Queridos
todos y todas y para los que quieran leer, voy a ir despacito para que me entiendan.
En primer lugar copio las palabras de un aviso fúnebre que se publicó
en el diario La Nación, porque me emocionó mucho. Nunca leo los
avisos fúnebres de los diarios excepto cuando muere alguien que me interesa,
que respeto, o que de una u otra manera, amo.
Lo cito: "No te acerques a mi tumba sollozando. No estoy allí. No
duermo ahí. Soy como mil vientos soplando. Soy como un diamante en la
nieve, brillando. Soy la luz del Sol sobre el grano dorado. Soy la lluvia gentil
del otoño esperado. Cuando despiertas en la tranquila mañana,
soy la bandada de pájaros que trina. Soy también las estrellas
que titilan, mientras cae la noche en tu ventana. Por eso, no te acerques a
mi tumba sollozando. No estoy allí. Yo no morí. (Oración
indígena) Y sigue diciendo: A mi querida doctora con respeto, admiración
y amor. Gabriela Tomasini. 17 de agosto de 2007-La Nación."
Bellas palabras de alguien que, es evidente, amó y respetó mucho
a Silvia.
Y ahora voy a referirme al dialogo que tuve con una de las hijas de Silvia,
Marina, que es psicóloga, estaba muy dolorida, la fui a saludar, charlamos
un rato aunque ella no me conocía. Me preguntó qué llevaba
yo pendiendo en mi cadena, y le respondí que era un llamador de ángeles.
Y ella me contó de una película que aún no vi."Qué
bello es vivir" cuyo director es Billy Wilder.
En esa película pasa algo con un ángel, pero lo que más
me quedó grabado de las palabras de Marina es que me cuenta-ese es mi
recuerdo del jueves 16 de agosto- que esa película tiene que ver con
lo que pierde un pueblo cuando se muere una persona. También mencionó
algo de las campanitas pero yo creí que se refería a las flores.
Luego de ver anoche la película entendí que la "campanita"
era mi llamador de ángeles.
En realidad, según averigüé después el director de
"Qué bella es la vida" es Franz Capra, pero hay otra llamada
"Las alas del deseo" que si es de Wim Wenders.
En ambas películas hay ángeles.
Voy a citar un comentario que encontré por Internet sobre la película
a la cual Marina se refirió y yo pude saborear anoche. Luego, lean con
paciencia, ya que más adelante agrego lo que pensé y sentí.
| ¡QUÉ BELLO ES VIVIR! (It's a wonderful life) | ![]() |
| Dirección: Frank Capra | |
| País: USA | |
| Año: 1946 | |
| Duración: 122 minutos | |
| Género: Drama, fantasía | |
| Intérpretes: | |
| .........James Stewart (George Bailey), | |
| .........Donna Reed (Mary Hatch Bailey), | |
| .........Lionel Barrymore (Henry F. Potter), | |
| .........Thomas Mitchell (William Bailey), | |
| .........Henry Travers (Clarence Oddbody). | |
| Guión: Frances Goodrich, Albert Hackett y Frank Capra;. | |
| basado en una historia de Philip Van Doren Stern. | |
| Producción: Frank Capra. | |
| Música: Dimitri Tiomkin. | |
| Fotografía: Joseph Walker y Joseph Biroc. | |
| Montaje: William Hornbeck. | |
| Dirección artística: Jack Okey. | |
| Vestuario: Edward Stevenson. |
SINOPSIS
Durante
la Nochebuena de 1945, abrumado por la repentina desaparición de una
importante cantidad de dinero, George Bailey (James Stewart), banquero de la
pequeña localidad de Bedford Falls, toma la decisión de suicidarse.
En el último momento, Clarence (Henry Travers), un viejo ángel
que aún no ha conseguido sus alas, le hace recapacitar sobre el verdadero
sentido de la vida.
CRÍTICA
Por Manuel Márquez
Hay películas cuya resonancia, derivada de un simbolismo que les hace
trascender el mensaje que emana de los términos estrictos de su narración,
alcanza un nivel mucho más alto del que cabría esperar de sus
meros valores fílmicos, ya sean éstos mate-riales o formales;
y, en algunos casos, con la particularidad de que dicha trascendencia se va
acrecentando con el paso de los años, hasta el punto de que tales películas
terminan alcanzando la categoría de auténticos iconos populares.
Creo no equivocarme incluyendo "¡Qué bello es vivir!"
en esta calificación, aun cuando su presencia y repercusión se
hayan ido atemperando y moderando en estos últimos tiempos -no se preocupen,
esto se arreglará con motivo de la revitalización comercial a
que pueda dar lugar cualquier aniversario o circunstancia similar, y quizá
tenga algo que ver en ello el hecho de que estos tiempos no sean, precisamente,
muy propicios para ciertos mensajes que de este film se desprenden. Y es que
"¡Qué bello es vivir!" -y, en tal sentido, ni su título
original ni el que ostenta en su distribución española contienen
el más mínimo ápice de engaño o despiste- es una
auténtica oda a la bondad, a la supremacía de los valores morales
positivos en la definición de la condición de una persona, y,
sustentada en tal tesitura, exhibe, sin la más mínima ambigüedad,
un retrato del mundo y sus gentes en el que no hay cabida alguna para matices
éticos o espirituales que puedan enturbiar su mensaje de fondo: ahí
radican todas sus miserias y grandezas, al menos desde el punto de vista temático.
Porque desde el punto de vista formal, o narrativo, el film de Capra muestra
una solidez y hechuras sobre cuya consistencia quizá no haya prueba más
concluyente que la de contemplar, pasados casi sesenta años desde su
estreno, y habiendo sido objeto de reposiciones casi permanentes, tanto en la
pantalla grande como en la pequeña, que no ha perdido ni un átomo
de su frescura ni un paso de su ritmo: la película se contempla, se absorbe
en un suspiro, y bien podría exhibirse como una muestra señera
de una maestría en el ámbito del narrar cinematográfico
que, hoy día, se hace cada vez más difícil de encontrar:
es la maestría de la "mano invisible", de ese trabajo del director
cuya brillantez radica en que no hay forma de apreciar dónde están
los rasgos "autorales" porque, sencillamente, no existen (ni se pretenden...).
En cuanto a las harinas temáticas, éstas sí que son de
otro costal. No es muy trabajoso entender que, tras la devastadora experiencia
de la Segunda Gran Guerra, el público americano no estaba muy predispuesto
a recibir historias de excesiva complejidad en cuanto al retrato de la condición
humana que las mismas pudieran plantear, y, en ese aspecto, el film de Capra
constituía un auténtico bálsamo que, como tal, fue multitudinariamente
(y muy bien) recibido. Pero el retrato de ese George Bailey, encarnado con una
naturalidad inconmensurable por un genial James Stewart (que labró con
este papel buena parte de su prestigio como uno de los más grandes inmortales
del firmamento hollywoodiense), está trazado con tan férrea linealidad
y con tan nulas concesiones al más mínimo desvío de la
recta vía, que se hace difícilmente creíble, tal es su
cúmulo de bondad y mansedumbre; más aún cuando no estamos
ante una bondad ineludible, o necesaria, determinada por la condición
de carácter de su poseedor, ya que Bailey no es un pánfilo o un
tonto, sino que es bueno porque así lo ha decidido, como opción
moral: George Bailey tiene preparación, carácter y ambición,
es decir, los mismos atributos y valía que podrían haberle convertido
(de hecho, eso hubiera sido lo previsible, lo esperable) en otro Potter (su
opositor y contrincante, un personaje cuya caracterización, física
y emocional, le acerca más al prototipo del villano de historia de superhéroes
que al del "malo del drama"), pero no escoge ese camino, y, llegado
a cada una de sus encrucijadas vitales, Bailey siempre opta por el sacrificio
personal y la renuncia a sus aspiraciones, en beneficio de aquellos que le rodean.
Son ese altruismo y ese desprendimiento atributos que difícilmente casan
con la escala de valores imperante a día de hoy, en la que la primacía
de un individualismo a ultranza hacen que una figura como la de George Bailey
pueda ser más bien tachada de ingenua que de bondadosa. No es un problema
de envejecimiento del mensaje o de la tipología de los personajes: es
que los tiempos que corren son como son.
En cualquier caso, se trata de un desajuste (por denominarlo de alguna forma)
que no empaña ni ensombrece la valía de esta enorme película,
y que, por tanto, dejan intacta su valoración actual: la carcoma de los
años lo va a tener muy difícil para hacer mella en este cuento
(tenido por muchos como navideño, cuando de tal apenas si apunta la circunstancia
meramente coyuntural de situar el acontecimiento desencadenante de su desenlace
en la víspera de la Nochebuena: podría haber sido situado en cualquier
otra fecha sin merma de la efectividad de su moraleja), al que, más allá
de cuan identificado se pueda sentir cada cual con la naturaleza y carácter
de su seráfico protagonista -que ése, y no otro- es el eje sobre
el cual gira y en el cual se sustenta todo su armazón argumental, no
se le puede negar una calidad cinematográfica notable.
Imágenes y sinopsis de "¡Qué bello es vivir!"
- Copyright © 1946 RKO Radio Pictures y Liberty Films. Todos los derechos
reservados.

Y
ahora, luego de los excelentes y adecuados comentarios sobre esta gran película
agrego lo que yo pude ver e ir engranando, mientras anoche la veía. Me
hizo llorar, debo confesarlo.
La película empieza con una misión. Un ángel que aún
no tiene alas, tiene que observar y conocer la vida de George Bailey y presentarse
ante él en el momento necesario: Cuando George intenta suicidarse. Y
ahí aparece Clarence, el ángel sin alas, un hombre simple, canoso,
risueño. Él se tira al río y con ese acto logra que George
también lo haga pero para salvar a Clarence.
Clarence se presenta ante George como su ángel guardián ante lo
cual George se ríe y no le cree, claro! Como creer que todas las buenas
personas tenemos un ángel guardián. Clarence confiesa ser un ángel
de 2da clase porque aún no tiene alas y luego nos enteramos que, para
tenerlas, tiene que hacer su tarea con su protegido. En un momento de desesperación
George dice que quisiera no haber nacido. Y ahí se desata lo más
interesante y conmovedor de la película de Capra. Clarence-al que en
un momento George llama "Gabriel", le muestra a su protegido que hubiera
pasado en ese pueblo si George no hubiera nacido. Y ahí entendí
lo que quiso decir Marina, que distinto hubiera sido todo si no hubiera nacido
su madre. O Marina, o vos, o yo, si queremos pensarlo.
George se desespera porque su esposa, madre de sus hijos, tuvo una vida distinta
por no nacer él. Porque no habrían nacido los hijos de ambos,
porque las personas humildes del pueblo no hubieran tenido sus casas- es que
George queda a cargo de una humilde empresa de construcción que había
fundado el padre.
Y desde esa empresa construyen casas para los trabajadores humildes, a los cuales
el malo Potter (su opositor y contrincante) quiere despojarlos de todo. Y fundir
a George para que no construya más. Es que no hubiera vivido el hermano
de George que cae al agua helada cuando ambos son pequeños, pero George
lo salva quedando sordo de un oído por lo frío del agua. Todo
el pueblo hubiera sido distinto, también sus gentes, si no hubiera nacido
George.
George le pide a su ángel nacer y así recupera el pueblo su vida,
las gentes sus casas, los hijos a su padre y la preciosa Dona Reed a su compañero
y marido. Ella desempeña un lugar especial en la película. A su
manera, es también una heroína. Porque sin ella, George no hubiera
logrado hacer lo que hizo.
Y algo más: una de las hijitas de George dice en un momento que cada
vez que suena una campana, un ángel logra tener sus alas. Y así
fue, suena una campana o campanilla y Clarence-Gabriel- logra sus alas luego
de haber cumplido su tarea de ángel guardián.
Marina, la hija de Silvia, me había dicho algo sobre las campanillas
pero yo creí que se refería a las flores -que según yo
supuse - estaban en el jardín del velatorio, cuando en realidad ella
se refería en ese momento a mi llamador de ángeles, que parece
una campanita.
Cuando mi breve dialogo con Marina terminó le di una figura impresa de
mi Arcángel Gabriel. Que ella aceptó gustosa. Le dije que la llevara
consigo, creyera o no, que mal no le iba a hacer.
Recomiendo ver la película, es un canto a la vida y le agradezco a Marina-no
conozco su dirección de correo- el haberme hecho conocer "Que bello
es vivir" de Capra. Y ahora agrego un comentario que encontré por
Internet de esa otra película que alguna vez vi y hoy vuelvo a verla.
Cito: "En el film "Las alas del deseo" del director Wim Wenders,
un ángel contempla la ciudad de Berlín desde la estatua resplandeciente
del Ángel de la paz. Sus alas se borran mientras él desciende
a las calles berlinesas a escuchar los pensamientos de los humanos; sólo
los niños pueden ver su presencia porque ellos se preguntan por aquello
que los adultos han dejado de cuestionar. "Cuando el niño era niño,
era el tiempo de estas preguntas. ¿Por qué soy yo y no soy tú?.
¿Por qué estoy aquí y no allá?. ¿Cuándo
empezó el tiempo y donde acaba el espacio?. ¿Es la vida bajo el
sol tan sólo un sueño? Lo que veo y oigo y huelo ¿no es
sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?
¿Realmente existen el mal y la gente que es mala? ¿Cómo
es posible que yo que existo no haya sido antes de existir y que alguna vez
yo, que existo ya no seré quien soy?" (Ángel)
Pensar
en interrogaciones, pensar el tiempo, el espacio, el mundo desde la pregunta
por el tiempo, el espacio y el mundo. Poder pensar la época y la humanidad;
permitirnos pensar nuestra territorialidad desde la duda por nosotros como 'acuñaciones
epocales': ¿quiénes somos, quiénes hemos sido, qué
será de nosotros?
El ángel que es eterno, que existe antes de la historia, que es puro
espíritu - está intrigado por este mundo -: humano, finito, histórico,
que es pura materialidad. Ese ángel desea lo mundano, lo urbano, lo terrenal,
lo fugaz, lo cotidiano; desea los olores, los colores, los dolores, los placeres
de este mundo. Recorre los rostros, los lugares; entonces busca un rincón
donde asirse, donde caer. Una mujer ilumina su búsqueda, vestida también
de ángel, pero es sólo un disfraz.
Esta mujer es una extranjera, se siente desterrada, sola en un mundo extraño, sufre una pérdida constante, en una vida marcada por la soledad. Sólo busca consuelo en lo que queda de este lugar; en las sobras de lo que dejan otros, lo que los otros desprecian.
"A
veces hablo de mí solo por fastidio. En momentos como éste. En
momentos como ahora. El tiempo calmará todo. ¿Es el tiempo la
enfermedad? Como si hubiera que inclinarse para seguir viviendo." "Qué
raro no siento nada; es el final y no siento nada. Como si el dolor no tuviera
pasado. Toda esa gente que recuerdo y recordaré. Empieza y siempre acaba
(...). Por fin fuera en la ciudad. Saber quién soy y quién he
llegado a ser (...)". "Casi siempre estoy demasiado consciente para
estar triste (...). Estar aquí. Berlín. Aquí soy extraña,
sin embargo, todo es familiar. De todos modos no me pierdo, siempre se llega
al muro. Esperaré una foto en la máquina, me saldrá otra
cara. Así iniciaría una historia. Los rostros, tengo ganas de
ver rostros (...). ¿Cómo debo vivir? Tal vez esta no sea la pregunta
¿Cómo debo pensar?
Sé tan pocas cosas. Quizás porque soy muy curiosa. A veces me
equivoco tanto porque hago como si hablara con alguien. Al cerrar los ojos dentro
de los ojos cerrados incluso las piedras cobran vida." (Trapecista).
El ángel se convertirá en humano para ser un extranjero junto
a ella. Ella que, al desaparecer el circo ha dejado de ser trapecista y busca
en otro lugar un destino. "De todos modos no me pierdo, siempre se llega
al muro", piensa en su búsqueda de identidad.
El muro es el pasado, por él no podemos dejar de ser lo que somos; por
el muro del pasado el presente debe volver a lo acontecido para sanar su herida
siempre abierta.
Otros ángeles recorren la Biblioteca de Berlín, allí está
el viejo poeta llamado Homero: él es el único que como un niño,
se pregunta por el tiempo (devenir) y el espacio (territorio), por la identidad
y la tragedia de saber al final quiénes somos.
Nostálgico de un mundo perdido, abandonado entre las ruinas de la ciudad
cercada por el muro, busca inútilmente la plaza de Potsdam, el café,
la tabaquería; los lugares que dejaron de existir después de la
guerra. La plaza hoy es un desierto, un desván, el recuerdo de los cuerpos
mutilados.
"El mundo parece perderse en la penumbra, pero yo narro como al inicio
en mi canturreo que me sostiene protegido a través del cuento de las
perturbaciones del presente y conservado para el futuro. Se acabó el
empezar muy lejos hacia delante y hacia atrás a través de los
siglos, sólo puedo pensar de un día para el otro. Mis protagonistas
ya no son los guerreros y reyes sino las cosas de la paz (...). Pero nadie ha
logrado aún entonar una epopeya de la paz. ¿Qué tiene la
paz como para no entusiasmar a la larga y que casi no se pueda narrar sobre
ella? ¿Debo rendirme ahora? Si me doy por vencido la humanidad perderá
a su narrador. Y una vez que la humanidad lo haya perdido también habrá
perdido su infancia." (Poeta)
El poeta, el último narrador, que como un niño abrirá la
interrogación ¿quién soy?, ¿por qué soy yo
y no tú? El narrador que ya no habla de la historia universal sino del
instante fugaz en el que vivimos; que ya no encuentra un lugar que no esté
cercado por las ruinas. El narrador es el único que puede escribir sobre
la paz - porque es el único que puede soñar - para que ésta
se transforme en un verdadero presente.
Un mundo sin la amenaza constante de la guerra, un mundo sin fronteras para
pensar lo verdaderamente humano aún en la tragedia que arrastra el progreso
cargado de imágenes vacías, ausente de poesía y de verdad.
Una clave aparece en la Biblioteca de Berlín poblada de ángeles: "Benjamín compró en 1921 el Angelus Novus de Paul Klee".
Para
Walter Benjamín el cuadro representa el ángel de la historia;
ese ángel no puede dirigir su mirada hacia el futuro, su rostro está
inclinado hacia el pasado; el horror de lo acontecido no le permite ver lo porvenir.
Las almas no podrán descansar en paz, como decimos cuando alguien ha
muerto, hasta saldar la deuda con un tiempo de injusticias que no ha sido resuelto
sino que, por el contrario, ese tiempo ha sido absuelto.
El vencedor siempre será el mismo mientras queden en el olvido los crímenes
cometidos en nombre del progreso, en nombre de un 'futuro mejor'.
"El ángel de la historia ha de tener ese aspecto. Tiene el rostro
vuelto hacia el pasado. En lo que a nosotros nos parece como una cadena de acontecimientos,
él ve una sola catástrofe, que incesantemente apila ruina sobre
ruina y se las arroja a sus pies. Bien quisiera demorarse, despertar a los muertos
y volver a juntar lo destrozado. Pero una tempestad sopla desde el Paraíso,
que se ha enredado en sus alas y es tan fuerte que el ángel ya no puede
plegarlas. Esta tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al
que vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él
hasta el cielo. Esta tempestad es lo que llamamos progreso." (BENJAMIN,
Walter. La dialéctica en suspenso. "Sobre el concepto de historia".
Chile. Arcis Lom. 1995. Página 54).
Los ángeles son los guardianes de la memoria, son los que nos acercan el consuelo de la eternidad, la promesa de la redención. Tal vez los niños y los poetas están más cerca de una conciencia (como autoconocimiento) que no tiene miedo de ver la tragedia de un mundo que se repite amurallado por la cobardía de justificar la violencia; de legitimar las desigualdades; de dar razones al sin sentido de la guerra. Sólo la memoria es capaz de derrumbar el muro de lo que hemos sido. De un lado del muro están los vencedores que son los dueños de la historia. Del otro lado, los vencidos serán los narradores de la verdad, oculta tras los velos de la clase dominante. Los personajes de "Las alas del deseo" que escribieron Wim Wenders y Peter Handke representan lo que somos como seres históricos: nuestra vida es una narración, somos los relatos de lo acontecido, somos equilibristas entre un pasado de horrores, un presente en ruinas y un futuro que augura un progreso que se encuentra atado a una mentira, a un olvido, a una injusticia.
"Narra, musa, el narrador. Arrojado a la orilla del mundo infantil, vetusto y a través de él; señala a cada cual. Mi público con el tiempo se volvió lector ya no está sentado en círculo sino cada uno por sí mismo y nadie sabe nada del otro. Soy un anciano con voz quebrada pero la narración sigue saliendo desde adentro y la boca entreabierta la repite, tan poderosa como fácil, una liturgia en la que no es necesario ser instruido en cuanto al significado de palabras y oraciones." (Poeta)
La infancia de la humanidad no es la edad primitiva, es el tiempo de las verdaderas interrogaciones.
También el filósofo nos advierte en sus sentencias:
"Aún el más valeroso de nosotros, rara vez tiene el valor de lo que realmente sabe..." (NIETZSCHE, Friedrich. El ocaso de los ídolos. Sentencias y dardos. Buenos Aires. Siglo XX. 1979. Página 7).
Sólo el ángel de la historia es capaz de mostrar la valentía de mirar el pasado con sus miserias y sus penumbras. No podrá desplegar sus alas hasta que aquellos que denuncian la barbarie del progreso dejen de ser señalados como los imprudentes, los necios o los dementes."
Isabel
Monzón
Sábado 26 de agosto de 2007
Colisteras, gracias a esta nota de Clarín -porque da la dirección
del velatorio- hoy a la mañana pude ir a despedirme de Silvia Bleichmar.
Tuvo un cáncer devastador pero aunque se creía que iba a morir
en marzo, murió ayer, lúcida, dando cinco de sus seminarios, hasta
que no pudo más.
Muchos y muchas llorábamos: pacientes, familia, colegas, amigas, alumnos...
Hugo Bleichmar, el hermano mayor de Silvia, venía de Madrid con Emilce-Dio
Bleichmar, su cuñada. No llegué a verlos pero ellos iban a llegar
a tiempo para despedirse. Ellos fueron mis maestros.
Una de las hijas de Silvia, Marina, es psicóloga, estaba muy dolorida,
la fui a saludar, charlamos un rato aunque ella no me conocía. Me preguntó
que llevaba yo en mi cadena, y le conté que era un llamador de ángeles.
Y ella me contó de una película que aún no vi."Qué
bello es vivir" cuyo director es Billy Wilder.
En esa película pasa algo con un ángel, pero lo que más
me quedó grabado de las palabras de Marina es que me cuenta que esa película
tiene que ver con lo que pierde un pueblo cuando se muere una persona.
Un pueblo digo yo. Un país. Y "Dolor País" es el título
de un libro de Silvia Bleichmar. ¿Le dolerá al país la
muerte de Silvia?, pienso que si.
Estaban las psicoanalistas Ana María Fernández, Marilú
Pelento, Yolanda Orozco, María Raquel Scarazzini y varias más.
Por la noche había estado el psicoanalista Alfredo Grande, quien me dio
la noticia anoche a través de un email.
También estaban la actriz Marta Bianchi, responsable de la sección
Mujer y Cine del INCA. Y la periodista Mónica Gutiérrez, excelente
periodista, muy apenada.
Ana Fernández dijo "y ahora con quién podremos confrontar"?
Porque para poder confrontar tenemos que tener alguien de la riqueza de pensamiento
de Silvia Bleichmar.
"Que bello es vivir" repito con las palabras de Marina.
Apreciemos la vida, y me quedo con la sensación de que Silvia no ha muerto,
porque nadie muere si es buena persona, si ha hecho bien ayudando a otros y
otras. Nadie muere si deja obra escrita y queda en el recuerdo de tantos corazones
que hoy la lloramos
Un
abrazo feminista
Isabel Monzón