Diario La Razón- 26 de septiembre de 1987 (1)

Diez años y una base de datos
(Contratapa)

Está cursando el quinto grado en una escuela estatal, vive en Barrio Norte, es hincha de Boca y de noche pone “en línea” una base de datos propia que se llama “Tetelo”. Ezequiel Glisnky, de apenas diez años, hace tres que estudia computación, también inglés y juega al tenis. Todo tiene para él una absoluta simplicidad. “Lo mejor es buscar datos, pensar nuevas experiencias para la computadora”, asegura. Piensa que va a estudiar algo relacionado con la electrónica o el diseño de sistemas, pero el futuro no parece inquietarlo. Una mamá psicoanalista, “out line”.

No tiene sólo. O apenas. Simplemente tiene diez años, se llama Ezequiel Glinsky y cursa el quinto grado de una escuela estatal cercana a su casa, en pleno Barrio Norte. Hace pocos días, como anticipo de la primavera, puso “en línea” (hay que acostumbrarse a la nueva jerga) un BBS (2), que viene a ser algo así, para la inmensa legión de prediluvianos que no están en la onda de la informática, como un pequeño banco de datos, correo electrónico y anuncios públicos con acceso telefónico vía computadora, claro que se llama “Tetelo”.

“Al programa original lo conseguí hecho, pero le hice unas cuantas modificaciones en el menú principal y las opciones, cosa de adaptarlo a lo que yo quería ¿viste?, le cuenta al cronista, dando por sentadas una cantidad de cosas, entre otras que sabe todo lo que el cronista no sabe ni va a saber nunca. “Además, estaba pinchado y lo tuve que arreglar para que anduviera”.

Ezequiel es hincha de Boca, pero los tres años que lleva estudiando inglés y computación se lo deben hacer más soportable: “Hice un año de logo, pero me aburrió, ahí los sprietes son muy complejos”, trató de explicar ante quien, en la materia, todavía no ha podido encontrar ni siquiera dónde está la dichosa tortuguita. “El basic es mucho mejor. Ahora, al programa de mi BBS lo compilé y...¿Vos entendés algo de lenguaje de máquina?

Después de llegar a un afectuoso pacto donde, a cambio de abandonar el “japonés computacional” (también conocido como “castemático”) no se lo iba a verduguear por su inocente condición de xeneize, Ezequiel aceptó que hizo karate, que los sábados a la mañana raquetea tenis con su madre, que tiene amigos algunos de los cuales también despuntan el vicio de los Chips & Cía. y que por día se pasa varias horas con la máquina. Cuando se le pregunta cuántas, su respuesta es maduramente fresca, adorablemente bordeando la malicia: “Varias”, dice, como si ya estuviera ducho en reportajes, asediado por zumbantes cronistas. “Yo las cuento”.

El futuro no parece tenerlo demasiado inquieto: “Me gustaría estudiar algo relacionado con la electrónica, no sé, tal vez programación. De lo que sí estoy seguro es que voy a seguir con el BBS hasta que ande con bastón”. Sorprendido, el cronista le pregunta si él cree que para eso se falta mucho. “Bastante, ¿no?” responde, él también bastante perplejo.

Punto obligado de la charla, en su cuarto, con los intrusos del periodismo ocupándole su cama-diván: qué encuentra, cuáles son las satisfacciones que depara esa planchuela de plástico con un teclado que no termina ser máquina de escribir ni empieza a ser calculadora y encima agrega teclas dignas de una expendedora automática de sánguches o gaseosas, “Creo que buscar datos”, responde, “pensar experiencias para ella”, pronombre que involucra al artefacto capaz de almacenar 128 k de información y hacerla correr vaya a saberse a qué velocidades impensadas. “Pero lo mejor de todo” ataca Ezequiel, dispuesto a no esconder nada “es ver que esas cosas que parecen complejas cuando están en la pantalla, vistas por dentro son tan sencillas”. (¿Glup!) “Por eso, en el BBS, prefiero siempre ser operador y no usuario”.

¿Cómo empieza todo esto en una criatura? Mamá Isabel, que es psicoanalista, aceptó que tuvo que ver con la iniciativa: “Creí que era el futuro, que le iba a abrir las neuronas”, recuerda. “Lo charlamos y vino un muchacho estudiante de ingeniería a darnos clases, adorable, que sabe muchísimo, pero a los cinco minutos yo no entendía nada y lo miraba a Ezequiel pensando, pobrecito, se debe estar aburriendo. Cuando el profesor se fue, Ezequiel me dijo: “Es fantástico”. Al resto de las clases me tuve que quedar para hacer compañía, no sé, en el fondo era un papelón que yo no entendiera algo que para un chico era más fácil que lo que le enseñan en el colegio”.

De noche, por el 805-5318 -aclaro que ese número ya le dimos de baja- en forma totalmente gratuita, por supuesto, se puede entrar a “Tetelo”. Entre los servicios que ofrece hay cantidad de trampitas, trucos y ardides que se pueden hacer en casa con una computadora hogareña. También está la posibilidad de enviar y recibir mensajes, poner anuncios y en todo caso, a falta de luciérnagas, llenar de neutrones luminosos los cableados que cruzan las terrazas de la gran ciudad.

La última pregunta fue por qué “Tetelo”, con tan extrañas resonancias como poco que ver implicancias binarias y otros periféricos: “Porque cuando era chiquito y me preguntaban cómo me llamaba, como no podía pronunciar Ezequiel, decía Tetelo”, explicó.

Con todos sus diez años a cuestas no pudo entender por qué el cronista se retiró refunfuñando, igual que si en la RAM o la Rom interior se le hubiera quedado clavada alguna posición de memoria: “ Cuando eras chiquito, cuando eras chiquito, ¿y ahora qué sos, me querés decir?”.

(1) Fue un lindo regalo de cupleaños. Ezequiel nació el 28 de septiembre de 1976.
(2) Los BBS fueron los anticipos de Internet con sus webs. Algo así me comentó Ezequiel un día, respondiendo a mi pregunta.


13-10-99 Feliz día por anticipado: De Ezequiel a su mamá

EL ANGEL DE LOS NIÑOS

Cuenta una antigua leyenda que un niño que estaba por nacer, le dijo a Dios:

- Me dicen que me vas a enviar mañana a la Tierra; pero ¿Cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?
- Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te está esperando: él te cuidará.
- Pero dime: aquí en el cielo, no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.
-Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
- Y ¿cómo entender que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar, y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.
- Y, ¿qué haré cuando quiera hablar contigo?
- Tu ángel te juntará las manitos y te ensañará a orar.
- He oído que en la Tierra hay hombres malos ¿Quién me defenderá?
- Tu ángel te defenderá aún a costa de su propia vida.
- Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.
- Tu ángel te hablará de Mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque Yo siempre estaré a tu lado.

En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño, presuroso, repetía suavemente:

- Dios Mío, si ya me voy dime su nombre. ¿Cómo se llama mi ángel?
- Su nombre no importa, tú le dirás: Mamá.