Publicado
en el Diario Página 12 el 24 de febrero de 1994
Del diván a la astrología
Durante los últimos días de febrero, mientras nos despedimos de las vacaciones, los psicoanalistas nos hacemos las mismas eternas preguntas: ¿Volverán nuestros pacientes? ¿Tolerarán la distancia temporal que entre ellos y nosotros pusieron las vacaciones? ¿La
resistencia se dará otra orgía?
Pero en estos tiempos de fin de siglo los hechos se han vuelto, durante todo el año, aún más inquietantes ya que las personas que sufren males del alma parecen haber emigrado de los consultorios psicoanalíticos para probar otros rumbos. Así, recurren a la astrología, al tarot, a la quiromancia y a terapias alternativas varias centradas en lo corporal, flores de Bach, etc. Hasta existe una base de datos a la cual es posible acceder vía modem y PC para hacer consultas psicológicas. Otra veces, las personas sufrientes recurren a diversos cultos religiosos y a variadas sectas. ¿Cómo explicar el fenómeno? Una posibilidad, no sólo simplista sino además propia de Pilatos, es pensar que se trata solamente de las resistencias al análisis. Otra forma de responder al problema reside en que los psicoanalistas nos preguntemos si no somos nosotros mismos los que estamos espantando a la gente de los consultorios, forzándola, desde la desesperación, a buscar otros caminos. Caminos que a veces son idóneos pero que no siempre están sembrados de buenas intenciones.
El olvido del cuerpo y del alma
El psicoanálisis tiene sus paradojas. Aunque se fundó escuchando lo que desde su cuerpo sufriente decía una mujer, - Anna O.- se olvidó del cuerpo. Sin desconocer los importantes desarrollos en el campo de lo psicosomático y a pesar de ellos, el psicoanálisis dejó de lado al cuerpo y las emociones, al tratar de explicar todo de un modo racional. Es que no sólo el corazón, también el cuerpo tiene razones que la razón desconoce. Hasta parece que hubiéramos llevado hasta el extremo las afirmaciones freudianas de "donde haya ello debe advenir el yo" y "hacer consciente lo inconsciente", creyendo que es posible anular al ello y desconociendo que el inconsciente tiene sus propias posibilidades de resolución de conflictos. Las terapias corporales, el yoga, la acupuntura, etc., cubren esas necesidades del cuerpo que los psicoanalistas desconocemos. Cuando los profesionales que ejercen esas disciplinas son idóneos, son nuestros aliados y no nuestros enemigos.
También nos hemos olvidado del alma. Bruno Bettelheim nos llama con insistencia la atención sobre este hecho, recordándonos, por ejemplo, que la traducción de "psiquis" es "alma" y que ella alberga tanto al entendimiento como a las pasiones. Desde su costado humanista, Freud pensaba al psicoanálisis precisamente como la ciencia del alma. Los traductores que no son fieles a la letra freudiana, traducen "aparato mental" cuando Freud escribe "estructura del alma". El error de traducción lleva a un error de concepción. Conduce a desconocer las necesidades del alma. Cuando ella, por ejemplo, anda penando, no le alcanzan "la escucha y el discurso". Necesita algo más simple y cálido: un regazo, un hombro, una mano, un consuelo, una esperanza. Con buena suerte, el alma que pena recurre a los amigos y/o a la religión. Cuando, además de estar triste, el alma está perdida, suele buscar refugio en las drogas - a veces hasta con la complicidad de algún médico - y/o en sectas no siempre bien intencionadas. Los caminos de la espiritualidad también podrían ser aliados del psicoanálisis y no necesariamente estar enfrentados con éste.
Por otra parte, así como algunos psicoanalistas se obstinan en seguir sosteniendo concepciones psicoanalíticas que han dejado de ser vigentes, a veces olvidan o desconocen algunos otros saberes. En su ensayo Pueden los legos ejercer el psicoanálisis, de 1926, Freud decía: "Si algún día se fundara una escuela superior psicoanalítica debería enseñarse en ella mucho de lo que hoy se aprende en la facultad de medicina: junto a la psicología de lo profundo, que siempre sería lo esencial, una introducción a la biología, los conocimientos de la vida sexual con la máxima extensión posible, una familiarización con los cuadros clínicos de la psiquiatría. Pero, por otro lado, la enseñanza analítica abarcaría disciplinas ajenas al médico y con las que él no tiene trato en su actividad: historia de la cultura, mitología, psicología de la religión y ciencia de la literatura. Sin una buena orientación en estos campos, el analista quedaría inerme frente a gran parte de su material". Nunca, que yo sepa, se fundó una asociación psicoanalítica o escuela de postgrado en psicoanálisis donde se impartieran esos conocimientos. Esto conduce a que el psicoanalista sea, generalmente, ignorante de la moderna sexología, de la mitología, de la historia de las religiones, de la literatura. Tales desconocimientos provocan incapacidad para escuchar y comprender muchos conflictos y sufrimientos humanos, inclusive los propios.
Bruno Bettelheim, Otto Rank, Carl Jung, Wilhem Reich, Alfred Adler, Sandor Ferenczi y Rollo May, por nombrar sólo algunos, son pensadores importantes en la historia del psicoanálisis en particular y de la psicología en general. Sin embargo, sus ideas son prácticamente ignoradas. Ellos abordaron muchas de las cuestiones a las que antes hice referencia. Tal vez permanecen en la sombra porque, además de cuestionar algunas concepciones psicoanalíticas que se fueron cristalizando como dogmáticas, tuvieron ideas originales y propias. Este otro cercenamiento en la enseñanza provoca un letal empobrecimiento en la formación de psicoanalistas y psicólogos.
Gregory Bateson decía que "la mera racionalidad intencional, sin la ayuda de fenómenos tales como el arte, la religión, los sueños y similares, es necesariamente patógena y destructora de la vida". Es sin dudarlo otra paradoja que el psicoanálisis, que fue fundado sobre el mundo del inconsciente, recurra tanto a la racionalidad. Pareciera que, en realidad, el psicoanalista extremara a veces el uso de la racionalización, ese mecanismo de defensa propio del neurótico obsesivo. Pero los problemas a los que hacemos alusión trascienden el ámbito del consultorio psicoanalítico. La pura racionalidad, propia del Modernismo, empobrece la visión científica en general y provoca
una sensación de vacío y desesperanza en el alma individual. Tal vez, en este fin de siglo donde reina el escepticismo, se recurra a la astrología y al tarot buscando recuperar algo de la esperanza perdida.