Este breve escrito es sólo a los efectos de presentar algunas reflexiones inconclusas a propósito de las relaciones entre subjetividad individual y procesos históricos, entre los avatares de la biografía y la subjetividad y las transformaciones  políticos y sociales acontecidas en el tránsito  hacia la modernidad  en el caso de Mary Wollstonecraft,   la autora de la Vindicación de los derechos de la Mujer.

Dos observaciones preliminares son necesarias: en primer lugar una relativa  a las relaciones entre pasado y presente, en segundo lugar otra acerca de la perspectiva analítica que guía este escrito, ligado a los intereses cognoscitivos y práctico-políticos del feminismo. 

Escribir de política/ escribir en clave de amor

Breves  consideraciones a  propósito de Mary Wollstonecraft
(& William Godwin)

                                                             Por Alejandra  Ciriza 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde una cierta  iluminación Benjaminiana,  no cualquier pasado puede advenir, sino sólo aquel en el que el presente se reconozca.  El caso Wollstonecraft, de la misma manera que tal vez el de Rousseau pone en juego las tensiones entre  lo personal y lo político, entre las convicciones expresa y públicamente declaradas y los modos bajo los cuales ellas afectan, constituyen, transforman la subjetividad individual;  entre las condiciones políticas de escritura y los objetivos colectivos y los avatares morosos de la subjetividad individual y los entresijos del inconsciente.  

El venir hacia el presente de Wollstonecraft se liga, por una parte a la recurrencia del debate en torno de los derechos de las mujeres, a la inevitable incomodidad  que nos recorre cuando de los derechos de las mujeres se trata, por la otra al recurrente desencuentro entre subjetividad y política, a las tensiones  inherentes a los desencuentros (tal vez la expresión más precisa sea desajustes)  entre el orden del deseo individual y los proyectos políticos emancipatorios que  las feministas hemos tejido y destejido a lo largo de generaciones[1].

Esta será una lectura necesariamente primera y apresurada a propósito de las formas de relación entre lo personal y lo político, visto  desde la mirilla  pequeña que  puede proporcionar a una lectora contemporánea la correspondencia intercambiada entre  Mary Wollstonecraft y William Godwin entre 1796 y 1797, que cesa apenas unos días antes de que Mary muriese  a causa de una septicemia post parto. 

Las razones  por las cuales  alguien, desde el presente, pueda interesarse en la lectura de las cartas intercambiadas por quienes fueran considerados por Holcroft como “La más extraordinaria pareja casada que exista hoy” ( Godwin,  1993, Introduction) no sólo están ligadas a la eventual curiosidad que pueda despertar  el espacio de lo biográfico, sino más bien guiada por el interés en analizar las relaciones  entre subjetividad y política. 

Escribir sobre política:  la Vindicación

Wollstonecraft es, ni más ni menos que la autora de uno de los textos más significativos en la historia del feminismo,  la Vindicación de los derechos de la mujer,  publicado en  1792,  bajo el signo de un tiempo que ha marcado  de modo peculiar la historia de las mujeres, el de los albores de la modernidad.  Desde la perspectiva sostenida por  la ilustrada inglesa, una sociedad justa supone la consideración de todos los sujetos como iguales en derechos, de allí la importancia de la incorporación de las mujeres, en calidad de iguales en el nuevo orden político y moral.   Dice Wollstonecraft: 

  “... si las mujeres han de ser excluidas sin tener voz ni participación en  los derechos de la humanidad, demostrad primero, para así refutar la acusación de injusticia y falta de lógica que ellas están desprovistas  de inteligencia,  si no este fallo en vuestra nueva constitución pondrá de manifiesto que el  hombre se comporta inevitablemente como un tirano, y la tiranía, cualquiera sea la parte de la sociedad hacia la que apunte el frente de su cañón, socava los fundamentos de la moral” (Wollstonecraft,  1792: 23).

No es el propósito de este escrito exponer en forma sistemática las consideraciones volcadas por Wollstonecraft en su Vindicación sino sólo señalar rápidamente algunos de los compromisos teóricos y políticos que el texto trasunta, inscripto en  un programa  de construcción de un orden político nuevo iluminado por la razón. Supuesto que la organización del antiguo régimen repose sobre el privilegio y se halla edificado sobre la solidez de la tradición  y la  costumbre,  de lo que se trata es de  atacar con la razón esa “ciudadela” y sus fortificaciones a fin de construir un orden nuevo, igualitario y justo en el cual todos los sujetos sean tratados como si fueran iguales [2]. A tono con los ideales emancipatorios modernos de lo que se trata es de ingresar al orden ilustrado, un orden que, a tono con los precisos señalamientos de Kant, habría de proporcionar  a los sujetos la emancipación respecto de la autoculpable minoridad transformándolos en dueños de su razón y su voluntad. 

Desde la perspectiva de Wollstonecraft y un reducido círculo de hombres y mujeres ilustrados /as el ingreso al nuevo orden requería la erradicación de los prejuicios, y el final de la esclavitud padecida durante siglos por la mitad de la humanidad, las mujeres.  El lugar decisivo asignado a la  educación en la construcción del nuevo orden se debe a la confianza que Wollstonecraft, del mismo modo que la mayor parte de los y las ilustradas e ilustrados tenían en su capacidad liberadora. Era la educación recibida la que, al dirigirse  al corazón de las mujeres,  insistiendo en su sensibilidad y en el arte de agradar lo que las convertía en esclavas. Señala Wollstonecraft:

“Tanto Rousseau como los escritores de sexo masculino que han seguido sus huellas han exigido con vehemencia que toda la educación femenina se oriente hacia su único objetivo: hacer de las mujeres objetos de placer” (Wollstonecraft,  1792: 63). 

En contraposición con la propuesta volcada por Rousseau en el quinto capítulo de Emilio,  Sofía, el programa de Wollstonecraft sostiene una serie de untos programáticos ligados a la edificación de una nueva sociedad bigenérica. Lucha contra los prejuicios, educación igual para varones y mujeres,  estímulo de las capacidades racionales, “masculinización” de las damas.  Desde la perspectiva de Wollstonecraft sólo una sociedad de ciudadanos y ciudadanas iguales, una sociedad de sujetos racionales emancipados de la servidumbre y el vicio podría garantizar el advenimiento de un nuevo orden político.  La tesis de que la construcción de ese orden suponía   no sólo el asalto a la ciudadela de la costumbre, sino el control y erradicación de pasiones y prejuicios, de todo aquello que pudiera obstaculizar el libre uso de la razón  conduce a Wollstonecraft  a manifestar, a lo largo de la Vindicación, una profunda desconfianza respecto del mundo de los afectos, un mundo oscuro percibido como una acechante amenaza para las mujeres. 

El descubrimiento de las relaciones que ligan la arbitrariedad como principio organizativo del “ancien régime” y la subordinación de las mujeres, unida a la convicción de que sólo  la reforma de las costumbres a través de una educación igual par todos permitirá edificar un orden político nuevo constituye un argumento recurrente:  la educación diferencial  sólo refuerza la subordinación. Mientras un rey sea un rey  y una mujer una mujer, mientras sexo y privilegios heredados se perpetúen la sociedad no podrá sino reproducir relaciones de dominación  y su complemento necesario, la docilidad, la debilidad,  la sumisión:    

“Como filósofo leo con indignación los petulantes epítetos que utilizan los hombres para atenuar sus insultos, como moralista, me pregunto qué significan expresiones tan contradictorias como “amables defectos” o “encantadoras debilidades..... Creadas para ser amadas no deben pretender respeto, por temor a que la sociedad las rechace por masculinas”  ”(Wollstonecraft, 1977: 74)

La educación de las mujeres en la racionalidad  y el autocontrol es la única manera de emanciparlas del yugo varonil.  El estímulo de la sensualidad es considerado por Wollstonecraft como una estrategia tendiente a la interiorización y la perpetuación del dominio masculino sobre las mujeres. Sensualidad, disimulo,  retórica, adornos enturbian la capacidad de raciocinio y sujetan a la autoridad de otro.  Dice Wollstonecraft:   

 ....los hombres han acrecentado esta inferioridad hasta el punto que las mujeres se han situado casi por debajo del nivel de las criaturas racionales”(Wollstonecraft, 1792: 75).  

A tono con las concepciones éticas y políticas de su época Wollstonecraft no puede sino compartir con sus contemporáneos y contemporáneas una visión de la racionalidad como la luz capaz de hacer retroceder las tinieblas de las costumbres, las pasiones y los prejuicios. Las mujeres ingresarán al mundo humano en la medida en que puedan apropiarse de ese espacio que les ha sido negado, el de los conocimientos, la razón, los derechos políticos, la educación. Esta será la base para la construcción de una sociedad verdaderamente ilustrada, edificada sobre la construcción de acuerdos racionales y libres entre sujetos autónomos, individuos en el sentido kantiano de la palabra.


Escribir a dos voces a propósito de amor, encuentros y desencuentros.
 

En sus escritos políticos,   Wollstonecraft  afirma que la construcción de un orden político que valiera la pena ser vivido implicaba una  educación paritaria para  las mujeres, y la conversión del amor en una racional amistad.  La posición sostenida por la ilustrada inglesa no sólo implicaba una visión crítica del tipo de educación impartido a las mujeres sólo en razón de su sexo, sino la percepción del matrimonio como una  forma legal de la  prostitución,

Probablemente Mary advirtiera,   ya en 1792, aun antes de que una seguidilla  de experiencias amorosas traumáticas inscribieran en su piel el desencanto,    hasta qué punto el amor con su ejército de fantasmas podía perturbar el intento de construcción de una sociedad formada por individuos racionales y libres. Hurgar en esa correspondencia a más de 200 años  no sólo tiene como propósito escarbar en los fantasmas amorosos  de Mary y de Godwin sino más bien proporcionar un espacio de reflexión en torno de las complejas articulaciones que existen entre subjetividad y política.  En todo caso este es un primer borrador, una intentona exegética en procura de la reconstrucción de la doble cara de nuestras genealogías. La cara luminosa de Mary vindicante,  la cara compleja, muchas veces atormentada pero siempre lúcida de Mary enamorada. 

Las tensiones, desencantos y encantamientos  a las que los sujetara  su breve relación y la forma bajo la cual cada uno/a pudo ponerla en palabras  ha quedado de alguna manera ante nuestros ojos en ese privilegiado lugar de confidencias  e intimidades que era la correspondencia que  intercambiaron entre julio de 1796 y agosto de 1797  pocos días antes de que una septicemia post parto la llevara a la muerte,  acontecida el 10 de septiembre de ese año[3].  Quien fuera adalid en la lucha por la emancipación de las mujeres moría de la muerte más mujeril y frecuente en su época, una septicemia provocada por restos placentarios tras parir a su segunda hija, Mary Godwin.  Años más tarde Mary Godwin- Shelley escribiría a su vez,  en 1818 uno de los libros más célebres de la literatura gótica, Frankenstein,  o el moderno Prometeo[4].  

Godwin no había sido, ni mucho menos del primer amor de Wollstonecraft, quien contaba entonces con 36 años, una hija de 3 y al menos dos resonantes y sabidas historias  amorosas. Tampoco ella era el primer amor de William Godwin. Ambos compartían  ostensiblemente ideales políticos  y convicciones sociales,  e incluso  Godwin había señalado expresamente en sus escritos su  aversión por el matrimonio,   la institución en la que, desde su punto de vista se  ejercía la peor forma de la propiedad.

La singular relación que se construyó entre estos sujetos, las formas desiguales de sus intervenciones en esos espacios sin embargo articulados: proyecto político y proyecto vital, lo personal y lo político, por decirlo rápidamente,  señalan, en mi entender los desajustes entre los objetivos expresos en el espacio público y  las mucho más morosas formas de construcción de los vínculos en el espacio de la privacidad donde  es posible  advertir la  recurrencia de los fantasmas  a expulsar en el campo de la política.  Si lo personal es político una  mirada en perspectiva histórica,  arrojada hacia ese momento crucial en la historia de las mujeres, la modernidad ilustrada,  puede posibilitar una reflexión determinada acerca de las relaciones entre política y subjetividad. Probablemente esta exploración en le pasado permita percibir las mutuas desconexiones y los  espacios comunes,  las discontinuidades  y las lógicas diferenciales que regulan los intercambios,  las recurrencias y las curiosas sombras  que la subjetividad arroja sobre la política y la política sobre la subjetividad.  

Mary y William se encuentra, si bien es probable que se hubieran conocido antes,   en casa de Mary Hay. En 1796 Mary estaba en su madurez, intelectual y vital.  No sólo había escrito la  Vindicación y la  primera respuesta a Burke a propósito de sus consideraciones sobre la Revolución Francesa,  había atravesado una tormentosa relación con Gilbert Imlay, dos intentos de suicidio y  tenía una hija; Fanny,  de  tres años.  Una acumulación suficiente de experiencias en torno de aquello que, por así decir,  no es racional. 

Lo que sigue a continuación es apenas el producto de una primera exégesis que sin lugar a dudas es preciso completar, aun en el sentido elemental  de la ampliación del corpus a considerar: las Memorias del autor de la Vindicación de los derechos de la Mujer y Frankenstein. 

Breve cronología anotada de una relación amorosa.

Las cartas trasuntan los avatares de la relación, en el breve tiempo que duró, entre abril de 1796 y septiembre de 1797.  En abril de 1796  Godwin invita a  Mary a una cena con sus más destacados amigos: Samuel Parr,  Elizabeth Inchbald,  Thomas Holcroft y James Mackintosh. Godwin comenzó a cortejarla con entusiasmo,  e incluso compuso un tributo poético para Mary. Ella le responde en una carta, que probablemente sea la primera, perdida en  la Colección Abinger:

Quiero recordarle  que ha elegido Ud.  la tarea  más fácil:  escribir en verso acerca de mis perfecciones. Tal vez debiera insistir sobre sus propios sentimientos, es decir, darme una rápida visión de su corazón.  No haga la tarea de “escribir sobre”, se  lo ruego humildemente, dejando al margen  su  reconocimiento de estar hechizado. Sobre esto (un tributo poético) debo juzgar por el estilo en el cual fluye el elogio.  Para pensar debo observar sus cumplidos sin rima, cuando usted ha  dejado  algo por decir”(Godwin &Mary,  1977: 4).  

La respuesta de Godwin es irónica, casi en términos de desafío intelectual: Invénteme un tema, y le escribiré una carta, responde. Sin embargo los intercambios continúan.  Mary trabajaba entonces en su novela casi autobiográfica, The wrongs of woman or Maria, que luego Godwin editaría en forma póstuma.

En agosto la relación  de intercambio de cartas, escritos y visitas desemboca en un vínculo amoroso que desataría fantasmas de ambas partes

El 17 de agosto Mary escribe:

Siento que no he podido hablar con claridad sobre este asunto con usted. Déjeme explicarme brevemente.  Con lo conflictuada que he estado me ha tomado un largo tiempo lograr paz en mi mente. Tengo miedo

No es suficiente decirle que estoy fuera de punto conmigo misma Mortificada y humillada apenas entiendo por qué,   fuera de toda falsa delicadeza,   siempre temo  verme engañada. Yo debiera irme a Francia o a Italia con mi pequeña Fanny,  pero estoy convencida que es mi mente, y no el lugar, lo que requiere un cambio

Mi imaginación me retrotrae siempre a la miseria. Usted habla de las rosas que crecen profusamente en cualquier momento de la vida, y lo tomo, pero siempre encuentro las espinas

No quiere ser injusta.  Solo quiero decir que usted me parece haber actuado injustamente y,  embargado  por sus propios sentimientos,   usted olvida los míos o no entiende mi carácter.  Es mi turno de tener fiebre hoy. No estoy bien, estoy herida, pero no quiero herirlo.  Considere que he pasado como la fiebre por su imaginación,  una iluminación...   de mi parte  yo volveré a ser una caminante solitaria ( Godwin &Mary,  1977: 15). 

La paz ganada tras el tormentoso final de la relación con Imlay  se ve amenazada ante  la posibilidad de abrir un nuevo juego amoroso que puede finalizar, Mary ya lo sabe y lo teme, en abandono.  Las marcas de las experiencias amorosas pasadas retornan amenazantes y Mary ve en un rápido desenlace que vuelva a dejarla sola la posibilidad de escapar al dolor.  La respuesta de Godwin no se hace esperar. El mismo día escribe:

No sabes cuan honesto soy. Te juro que no he dicho nada que no sea estrictamente verdadero cuando describía la forma en que encendiste  mi imaginación el sábado. Durante un tiempo no pude pensar en ninguna otra cosa. Añoro enormemente tenerte en mis brazos.

Como cualquier hombre sólo puedo hablar de lo que sé. Y puedo afirmar que nada de lo que vi en ti podría autorizar la opinión de que la verdad podría haberme desengañado. No he visto nada que ti que no respete y adore. Conozco la agudeza de tus sentimientos y no hay nada que quisiera hacer par aumentar tu infelicidad

No me odies, no voy a abandonar. No me expulses. No vuelvas a ser una caminante solitaria. Sé justa conmigo,  puedes descubrir en mí mucho más que estupidez y cosas censurables.

Tienes sentimientos naturales y tienes la honestidad de decirlo.  Creo que haces bien, pero no dejes que te tiranicen. Estima cada cosa en su justo valor. Es mejor que seamos amigos en todo el sentido de la palabra, en el sentido de permitirnos ser amigos. Sé feliz,  resuelve ser feliz. Mereces serlo.  Las cosas que interfieren son la debilidad y los prejuicios,  y una mujer como tu puede,  debe, sacudírselos

Envíame una palabra, dime que puedo llamarte en un día o dos.   No ves cómo, mientras te exhorto a ser una filósofa,   mis propios sentimientos de miedo se agudizan.  Necesito algo tranquilizador, no puedo preguntarte esto a ti (Godwin &Mary,  1977:17)  

Este primer intercambio resulta decisivo, pues la resolución de Godwin  de permanecer, aún cuando también él padezca incertidumbres, serena a Mary Sin embargo el carácter recurrente de los miedos al abandono y a la fragilidad  a la que expone el sentimiento amoroso es recurrente a lo largo de toda la correspondencia:”los irracionales miedos y el cortejo de tormentos”, como los llama Mary,   el temor ante la ausencia,  o  las zozobras relativas a la intensidad de los sentimientos del / la amado /a,  retornan.  Como alguna vez señalara Piera Aulagnier el amor es una relación simétrica en la cual cada sujeto es para el otro el objeto de una investidura libidinal  privilegiada. Se trata de un vínculo en el cual cada uno es reconocido por el otro como fuente de un placer privilegiado pero también como el depositario del poder  de  infligir un sufrimiento igualmente privilegiado: la relación de simetría se define porque cada uno/a atribuye al otro/a  un sitio de privilegio en el registro del  placer,  y también por el hecho de que cada uno atribuye al otro un poder de sufrimiento igualmente privilegiado. Este "y" que une placer y sufrimiento define esencialmente lo que Aulagnier llama simetría amorosa (Aulagnier,  1994)[5].  El /la amado /a y el /la  amante tienen,  el /la uno/ a para el/ la otro/a la posibilidad  y la capacidad de producir tanto placer  como sufrimiento. De allí que  toda relación de amor esté, por así  decirlo, cercada por el conflicto, por la tensión entre placer y dolor,  así como por la  constante posibilidad de sobrepasamiento de los límites,  por la puja entre tendencias fusionales  y  conflicto, entre la ternura y la  tensión agresiva.  Es interesante analizar bajo esa luz las observaciones de Mary: 

Me ha gustado tu ¿puedo llamarla carta de amor? Mejor que la primera,  y puedo darte una alta prueba de mi estima diciéndotelo. Has calmado mi mente, que  había estado  durante la mañana atormentada por los viejos temores que amenazaban volver con nueva fuerza para convertirse en angustia presente. Al menos se han ido. Mis irracionales miedos y su cortejo de tormentos se han ido. Has conseguido desvanecerlos rápidamente. No los traeremos de nuevo por hablar  de ellos. Puedes verme cuando quieras... (Godwin &Mary,  1977: 18)  

La mayor parte de la correspondencia  gira en torno de la tensión irresuelta entre  el apaciguamiento y el  regocijo ligados al reconocimiento  de la pasión y ternura mutuas y  el distanciamiento y  el miedo,  la amargura o los reproches nacidos de la amenaza vinculada  al peligro de pérdida del otro/a o  a la sensación de daño o desconsideración por parte del /la amado /a  hacia los propios sentimientos.  La amenaza que se cierne sobre cualquier enamorado /a se precipita también sobre  Mary y William Godwin. 

Mientras Mary demanda  William procura  detener sus miedos, aventar sus temores, iluminar las oscuridades de sus sentimientos más frágiles. En carta del 22 de agosto dice: 

¿Humilde!?  ¡Por el amor de dios! Sé orgullosa, arrogante!. Tú eres...   pero no puedo decirte lo que eres. No puedo aún encontrar las circunstancias en las que  te unes a lo más frágil  de nuestra naturaleza.  Quisiera  alcanzarlo y expulsarlo (Godwin &Mary,  1977: 18

Sin embargo el amoroso cuidado que parece haber tenido Godwin  respecto de la posición de Mary sobre sí misma y sus sentimientos no le impidió formular críticas hacia su producción  escrita, especialmente hacia las peculiaridades de estilo.  La crítica mutua en el terreno intelectual y al parecer una solidaria colaboración constituyó para ambos un lugar no menor en la construcción de la  relación. Podemos hallar indicios en diferentes puntos de la correspondencia. Mary dice:

¿Me darás mi lección esta noche? No me enojaré mucho si mezclas  dulcemente tus disquisiciones según el modo de Milton.  La imaginación, en este momento ha tornado en conjunción con un beso y las sensaciones roban mis sentidos. No olvidarás,  te ruego,  esas graciosas pausas. Me has conducido a descubrir que escribo peor de lo que pensaba hacerlo. No pararé hasta cambiarlo, debo intentarlo o permanecer insatisfecha conmigo.  (Mary & Godwin, 1977:  35:   

A su vez William le dirige, entre el 5 y el 20 de junio de 1797, cuando estaban ya casados y esperaban la llegada de quien presumían "el pequeño William",  numerosas cartas relatándole  su viaje y los diferentes lugares por los que transita, a la vez que sus reflexiones acerca de la situación política, la educación de las mujeres,  el estado del teatro.  El mutuo respeto y la existencia de un terreno de acuerdos compartidos no parece haber sido obstáculo para la disidencia y las discusiones. Es Mary, sin embargo quien las marca con mayor énfasis, y la mayor parte de las veces con un ánimo beligerante que no parece haber hallado eco, no por lo menos en la escritura,  en su compañero, al parecer mas dispuesto al apaciguamiento y la tolerancia que a radicalizar los eventuales desencuentros.

Un punto particularmente conflictivo, además de las ambigüedades de Godwin respecto de alguna que otra dama,  parece haber sido la toma de decisión relativa al curso que tomaría la relación a partir de la noticia el embarazo de Mary[6].  Las quejas y reclamos de Mary son frecuentes, así como sus señalamientos relativos a la desventajosa condición de mujer. Al parecer la situación de embarazo pudo haberla sometido a grados mayores de tensión.

El  29 de marzo de 1797 Mary y William contraen matrimonio en Saint Pancras haciendo, además, pública, una relación que incluso sus amigos más cercanos ignoraban.

El tiempo del embarazo, los avatares de alguna enfermedad infantil de Fanny, las variaciones en el clima, el viaje de Godwin, los encuentros y desencuentros, entendimientos y malos entendidos salpican la correspondencia dotando de densidad a dos sujetos, un hombre y una mujer que a tono con su época, en el siglo XVIII soñaban con un orden político racional: 

 "La humanidad, incluidas las mujeres, llegará a ser más inteligente y virtuosa cuando una política sana consiga que reine la libertad" (Wollstonecraft, 1973: 79)

Un orden político edificado, mal que les pesara sobre la base de añoranzas y deseos sólo reconocidos a media voz en el intercambio de una correspondencia que no podía sino ser íntima, que indudablemente trasunta sus respectivas y compartidas posiciones políticas, pero que no puede reducirse a ellas. Indudablemente  el amor, como alguna vez señalara Mary, con su ejército de hadas y fantasmas era un obstáculo para la emancipación definitiva y racional, un sueño posible de soñar sólo bajo la impronta del deslumbrante siglo que viera nacer,  bajo la Ilustración, un nuevo orden político y social teóricamente incompatible con la perpetuación de prejuicios, la servidumbre, la arbitrariedad, un orden que,  sin embargo,   habría de chocar con la densidad de las experiencias individuales, con la solidez de la costumbre,  conun orden dado no sólo desigual en la distribución de derechos y reconocimiento, sino también  de la propiedad y los bienes.

Las difíciles relaciones entre política y deseo de las que las feministas actuales somos herederas hallan en el caso Wollstonecraft una cantera para pensar.  No sólo en los maravillosos sueños de libertad que hemos heredado, en la agudeza argumentativa de quien reclamara para las mujeres el lugar de sujetas de derecho y fuera capaz de sostenerse,   en el siglo XVIII,  como una mujer independiente, libre, una escritora y filósofa, como ella gustaba decir de sí, también en las oscilaciones que produce el deseo de felicidad personal y   los avatares a los que los fantasmas recurrentes del amor y los afectos nos someten aun hoy, cuando muy pocas de nosotras  (sus herederas casi en el sentido literal, mujeres ilustradas  de clase media)  arriesgamos la vida en la maternidad[7].

El 6 de junio Mary escribe a Godwin:

Los hombres se arruinan con la  franqueza, pero debo decirte que te amo mejor de lo que podía suponer cuando juré amarte para siempre.  Tengo que agregar que me gratifica tu benevolencia, eres una criatura tierna y afectiva,  y siento que has llegado a mi  vida dando y prometiendo tranquilidad y placer. 

No estoy fatigada de la soledad, pero no disfruto de mi cena solitaria. Un marido es una parte conveniente del arreglo de una casa, aun cuando su instalación sea descuidada. Te deseo en mi alma,  abrochado a mi corazón, pero no te quiero pegado a mí siempre. Tuya,  tierna y verdaderamente. Mary  (p.83)

Poco tiempo después, el 30  de agosto se anunciaba la llegada de la hija  (el imaginario William que ambos esperaban). Un parto aparentemente normal. Mary escribe: “sólo es cuestión de esperar”.  

10 días después,  el 10 de septiembre de 1797, moría Mary Wollstonecraft


alejandraciriza@hotmail.com


Fuentes empleadas:

Wollstonecraft,  Mary,   Vindicación de los derechos de la mujer, Madrid, Debate, 1977 (publicado a comienzos de 1792)

William Godwin & Mary Wollstonecraft. Letters of William Godwin and Mary Wollstonecraft (1977)  edited by Ralph Wardle, University of Nebraska Press, Lincoln and London. 

Kant, Immanuel, “Respuesta a la pregunta qué es la Ilustración”, en Filosofía de la historia, Bs. As., Nova, 1964, 58-67.

Bibliografía secundaria:

Aulagnier, Piera,  Los destinos del placer,  Bs. As., Paidós, 1994. 

Moller Okin,  Susan (1994)  Liberalismo  político,  Justicia y género, , en Perspectivas feministas en teoría política ,   Carme Castells compiladora,  Barcelona, Paidós,  1996. 

Monzón,  Isabel, De Doncellas,  Amor , Terror  y  Muerte, publicado en RIMA (Red informativa de mujeres de Argentina) servicio gratuito de la Colectiva Feminista Alfonsina Storni, Rosario, Santa Fe, Argentina,   30 de enero de 2002.

Pateman, Carole (1989)  Críticas feministas a la dicotomía público – privado, en Perspectivas feministas en teoría política ,   Carme Castells compiladora,  Barcelona, Paidós,  1996. 

Tomalin,  Claire,  Mary Wollstonecraft, Barcelona,  Montesinos editor,  1993.



[1] Hago referencia a un debate no menor en el campo teórico y político del feminismo y la filosofía política:  el de los derechos de las mujeres. Mientras una larga lista de teóricas, entre las cuales cabe mencianar al menos a Susan Moller Okin  (amén de  una larga genealogía de ilustradas que no nombraré aquí) aboga  en el doble espacio de la aspiración a la igualdad y el reconocimiento de la diferencia,  autoras como Carole Pateman señalan que la consideración de las mujeres como ciudadanas supone inscribirlas en una lógica que las incluye como individuos en tanto las desconsidera como mujeres  (Moller Okin, 1994;  pateman, 1989). 

[2] La expresión que utiliza Wollstonecraft es la ciudadela de la costumbre. 

[3] Las cartas han sido consultadas en su lengua original,  en una edición a cuidado de Ralph Wardle.  Es importante saber que Godwin, que se ocupó de publicar los escritos póstumos de su mujer, incluida la correspondencia  con Imlay  no publicó las 162  cartas que intercambiaron Mary y él antes  y después de su matrimonio,  en marzo de 1977. Las ordenó  cronológicamente y las guardó entre sus papeles privados.  

A su muerte los papeles  pasaron a manos de su hija,  Mary Shelley, quien a su turno las legó a Sir Percy  y su mujer.  Las cartas fueron divididas en tres lotes,   uno  fue a parar a la Bodleian Library,  la segunda al heredero de sir Percy y el tercero a la sobrina de Lady Shelley, Bessie Florence Scarley, madre del  Quinto Lord Abinger. De las originales 160 cartas preservadas por Godwin se han perdido 9,  cuya búsqueda en otras colecciones ha fracasado. 

[4] Existe un texto, de Monette Vacquin a propósito de Frankenstein. Según esta  autora Frankenstein  no sólo sería la puesta en discurso de las muchas veces que la muerte había irrumpido en la vida brevísima de su autora, Mary Shelley,  sino una suerte de desesperado asalto contra los delirios de la razón moderna y su irrefrenable confianza en la ciencia  la técnica.

[5]La sugerencia de leer el de  Piera  Aulagnier  surgió de un escrito de Isabel Monzón,  De Doncellas,  Amor , Terror  y  Muerte, publicado en RIMA (Red informativa de mujeres de Argentina) servicio gratuito de la Colectiva Feminista Alfonsina Storni, Rosario, Santa Fe, Argentina

 el 30 de enero de 2002.

[6] Si bien es verdad que Godwin pudo haber sido poco claro, especialmente con Elizabeth Inchbald, y tal vez con Ms. Pinkerton  no es menos cierto que Mary mantenía una enorme libertad en su relación con otros hombres, desde Holcroft y Opie (de ese tiempo es el retrato más célebre de Mary) hasta  Fuseli, con quien en algún momento tuvo un lazo  amoroso.

[7] Hago esta aclaración, aun cuando pudiera parecer innecesaria, porque a más de 200 años de la muerte de Mary por una septicemia post parto , las infecciones derivadas de abortos y partos continúan segando las vidas de las más jóvenes, de las mas pobres, debido a que son practicado sen condiciones insalubres.