Este texto fue enviado, para una eventual publicación, a la sección Opinión del Diario Clarín. Su objetivo era debatir algunas ideas expuestas por el Dr. Sergio Rodríguez en ese mismo diario el 22 de enero de 2002.

La responsable de esa sección, señora Analía Roffo, con la mayor cordialidad me comunicó que, como tenían mucho material para publicar,  se daría por cerrado el debate. Con similar cordialidad le respondí que me parecía que al debate no había existido, y ella me dio a entender que yo tenía razón pero el caso estaba cerrado. Como a  mi entender el tema merecía debatirse, le hice llegar mi texto a RIMA (Red Informativa de Mujeres). Antes de terminar este año, subo el texto a mi web.    

 

                                                De Doncellas, Amor, Terror y Muerte

                     

“Es como el huevo de la serpiente: bajo la fina membrana se puede advertir claramente a un reptil ya perfectamente desarrollado”.
                              Ingmar Bergman, El huevo de la serpiente.   

          

                                  Muerte y terror

  El sentimiento de terror atraviesa toda la historia relatada por Bergman en esa singular película. Terror por parte de las víctimas, perversión del lado de los victimarios y la desesperada búsqueda de una libertad que no llega jamás. El amor da sus señales, sí, pero entre un hombre y una mujer atrapados por el médico que hace crueles experimentos  con seres humanos. Es una historia de ficción con un sostén brindado por la realidad histórica. Los médicos nazis hicieron esos experimentos con cobayos humanos. De modo similar,  en otra película de Bergman: La fuente de la doncella – filmada por el gran director sueco en los primeros años de su carrera cinematográfica - la historia narra aconteceres que, lamentablemente, trascienden la ficción para hacerse reales. Roman Polansky no se queda atrás al filmar La muerte y la doncella, sobre el guión teatral de Ariel Dorfman, en el que se relata una historia perfectamente adecuada a los años de la dictadura sufrida tanto en Chile  como en nuestro país. En ninguna de esas películas vemos una relación amorosa entre la torturada o violada y el victimario. Tan sólo Muerte y Terror cancelando toda libertad. 

                                   Qué es el amor

  La psicoanalista francesa Piera Aulagnier define al vínculo amoroso con maestría:  el Yo del amante reviste de una carga amorosa privilegiada – aunque no exclusiva - al Yo del amado, al que, entre otras cosas, se le demanda placer sexual. Como hay otros destinatarios de los que también se espera lograr placer,  aunque no sexual, y con los cuales se siguen manteniendo diferentes vínculos -  no son necesariamente personas, ya que puede tratarse de un trabajo, una profesión, un hobby, etc. - el Yo mantiene, así, una libertad de desplazamiento en  sus relaciones afectivas  que le permite conectarse, según diferentes momentos y necesidades, con diversos intereses y fuentes de cariño y placer. Piera Aulagnier sostiene que el amor es una relación simétrica en la cual, en primer lugar, cada uno de los dos Yo es para el Yo del otro el objeto de una investidura privilegiada pero no exclusiva.  En segundo lugar, se trata de un vínculo en el cual cada Yo se muestra y es reconocido por el otro como fuente de un placer privilegiado pero también como detentando un poder  de  sufrimiento  igualmente privilegiado: "la relación de simetría se define por ese sitio de privilegio que cada uno ocupa para el otro en el registro del  placer,  y por el hecho de que cada uno atribuye al otro un mismo poder de placer y de sufrimiento". Este "y" que une placer y sufrimiento define esencialmente lo que Aulagnier llama simetría amorosa.  Se trata, así, de una relación en la que la reciprocidad limita la dependencia del amante con respecto al amado, y la torna compatible con esa posibilidad autónoma de amar a otras personas, objetos  o metas, hecho que preserva para el Yo del amante un valor narcisista fundamental. (En otras palabras, la autoestima.) Por otra parte, esos poderes de placer y de sufrimiento que recíprocamente poseen tanto el amado como el amante, explican  la  potencialidad  conflictiva  que  se encuentra presente en toda relación de amor así como la posibilidad de pasar de éste a la agresión. Agresión, pero no violencia, diferencia que no desarrollaré en este breve espacio.
     

                          Prisiones, perversión  y abuso de poder


 
En el amor hay libertad; en la perversión,  prisiones. La historia narrada por Liliana Cavani en Portero de noche habla de una prisión, siempre sostenida por la perversión de los  que hacen  abuso de poder. Hay victimario y hay víctima. Y hay, en todo caso, por parte de la víctima, una identificación con el agresor, que hace que ésta busque repetir una historia que le fuera traumática. ¿En donde está el amor?, le pregunto al doctor Sergio Rodríguez, autor de Tiempo de amores acorralados, una nota publicada el martes 22 de enero en la sección Opinión del Diario Clarín, en la que hace referencia a esa película.

  Es difícil que las personas que han sufrido traumas psíquicos puedan relatar esas zonas  oscuras de sus historias. Demasiado dolor las silencia y los psicoanalistas sabemos que, en nuestra tarea clínica,  es necesario respetar ese silencio. Se trata de una de las pocas situaciones en las que no esperaríamos de nuestros pacientes la tan mentada “asociación libre”, en tanto sabemos que al revivir esas experiencias - que han dejado una profunda herida en el alma -  ese paciente que tenemos frente a nosotros volvería a sentirse preso y revictimizado, en lugar de libre. Me refiero concretamente a mujeres y varones que han sido objeto de abusos sexuales o maltrato físico y  psíquico durante su infancia, a seres humanos que han sido víctimas de torturas generalmente originadas por la violencia de un Estado que, en lugar de cuidar, encarcela, tortura y mata. En “Ese infierno. Conversaciones de cinco mujeres  sobrevivientes de la ESMA” no hay historias de amor entre torturadas y torturadores. Ellas se las ingeniaron para sobrevivir sin hacer pactos fáusticos: ninguna de ellas vendió su alma. Cuando el citado psicoanalista dice en esa nota que la torturada desea “lograr  el "favor" del perverso”  torturador para salir de su “corral”,  creo que confunde la situación actual vivida por los argentinos con ese campo de concentración que fue la ESMA. Tal confusión se vuelve peligrosa y mucho más si la dice un psicoanalista. De igual modo, cuando una mujer es amenazada de violación, sabe que si opone resistencia, muere. Entonces, para salvar su vida “entrega” su cuerpo. Y esto no puede y no debe entenderse como el deseo de ser violada. Entre las secuestradas del proceso hubo varias historias así, aunque ninguna pueda escribirse. No por ahora. Aquí podríamos decir lo mismo que Maud Mannoni –otra psicoanalista francesa – cuando cita las palabras del escritor Rudyard Kipling: “los niños maltratados no entregan de buena gana su secreto, por miedo a encontrar algo peor si los traicionan”.  Mannoni relata que Kipling nunca les contó ni a sus padres ni a su muy querida tía materna acerca de los terribles tormentos que Rosa, su tutora, le infligía.

 Es de desear que las condiciones de nuestra Argentina actual no sean el campo propicio para el aterrizaje de una nueva oleada de nazismo. Que la serpiente – a veces símbolo de un terror paralizante - no aparezca como nuestra  salvación. Creo que ya aprendimos de la experiencia. 

Bibliografía: Actis, M; Aldini, G; Gardekia, L; Lewin, M ; Tokar E: Ese infierno. Conversaciones de cinco mujeres sobrevivientes de la ESMA. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. Año 2001.