Asociación de Psicólogos de Buenos Aires
Foro de psicoanálisis y género:
III JORNADAS DE ACTUALIZACION: Cuerpo y subjetividad: mujeres, varones,
construcciones teóricas y experiencias de vida.

18 de octubre de 1997.

Comentario al Workshop 7: Género y discursos culturales.

 

TRABAJOS:

"Lógica, metodología, sexismo". Prof. Mabel Alicia Campagnoli. UHABI.

"Reflexiones... utilísimas". Lic. Hebe Bancalari. TEG

"Masculino Barra Femenina.(Emma de La Barra. La otra escritura. Marginalia)". Lic. María Gabriela Mizraje. AIEM.


Género y discursos culturales


Comentarista: Lic. Isabel Monzón

A partir del momento en el que supe por Irene Meller que el Foro me había designado para comentar los trabajos de este workshop, me invadieron una lluvia de nostálgicos recuerdos. Aquellos de cuando Psicología era una más de las varias carreras de la Facultad de Filosofía y Letras, allá, en Viamonte, por los años sesenta. Cuando nos enseñaban que la Psicología era el último retoño nacido de su gran madre , la Filosofía. Recordé cuando los estudiantes de psicología compartíamos las aulas con los de letras, los de filosofía, los de historia, los de sociología. Hasta podíamos cursar materias optativas que eran de las carreras de ellos, por ejemplo "Introducción a la Literatura" con Delfín Leocadio Garasa como profesor titular y Enrique Pezzoni como adjunto. Era un lujo. Ahora, una vez más y como paliar la nostalgia, la Asociación de Psicólogos, a través de su Foro de Psicoanálisis y Género, vuelve a reunirnos.

En relación a su idea de que para ser psicoanalista no era imprescindible ser médico, Sigmund Freud escribió en 1926 "El análisis profano". Allí dice: "Si algún día se fundara una escuela superior psicoanalítica, debería enseñarse en ella mucho de lo que también se aprende en la facultad de medicina: junto a la psicología de lo profundo, que siempre sería lo esencial, una introducción a la biología, los conocimientos de la vida sexual, una familiarización con los cuadros de la psiquiatría. Pero, por otro lado, la enseñanza analítica abarcaría disciplinas ajenas al médico y con las que él no tiene trato en su actividad: historia de la cultura, mitología, psicología de la religión y ciencia de la literatura. Sin una buena orientación en estos campos, el analista quedaría inerme frente a gran parte de su material" Y más adelante agrega "En modo alguno consideramos deseable que el psicoanálisis sea fagocitado por la medicina y termine por hallar su depósito definitivo en el manual de psiquiatría, dentro del capítulo "Terapia". Como psicología de lo profundo y doctrina de lo inconsciente anímico, el psicoanálisis puede pasar a ser indispensable para todas las ciencias que se ocupan de la historia genética de la cultura humana y de sus grandes instituciones, como el arte, la religión y el régimen social., la lingüística, etc."

Lamentablemente, las recomendaciones del padre del psicoanálisis no se cumplen, salvo excepciones, como esta ocasión que nos reúne. Nos reúne para realizar también una transgresión a la palabra de Freud, ya que él, que, por un lado nos dio elementos para pensar que más allá de lo manifiesto se encuentra una otra lectura, la de lo latente. por otro lado creía que la anatomía era el destino. Leer un texto o comprender una realidad tomando en cuenta la perspectiva de género enriquece a la vez que transgrede la idea freudiana, de allí que esta perspectiva, no nacida del psicoanálisis, sea, en general, resistida por el movimiento psicoanalítico, tan aficionado a lo conservador.

Los tres trabajos que acaban de leerse obedecen a la invitación que Freud nos hiciera: ver más allá de las apariencias; encontrar, por debajo del discurso manifiesto, el significado latente. Alicia Campagnoli lo hace desde la filosofía, Gabriela Mizraje desde la literatura, y Hebe Bancalari desde la psicología. Las tres centran sus miradas, demás está decir, en la perspectiva de género.

En su trabajo Lógica, metodología, sexismo. Dos textos bajo sospecha, Campagnoli nos hace, ya desde el comienzo, una propuesta clara e interesante: sensibilizarnos con los materiales de trabajo. Con ese fin toma Introducción a la lógica, de Copi y Qué es esa cosa llamada ciencia de Chalmers. Consigue provocarnos un escalofrío cuando nos hace saber que el libro de Copi ya tiene en nuestro país treinta y cuatro ediciones y el de Chalmers 6. Cuántos ejemplares tendrá cada edición, cuantas fotocopias habrán hecho los estudiantes, cuantos textos que corren de mano en mano, cuantos otros textos que citan a estos dos, cuantas almas colonizadas por el discurso sexista. Almas que, a su vez, repiten esa ideología. Cuantos lavados de cerebro hechos a través de dos textos que, como dice Campagnoli, no son "fósiles de biblioteca" sino que están activos porque se usan en instituciones educativas de nivel medio y superior y en el ingreso a las universidades. Tomar conciencia de esto provoca horror pero desmentirlo, es ser cómplice de lo siniestro.

Campagnoli acepta, deliberadamente o no, la invitación freudiana y al mismo tiempo la trasciende cuando dice que enfrentó el libro de Copi buscando el mensaje manifiesto: la presencia de estereotipos de lo masculino y de lo femenino, para encontrar lo subyacente: mecanismos productores de particulares efectos de sentido que sostuvieran la distribución asimétrica de valores por estereotipo. Leyendo a Campagnoli volví a pensar que no siempre lo latente es algo inconsciente para el que produce el discurso sino que a veces hay una segunda intencionalidad absolutamente consciente, voluntaria y tendenciosa, en este caso la ideología sexista, que se disfraza con la piel de cordero de la ciencia o de la filosofía. Desde esta perspectiva, el mensaje llega de manera subliminal para quien lo recibe, no pudiendo comprender cabalmente la ideología que conlleva, ideología tramposamente disimulada. Me gustaría que Mabel Campagnoli me dijera si entendí bien y si hay algo de esto contenido en sus reflexiones. También quisiera que nos explicara un poco más en cuanto a su referencia a los ejemplos de Copi acerca de las falacias materiales y la de atinencia, concretamente al significado que tienen en lógica.

Me pareció una idea fuerte aquella de que "el sentido asimétrico se refuerza por la vía del humor porque se infiltra acríticamente y nos ciega respecto de la carga valorativa de su contenido". Parafraseando a Freud, diríamos: "El chiste y su relación con el discurso veladamente sexista". Sexista y violento cuando, como dice Campagnoli, el humor de Copi y el cientificismo de Chalmers invisibilizan el problema social de la violencia inter-sexos reduciéndolo a una cuestión de cualidades individuales de personalidad.

En cuanto al trabajo de Hebe Bancalari´, por cierto , sus "Reflexiones...me resultaron utilísimas". Pero también inquietantes. Luego de hacer una adecuada y sintética apreciación acerca del discurso sexista que caracteriza a nuestra televisión en particular y a los medios de comunicación en general, Bancalari observa que actualmente la franja horaria que va de las 14 a las 16 horas ha sustituido a los programas tipo Utilísima y la Salud de nuestros hijos con otros que contienen el siguiente perfil: un panel con público fundamentalmente femenino, una conductora o conductor que realiza incisivas preguntas con estilo intimista, un panel compuesto por cuatro o cinco protagonistas que relatan sus experiencias sobre el tema central de ese día. Esta temática, agrega Bancalari, generalmente apunta a cuestiones íntimas o privadas. A esta población se le agrega un o una profesional en psicología. sexología, psiquiatría, etc. A pesar del amplio protagonismo femenino, la ideología que estos programas transmiten sigue siendo la patriarcal. El público al que van dirigidos, básicamente mujeres, sigue consumiendo y repitiendo esa ideología e identificándose con las protagonistas que ocupan la pantalla.

Hebe percibe, adecuadamente, que para muchas panelistas que aportan sus historias de vida la pantalla les ofrece la ocasión narcisista de ser vistas y oídas por miles de personas. Pero, por otra parte, ninguno de esos programas da cabida a las mujeres que denuncian, que luchan, que podrían evidenciar la explotación de género y clase.

Quisiera agregar a la descripción de Hebe algunas observaciones hechas en base a mi experiencia personal. Cuando el equipo de producción invita al o a la profesional a formar parte del panel, lo hace generalmente de un día para el otro y no abona honorarios por tal participación, con lo cual forzosamente el profesional no sólo tiene que hacer cambios de horario a las apuradas sino que, además, se enfrenta con un inevitable lucro cesante. Y hay más. Como el equipo de producción conoce cuál es la especialidad de ese o esa profesional, suele pedirle auxilio para conformar el panel de protagonistas. Entonces pide, por ejemplo, que aporte con alguna adulta que ha sido abusada sexualmente durante su infancia o con alguna lesbiana que quiera tener hijos o no sea aceptada por su familia de origen. Cuando el o la profesional le habla del secreto y la privacidad que caracteriza a su consultorio, el equipo de producción pretende arreglarlo muy fácilmente con un "La ponemos de espaldas a la cámara". La o el profesional mueve horarios y se resigna ante el lucro cesante pensando que a través de sus reflexiones podrá acceder al sufrimiento de muchas televidentes y, tal vez, de alguna manera poder paliarlo.. Pero no es tan sencillo. En medio del programa de TV comprueba que hay muchas protagonistas en el panel y que todas, naturalmente, quieren hablar. Van a la tele buscando encontrarse con el que Meltzer llamaba "pecho inodoro" ( un espacio donde depositar todos los sufrimientos, pero que no brinda ni aliemento ni protección. Por otra parte, la conductora del programa parece tener la consigna de incentivar más el exhibicionismo y el voyerismo que la reflexión. El o la profesional callará, impotente o deberá sintetizar en diez segundos ideas que llevarían diez minutos para poder empezar a ser desplegadas. Eso entre tanda y tanda de avisos publicitarios y sin que falte algún o alguna colega que también ha recibido una invitación para formar parte del panel de especialistas. Resulta que de esa colega -porque en este caso es mujer - se conoce muy bien su oportunismo, se sabe que la Fundación que preside - y que se dedica a prevenir y tratar el abuso contra la infancia- es apadrinada por un legislador tal vez corrupto y entonces no sorprende que le esté haciendo guiños seductores al señor con cara de psicópata que protesta ante las cámaras porque dice haber sido acusado injustamente por su ex mujer de abuso sexual contra sus hijos. Cuando el programa termina, la colega que preside la Fundación se retira del estudio de televisión charlando seductoramente con el "caballero" acusado de abusador mientras que la primera profesional, la bien intencionada, discute con el equipo de producción, que se disculpa porque ha sido testigo del insólito "affair" y no sabe cómo arreglar la metida de pata de haber invitado a la psicóloga de la Fundación. A la semana, la colega bien intencionada recibe otra invitación para volver al mismo programa con el que se continuará tratando el tema del abuso. Cuando pone como condición asesorar previamente a la conductora sobre tan espinoso problema, deciden llamar a otra persona. Y, por supuesto, va otra colega bien intencionada a la que no dejan hablar u otra amante de otro legislador que financia a otra Fundación. Hasta aquí, el relato de una experiencia personal donde creo que está de más aclarar que yo he sido la colega bien intencionada a la que el abusador miraba con cara de "Vas a ver a la salida".

Si las reflexiones de Hebe Bancalari resultan inquietantes es porque hacen que nos preguntemos que debemos hacer: renunciar impotentes y no aceptar la invitaciones a ese tipo de programas o, tal vez, ir en equipo, porque no es fácil soportar de manera solitaria la multiplicidad de presiones que circulan en un estudio de televisión con un programa de tales características. Para terminar mi comentario sobre el trabajo de Hebe quisiera citar su última frase: "Es necesario participar en los programas de consumo masivo que proponen los medios, ya que ellos conforman el espacio político utilizado para mantener la subordinación de las mujeres. Y con igual poder puede utilizarse para proponer cambios. Queda por resolver el problema básico de la ética de tal participación"

Mientras leía el armonioso fraseo de Gabriela Mizraje, también sentí la tibieza de una lluvia de nostálgicos y escolares recuerdos. Esta vez venían más como sensaciones que como representaciones. No podía ubicar entonces en dónde y porqué resonaban en mí Stella y César Duayen mientras que Emma de la Barra me era una desconocida. Todo esto fue motivo suficiente para buscar en la biblioteca y tratar de desempolvar el texto de esta escritora. Fue en vano. No apareció. Y tampoco en las varias librerías en las que lo busqué. Hasta que al fin llegué a una librería de viejos y allí conseguí este ejemplar usado. Pero ya no hubo tiempo para leer más que dos o tres páginas. A pesar de esto es perfectamente posible seguir las reflexiones de Mizraje y enterarnos de las apasionantes anécdotas que rodearon a la publicación de Stella.

Así como Virginia Woolf , a propósito de las mujeres novelistas, relata que Jane Austen escondía debajo de un libro lo que estaba escribiendo cuando entraba alguien a su habitación y Charlotte Brontë interrumpía su labor literaria para pelar papas, así también Mizraje observa cómo Emma de la Barra, varios años después, hace uso del travestismo literario para provocar un éxito editorial irrepetible. En relación al ocultamiento de su condición de mujer, Gabriela nos hace saber que la escritora de Stella no solamente usó un seudónimo de varón sino que, además, cubrió el trabajo de crónicas de su segundo marido sin que se notara el cambio de mano. El tema de si la escritura de mujer tiene una impronta que le es propia se vuelve otra vez insoslayable.

Por otra parte, son deliciosas las descripciones que Mizraje hace acerca del retrato de Emma que publicó Caras y Caretas.

César Duayen y Emma de la Barra, dos nombres para designar a una misma autora, a la vez madre y padre de Stella. Pero, además, hay otro juego de espejos y es que en su primer matrimonio Emma es de la Barra de de la Barra. No podía dejar de llamarme la atención, ya que para llamarse así Emma debió cruzar la "barrera" del incesto. Cómo era este tío - marido, cuantos años le llevaba, etc. son algunos datos que incitan nuestra curiosidad.

Fue Mizraje la que me invitó a jugar con esta barrera cuando dice que la Sra. de la Barra de de la Barra se propuso quebrar alguna barrera, para que no todo quede en familia. La barrera de la ambición literaria. Para cruzar la ciudad y el país con un éxito que nunca más volvería a darse en esa magnitud.

Emma de la Barra escribe una novela y eso también es transgresor porque sólo la escritura de diarios y cartas le estaba permitida a las mujeres. Escribe una novela, pero no una novela cualquiera, sino una que desenmascara las hipócritas costumbres de su clase. Como Vita Sackville - West en Inglaterra.

Aunque sin el éxito que obtuvo con Stella, Emma sigue escribiendo. En 1932, teniendo setenta y un años, publica Eleonora. La autora, una mujer de blanca cabellera, dice en una entrevista que le hiciera la revista El Hogar: "No me gusta hablar, no significo nada" y explica que veinticinco años atrás las mujeres no podían traspasar "los límites del hogar". Emma de la Barra traspasa esa barrera al conseguir que El Hogar publique sus palabras. Habla de ella a través de sus personajes, firma sus libros travestida de varón. Esas, como diría Josefina Ludmer, son las tretas del débil.

Los trabajos de las tres autoras que hoy comentamos también pueden inscribirse en ese discurso del que habla Ludmer.