual, Ferenczi emite una categórica afirmación: Nadie desea oír hablar de lo que cada cual hace.  El parecido de esta frase con una de Foucault nos pareció más que significativo: Casi nadie sabe que casi todo el mundo lo hace. El filósofo francés se refiere a ese secreto universal de la masturbación: secreto  compartido por todo el mundo, pero que nadie comunica nunca a ningún otro. ( Michel Foucault: Los anormales.)

[13]En Análisis de niños con los adultos, una conferencia dada en 1931 por Ferenczi en la Sociedad Psicoanalítica, él reconoce a la vienesa Hermine von Hug-Hellmuth (1871-1924) como una precursora en el psicoanálisis con niños. Ella fue no solamente una de las primeras mujeres en ingresar a la Universidad de Viena, sino que también formó parte del grupo inicial  de analistas que participaron en los tiempos en que el psicoanálisis nacía. Debido a haber sido la tercera mujer aceptada (1913) en la Sociedad Psicoanalítica de Viena - la primera, Sabina Spielrein y la segunda, Margarethe Hilferding -  y

que creó la terapia del juego, puede ser considerada, como decía Ferenczi, pionera en el análisis de niños. Sigmund Freud la respetaba mucho, de allí que publicara varios de sus trabajos en la editorial de la Asociación Psicoanalítica. La confianza de Freud también se evidencia en que, además, le derivó a su propio nieto Ernst, uno de los hijos de Sophie. Sin embargo, resulta significativo que ninguno de los trabajos de esta autora hayan sido publicados en la Revista de la Asociación Psicoanalítica Argentina ni, por lo que sabemos, en ningún otro medio de habla castellana. Sí se encuentran en otras publicaciones y fueron traducidas, además, del alemán al inglés y al francés. No poder leerla en nuestro idioma es otra forma de ignorarla. ¿La razón? Tal vez más de una: "las invasiones inglesas", que recortaron lo que sí debíamos leer y lo que era mejor que ignoráramos. Pero la motivación más potente es el descrédito que podía darle al psicoanálisis el episodio de la trágica y sórdida muerte de Hug-Hellmuth en manos de su sobrino Rolf Hellmuth, de dieciocho años. El 24 de septiembre de 1924 encontraron a Hermine muerta en el sofá de su departamento. Había sido estrangulada. En lo aparente, se trataba de un robo. Hermine hablaba desde hacía tiempo de su  temor a ser víctima de violencia por parte de Rolf. Él le robaba y le exigía, cada vez con mayor cuota de agresividad,  grandes sumas de dinero. En el juicio, Rolf manifestó ser una víctima "de los erráticos métodos educativos de su tía: a la ternura de un momento le seguía la severidad del siguiente" Sentenciado a doce años de prisión. Cuando salió de la cárcel se presentó ante Paul Federn exigiendo una compensación económica por haber sido utilizado como sujeto de experimentación por la doctrina psicoanalítica.  Federn se lo derivó primero a Eduard Hitschammn y luego a Helen Deutsch quien, con evidente ironía,  escribe: "El psicoanalista fue de la opinión que una mujer analista sería mejor - ¡podía en efecto reemplazar a la tía muerta! Sugirió mi nombre". El sobrino de Hermine  nunca se presentó en el consultorio, pero persiguió a Helen por las calles de Viena hasta que su marido contrató un detective para protegerla. De allí en adelante,  no se supo nunca más de Rolf. La muerte de Hermine fue caldo de cultivo de chismes denigratorios motivados, en gran parte, por razones políticas. Muchos aprovecharon para culpar a los psicoanalistas no médicos, por ejemplo a Reich, acusado de ejercicio ilegal de la medicina. Los psicoanalistas legos, los que verdaderamente lograron el reconocimiento del psicoanálisis, fueron - paradojalmente - víctimas de las acusaciones. Los kleinianos no se quedaron atrás: aprovecharon la trágica oportunidad para denigrar a los vieneses.

[14]Principio de Relajación y neocatarsis (1929).

[15]Análisis de niños con adultos (1931).

[16]Elizabeh Roudinesco rescata la figura del talentoso psicoanalista húngaro: Ferenczi buscaba en el psicoanálisis las maneras de aliviar el sufrimiento de sus pacientes. De modo que las grandes hipótesis generales lo atraían menos que las cuestiones técnicas. Era más inventivo que Freud en el análisis de las relaciones con el otro. . En una carta de 1908, descubrió la existencia de la contratransferencia, al explicarle a Freud su tendencia a considerar los asuntos del paciente como suyos propios. Dos años después, Freud conceptualizó la noción para hacer de ella una apuesta esencial en la situación analítica. Es decir que la correspondencia  epistolar entre los dos hombres tenía la función de hacer surgir nuevas problemáticas que después servían para nutrir la doctrina común. La contratransferencia, teoriza Freud en El porvenir de la terapia analítica (1910), se instala en el psicoanalista por la influencia que ejerce el paciente sobre su sensibilidad inconsciente. De allí se  deriva la necesidad de que el analista, a através de su propio análisis, haga consciente su inconsciente.

[17]Este ensayo fue  leído en el XII Congreso Internacional de Psicoanálisis.

[18]Pierre Sabourin titula así su prefacio al Tomo IV de las Obras Completas de Sándor Ferenczi.

[19]La antigua psiquiatría designaba con ese término a toda manifestación de un paciente considerada no creíble. El diccionario médico alemán Pschyrenbel define a la pseudología fantástica como la “invención de experiencias que tan sólo son cuentos  de hadas”. (Ver  Jeffrey Masson).

[20]Es absolutamente inexacto y tendencioso el diagnótico de Jones,  que incluso publica en su biografia sobre Freud. Los testimonios de Balint, Sambourian, Jiménez Avello y Genovés Candioti nos brindan una versión distinta y sin segundas intenciones. Tan solo hablan de la verdad histórica.