18
de abril de 1998 Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.
Carrera
de especialización en psicoanálisis freudiano. Directora: Isabel Lucioni.
Jornada
¿Elecciones de vida o estructuras psicopatológicas?
El
psicoanálisis frente a: transexualidad, travestismo, homosexualidad, bisexualidad,
paidofilia, etc.
Panel
: Isabel Lucioni, Ricardo Avenburg, Mario Cingolani, Norberto Inda, Isabel
Monzón
Coordinador.
Gustavo Lanza Castelli
Ponencia de Isabel Monzón
Las primeras consideraciones que quiero hacer son a partir del nombre de esta Jornada. En primer lugar, la homosexualidad y la bisexualidad no son ni elecciones de vida ni estructuras psicopatológicas sino que, al igual que la heterosexualidad y la masturbación, son variantes de la sexualidad en los distintos caminos que ella puede tomar. En segundo lugar la paidofilia, el bestialismo, la necrofilia, el exhibicionismo, el frotterismo, el voyerismo, el sadismo y la violación sexual, de la que el psicoanálisis en general no hace ninguna mención, son indudablemente prácticas sexuales patológicas. En tercer lugar, considero que la transexualidad y el travestismo merecen reflexiones que no estoy en condiciones de hacer, ya que no tengo experiencia clínica con ellas. Por otra parte, no tendríamos que dejar de preguntarnos por la subjetividad de los varones heterosexuales que buscan tener relaciones sexuales con travestis o transexuales.
Como considero que solamente la clínica da bases, convalida y refuta nuestras teorizaciones, es precisamente desde esta clínica que hago mis apreciaciones. Mi experiencia es vasta tanto con adolescentes y adultos que han sido víctimas de abuso sexual durante la infancia como con homosexuales, fundamentalmente mujeres. Tengo muy poca experiencia con abusadores porque, en general, no consultan. Estoy pensando acerca de ellos fundamentalmente a través de los relatos de sus víctimas y gracias a los aportes de quienes sí tuvieron experiencia clínica.
En cuanto al tema de la homosexualidad, tengo plena conciencia de que mis ideas acerca de que no es ni una elección de vida ni una estructura psicopatológica sino un variante de la sexualidad, no son compartidas por todos los psicoanalistas.
El mismo Freud, en variadas ocasiones, expresó ideas muchas veces contradictorias. Por ejemplo, en sus Tres ensayos para una teoría sexual (1905) incluye a la "inversión" entre las aberraciones o perversiones sexuales, juntándola, en la misma bolsa, con la paidofilia, la necrofilia, el bestialismo, el sadismo, etc. Esta clasificación es errónea, en tanto se compara un vínculo amoroso y de mutuo consentimiento entre dos personas del mismo sexo con relaciones donde un individuo mantiene una actividad sexual con una pareja inapropiada o involuntaria que no consiente y a la que se le infringen sufrimientos o humillaciones.
Aunque Freud se refiere a la "perversión" humana como un universal, a la sexualidad infantil como polimorfa y a la bisexualidad como patognomónica del hombre, también dice, con respecto a la homosexualidad, que la falta de un padre fuerte en la infancia la favorece, deslizando la idea de una falla en las relaciones de objeto, falla que, por ende, provocará patología. Por otro lado, declara que la investigación psicoanalítica se opone terminantemente a la tentativa de separar a los homosexuales como una especie particular de seres humanos y que no se conocen los orígenes ni de la homosexualidad ni de la heterosexualidad. En las Conferencias de Introducción al Psicoanálisis (1916-17) va un poco más allá cuando afirma: Nos vemos precisados a considerar la elección de objeto dentro del mismo sexo como una ramificación regular de la vida amorosa. En 1935 respondía así la carta de la angustiada madre de un homosexual: Indudablemente, la homosexualidad no representa ninguna ventaja, pero no es algo de lo que haya que avergonzarse, ni un vicio, ni una degradación, no puede clasificársela como una enfermedad; la consideramos una variante de la función sexual(...). Al preguntarme si puedo ayudarla, supongo que quiere decir si puedo abolir la homosexualidad y hacer que la heterosexualidad ocupe su lugar. Lo que el análisis pueda hacer por su hijo va por otro camino. Si es desdichado, neurótico, si se halla atormentado por los conflictos e inhibido en su vida social, el análisis puede proporcionarle armonía, paz mental y eficacia plena, tanto si permanece homosexual como si cambia .... De manera similar, en 1920 decía que su joven paciente lesbiana no era una enferma y que la empresa de mudar a un homosexual declarado en un heterosexual no es mucho más promisoria que la inversa, sólo que a esta última jamás se la intenta cambiar, por buenas razones prácticas. Pero, por otro lado, en la carta del 35, Freud considera a la "inversión" como una detención del desarrollo. Además, con respecto a la joven homosexual, confunde el amor de su paciente hacia una mujer con una identificación masculina - confusión que, por otra parte, se repite en otros psicoanalistas y que merecería nuestra reflexión. En los últimos años de su vida Freud no dedicó especialmente al tema ningún ensayo, aunque oportunidades clínicas no le faltaran, entre ellas la de haber tenido como paciente a la talentosa poeta lesbiana Hilda Doolittle.
Si, ha pasado casi un siglo desde que Freud diera a luz aquellas primeras teorizaciones, teorizaciones que, aún presentando lagunas y contradicciones, forman un conjunto coherente abierto a elaboraciones posteriores. Mientras tanto, los psicoanalistas hemos escuchado, durante estos años, a muchos pacientes. Hemos pensado también mucho y escrito otro tanto, aunque no siempre con auténtica creatividad y libertad de pensamiento. Sabemos - o tendríamos que recordar, de tanto en tanto- que no somos omniscientes y que necesitamos conocer las investigaciones de otras disciplinas científicas, de otras corrientes psicológicas y de aquellas posturas que, siendo también psicoanalíticas, ignoramos. Pero, como el mismo Freud lo señalaba, el intelecto puede ser usado como instrumento de poder y esto se pone muy en evidencia en tantos casos de psicoanalistas que, precisamente por una razón de poder, siguen aferrados a sus "verdades" haciendo oídos sordos a cualquier otro aporte que le sea desconocido o que haga peligrar su dogma. Aunque el dato provenga de la realidad clínica.
Entre los pocos psicoanalistas contemporáneos que reflexionan de una manera creativa en general y en particular acerca de la homosexualidad, se encuentra Christopher Bollas, quien en su libro Ser un personaje. Psicoanálisis y experiencia de sí mismo enfatiza que cualquier empeño por establecer una teoría abarcadora de la homosexualidad requeriría distorsionar las diferencias aisladas e importantes entre los homosexuales, acto que, en casos extremos, podría constituir lo que él llama un genocidio intelectual.
La ambivalencia heterosexual hacia el homosexual ha llegado a ser un aporte intrínseco al dolor psíquico del homosexual. y ha contribuido en parte a consolidar lo que Bollas llama el ruedo homosexual. Con este término él se refiere al espacio de los baños o los cines, en donde priman relaciones promiscuas y fugaces. Lugares de encuentro "de eso a eso", donde el objeto del ello usurpa el placer del yo. El problema que asedia a aquellos varones homosexuales que buscan relaciones fugaces, es una particular aflicción despersonalizadora. El ruedo forma parte de lo que en otros textos se denomina ghetto. Refiriéndose al lesbiano, Hilda Rais dice que el ghetto parecería ser el lugar en donde poder ser en totalidad, en cambio es la pausa organizada para seguir soportando el malestar cotidiano, continuo; lugar alentado desde afuera en tanto no se vea, no haga ruido, no se manifieste. Las relaciones amorosas se circunscriben a un círculo limitado, en una especie de obligada endogamia dentro de la cual se potencian los celos y la rivalidad. En las mujeres más que relaciones fugaces abundan las que no pueden disolverse, las que denomino simbióticas. Para comprender estas diferencias entre gays y lesbianas es insoslayable reflexionar desde una perspectiva de género. En todas estas dolencias participa, sosteniéndolas, la comunidad heterosexual a través del genocidio intelectual, genocidio que se cristaliza en lo que Wienberg denomina homofobia y que, cuando el homosexual la introyecta, se potencia como homofobia internalizada.
Pero, a pesar de que los homosexuales padecen el estigma que alcanza a cualquier grupo de personas que "sale del armario" del mundo interno para declarar sus fantasías eróticas, ellos se han visto beneficiados por una reflexión colectiva acerca de la naturaleza de su vida erótica, y en este sentido se puede afirmar que conocen mucho más de sí mismos que cualquier otro grupo sexual, incluidos los "heterosexuales normales". Estas reflexiones colectivas expresadas en textos escritos, como por ejemplo novelas y diarios íntimos, indagan de una manera literario - psicológica lo que significa ser homosexual. y le sirvieron a C. Bollas para sus elaboraciones psicoanalíticas. Él dice haber aprendido más de esta literatura que de los escritos psicoanalíticos pertinentes. Yo también tuve la oportunidad de enriquecer mi comprensión acerca de la subjetividad lesbiana a partir de textos literarios.Entre muchas otras, es clásica la obra de Radcliff Hall El pozo de la soledad, de principios de siglo y, más actualmente, En Breve cárcel de Silvia Molloy y Carol de Patricia Highsmith.
Ahora que ya quedó claro que la homosexualidad no es ni una patología ni una elección de vida sino una variante de la sexualidad humana y, que en todo caso el homosexual puede hacer síntomas neuróticos, psicóticos o perversos al igual que el heterosexual, puedo hacer alguna breve referencia a lo que es una verdadera perversión de la que poco se ha ocupado el psicoanálisis: el abuso sexual, la violación y la prostitución de menores . Con una salvedad. Si no uso la palabra paidofilia es porque la considero inapropiada. Si filos es amor, y paidos niño, el término paidofilia repite el discurso tendenciosamente engañoso del abusador, sobre todo cuando se trata del padre, que encubre su abuso disfrazándolo de acto amoroso. Entre paréntesis y en este sentido, hubiera sido interesante esta tarde, que además de proyectar la película El juego de las lágrimas, hubiésemos tenido la oportunidad de pensar acerca de otro film: Actos privados por que allí queda bien claro en donde reside la perversión.
Pero, ¿por qué el abuso se produce con tanta frecuencia?. ¿Por qué la mayoría de los abusadores son varones?. ¿Por qué la mayoría de las abusadas son niñas? Para dar una respuesta es necesario también en este punto considerar la perspectiva de género Sabemos que las mujeres y los niños son los oprimidos mientras los varones son los opresores. El abusador usa la sexualidad como un instrumento de poder y de dominio sobre su víctima. Ella, por necesitada e impotente, no tiene otra salida que la de someterse. Igual que el exhibicionista, que el violador y el golpeador, al que comete incesto contra una criatura no lo mueve Eros sino el deseo de poder. Las propuestas de Jessica Benjamin en torno al problema de la dominación ofrecen, desde una perspectiva psicoanalítica, un interesante punto de partida para estas reflexiones.
En mi experiencia clínica se confirma que algo que Freud ya decía en 1895: habitualmente el abuso se comete dentro del ámbito familiar: tíos, abuelos, padres, hermanos, un amigo de la familia. Tal vez sea por este hecho que, aunque es un delito, por temor o por desmentida con demasiada frecuencia no se denuncia. Las estadísticas del abuso nos hablan de altos porcentajes. Los abusadores provienen de cualquier clase social, religión, raza, profesión y muchos de ellos son casados.
El abusador en general no consulta. Algunos especialistas en el tema afirman que no se rehabilita. Aunque muchas veces no presenta una patología evidente, sin embargo la tiene. Pero el hecho de considerar que el abusador está enfermo no debe ser utilizado como un argumento para desculpabilizarlo. En primer lugar, porque él sabe lo que está haciendo. En segundo lugar, porque cada uno es responsable de sí mismo, aún de su enfermedad y de sus síntomas. En tercer lugar porque el abusador es peligroso, en tanto puede repetir el abuso. Ël cosifica a su víctima. No la considera un ser humano. Como la criatura abusada no es para él su semejante no siente empatía hacia ella. Acá me viene a la memoria Schreber, cuando en su delirio denunciaba el asesinato del alma. Es frecuente que los sobrevivientes de maltrato y abuso utilicen esta expresión. Se trata de un proceso del que un tal Strindberg ya había hablado en 1887, refiriéndose a una política de destrucción del ser humano a quien - con el fin de dominarlo mejor - se le quita su principal razón de vivir. (Extractado de Maud Mannoni, De un imposible al otro). En 1832 el juez alemán Anselm von Feuerbach, acusó a los dos padres adoptivos de Kaspar Hauser de asesinato del alma. El niño había sido criado en la oscuridad total y privado de casi todo contacto humano durante 17 años.
atares del aparato psíquico del abusador, es imprescindible hacerlo.
Sabemos que frecuentemente los abusadores fueron ellos también víctimas de abuso pero también sabemos que no todo abusado se transformará en abusador.
Para finalizar, creo que los psicoanalistas, al igual que la Iglesia Católica con las brujas y los judíos víctimas de la Inquisición y el Holocausto, debemos pedirle disculpas a las mujeres, a las personas que sufrieron abuso sexual en la infancia y a los homosexuales. A las mujeres por haberlas forzado a creer, entre otras cosas, que el orgasmo clitoridiano era signo de inmadurez sexual. A las víctimas de abuso sexual por que al creer que fantaseaban y al desmentir nosotros la realidad de tal abuso, nos transformamos en cómplices de él. Y a los homosexuales por quererlos curar de una enfermedad inexistente. Debemos pedir disculpas por tanta, tanta iatrogenia.