Diario
Página 12 - Jueves 19 de agosto de 1999 Sección Psicología
ACEPTACION O DESMENTIDA DE LA VERDAD DEL ABUSO SEXUAL
"Creerle a la Neurótica de Freud"
Por Isabel Monzón *
* Directora de la Revista del Ateneo Psicoanalítico.
Desde
aquel "Suena como un cuento de hadas científico", con el cual Krafft-Ebing cerrara,
en abril de 1896, la reunión en la Sociedad de Psiquiatría y de Viena en la
que Freud expuso por primera vez su teoría de la seducción, hasta nuestros días,
el debate sobre el abuso sexual contra menores no cesa de provocar controversia
y actitudes extemporáneas dentro del movimiento psicoanalítico. En La etiología
de la histeria, Freud explica su "teoría de la seducción" sosteniendo que el
recuerdo de los abusos sexuales padecidos en la infancia provoca neurosis. Los
abusos sexuales, dice, son cometidos por un adulto extraño a la criatura, sin
el consentimiento de ella y con una secuela de terror inmediata a la vivencia.
Otras veces, la persona adulta es cuidadora del
niño. "Niñera, aya, gobernanta, maestro, y por desdicha también, un pariente
próximo." Unos días después, Freud le escribe a Wilhelm Fliess: "La conferencia
tuvo una recepción gélida por parte de los asnos y un juicio singular por parte
de Krafft-Ebing". En setiembre de 1897, en otra carta a Fliess, Freud expresa
que no puede seguir sustentando la teoría de la seducción. "Ya no creo más en
mi neurótica", escribe, y fundamenta su descreimiento en la "imposibilidad de
acusar al padre de perverso", inclusive al suyo, y en que considera poco probable
que la perversión contra los niños esté tan difundida. Cree ahora que el relato
de sus pacientes se apoya en un falso recuerdo, producto de sus fantasías. Poco
tiempo después, elabora la teoría del complejo de Edipo, en la cual el seductor
pasa a ser el niño.
A partir de estas dos diferentes y contradictorias posturas freudianas, el psicoanálisis
ha oscilado entre la creencia en la realidad del abuso y su desmentida, con
la subsecuente iatrogenia que la segunda postura conlleva. Muchos psicoanalistas
que, llevados por la clínica con menores víctimas de abuso sexual o con adultos
sobrevivientes, retoman la teoría de la seducción para darle una vuelta de tuerca
más, o dejan de ser considerados psicoanalistas o son calumniados o injuriados
por algunos "colegas". Tal fue el caso de Sandor Ferenczi. El creativo psicoanalista
húngaro abrió, en 1932, el XII Congreso Internacional de Psicoanálisis con la
ponencia Confusión de lengua entre los adultos y el niño: "Nunca se insistirá
bastante sobre la importancia del traumatismo y en particular del traumatismo
sexual como factor patógeno. Incluso los niños de familias honorables de tradición
puritana son víctimas de violencias y violaciones mucho más a menudo de lo que
se cree". Sigue: "El niño puede intentar protestar, pero a la larga es vencido
por la fuerza y la autoridad aplastante del adulto. Llevado por el temor y la
indefensión, la criatura se doblega a la voluntad del agresor y lo introyecta,
para poder seguir sosteniendo con él un vínculo de ternura". A este mecanismo
de defensa mental, Ferenczi lo llama "identificación con el agresor". El talentoso
psicoanalista húngaro murió en mayo de 1933 con la promesa de Ernest Jones de
publicar su trabajo en el International Journal of Psychoanalysis, promesa que
nunca cumpliría. Poco antes de morir Ferenczi, Freud, repitiendo lo mismo que
a él le hiciera Krafft-Ebing -o, como él mismo hubiera dicho, repitiendo activamente
lo vivido pasivamente- le escribe a Jones una carta en donde le dice que una
paciente de Ferenczi, la señora Severn, parecía haberle provocado a su analista
una "pseudología fantástica". (El diccionario médico alemán Pschyrenbel define
pseudología fantástica como la "invención de experiencias que tan sólo son cuentos
de hadas".) El polémico y valioso trabajo de Ferenczi se conoció recién en 1949,
gracias a Michael Balint.
Desde aquel descalificador "esos son cuentos de hadas científicos" que Krafft-Ebing
le dirigiera a Freud, hasta el duro diagnóstico de "pseudología fantástica"
que el mismo creador del psicoanálisis le endilgó a Ferenczi, las injurias y
acusaciones de psicopatología contra los psicoanalistas que toman una postura
activa frente a la grave realidad del abuso no han cesado. La historia se repite:
algunos profesionales de la salud no quieren aceptar la verdad de lo que escuchan.
En consecuencia, al faltar un oyente/interlocutor válido, si el paciente es
una criatura, el abuso persistirá y, si es adulto, insistirán sus efectos.
Curiosamente, parecemos olvidar aquello que el mismo creador del psicoanálisis
decía, a raíz del caso Juanito: "El niño no miente sin razón, y en general,
se inclina más que los adultos hacia el amor por la verdad. (...) Liberado de
su opresión, comunica a borbotones lo que es su verdad interior". Todos tendríamos
que animarnos a seguir creyéndole a la Neurótica de Freud. Tal vez así ella
también se animaría a dejar el refugio-cárcel de su neurosis.
SOBRE LOS EFECTOS DE LA VIOLENCIA EN EL DESARROLLO DEL APARATO PSIQUICO
"¿Usted deja llevar lápices a los chicos?"
Psicólogas que trabajan con chicos victimizados por la familia y la sociedad
teorizan la diferencia entre agresividad, sadismo y violencia, y presentan un
caso clínico conmovedor. "Mi hijo tiene maldad", dice la madre, angustiada.
Por Marta Nudelman y Martha S. Varela *
Estas reflexiones acerca de la violencia y sus efectos sobre el desarrollo del
aparato psíquico parten de una experiencia asistencial con niños en edad escolar
y sus padres, que venimos realizando hace varios años en un servicio de psicología
clínica de niños, dependiente de la II Cátedra de Psicoanálisis: Escuela Inglesa,
en el marco de un programa de psicología comunitaria de la Facultad de Psicología
de la UBA.
Inicialmente los niños, derivados en su gran mayoría por las escuelas de la
zona, lo eran predominantemente por problemas de aprendizaje. En los últimos
años, el motivo de consulta más habitual son los problemas de conducta, de inicio
cada vez más temprano, desde los primeros años de la latencia (6 o 7 años).
Intentamos diferenciar el concepto de violencia del de agresión y del de sadismo.
Consideramos la agresividad como una forma de respuesta del yo ante cualquier
amenaza. Junto con los impulsos amorosos, sirve de motor del desarrollo y de
base para la sublimación. La expresión de una cuota de agresividad acorde con
cada uno de los niveles evolutivos permite competir sanamente y afirmar la propia
identidad.
El sadismo, en cambio, tiene como meta específica provocar el sufrimiento físico
o mental del otro. Joyce McDougall reserva el término perversión para formas
de relaciones sexuales que son impuestas por un individuo a otro que no las
consiente (voyeurismo, violación) o que no es responsable (niño o adulto mentalmente
perturbado). Tal vez la forma de discriminar la violencia del sadismo sea atender
a la interdependencia que el sádico guarda respecto de su objeto y la connivencia
en el placer existente entre el sádico y el masoquista: esta simetría no tiene
lugar en el acto violento. La violencia nos remite al concepto de poder; apunta
a un desequilibrio de fuerzas donde el más fuerte abusa del más débil. Si bien
es dañina en sus efectos, su intención última no es dañar sino someter, doblegar,
dominar, paralizar. La violencia intenta apoderarse de la voluntad, el pensamiento,
la intimidad de quien la padece.
Adrián Rodrigo, de casi 10 años, es derivado por la escuela a la que asiste,
por "severos problemas de conducta". Por este mismo motivo la mamá lo retiró
a los 15 días de haber comenzado preescolar y a mitad de año cuando cursaba
primer grado. También repitió segundo, y cursa tercero.
Vive con sus padres y dos hermanitas menores en una casilla de una villa de
emergencia adonde se mudaron hace unos meses. Los padres no están casados legalmente.
El siempre quiso casarse; ella no; el hijo insiste en que lo hagan. Hasta su
mudanza a la villa, vivieron en hoteles. El es vendedor ambulante, ella se declara
ama de casa. Según la mamá, la violencia en la pareja comenzó cuando el hijo
tenía 3 o 4 años. El papá "desaparece con los amigos, viene borracho, se va
de boca, me maltrata, no se ocupa de los chicos...". Una vez, cuando el padre
le pegaba a la mamá, el niño, tras gritarle varias veces que la soltara, tomó
un cuchillo y amagó clavárselo en la espalda.
Cuando la mamá se refiere al niño, lo llama por su primer nombre. El prefiere
ser llamado por el segundo, homónimo del padre. Usa los dos apellidos, el paterno
y el materno, pero la madre al presentarlo invierte el orden, lo que generó
inconvenientes para ubicar la historia clínica. La mamá dice: "Adrián tiene
maldad, es atrevido. Encima en la villa es más difícil. Desde que empezó a caminar
fue así. A medida que crece está peor. Ataca a los demás y dice que lo hace
para defenderse. No cuida nada, ensucia la ropa, las paredes, con caca". Es
enurético y encoprético, si bien la encopresis disminuyó notablemente desde
hace más de un año. "Maltrata a las hermanas. Cuando tenía 5 años y la hermanita
5 meses, le sacó el pañal y le apoyó el pito. Yo le tengo desconfianza."
Muy angustiada, refiere su rechazo por el niño, que la llena de culpa. No logra
entenderlo y pasa muchas noches llorando. Lo agrede mucho, tanto física como
verbalmente. Por otra parte, pese a su edad, todavía lo baña. Adrián Rodrigo
trae, por encargo de la madre, su cuaderno con tres malas notas que dan cuenta
de falta de respeto a la docente y de violencia hacia compañeros a quienes llegó
a lastimar: "Es que había una nena que tenía mocos y a mí me daba mucho asco
(gesto de arcada), y, no sé..., la maestra me retó". En el juego dramatiza situaciones
violentas y de contenido sexual: autos que son arrojados por una rampa, que
chocan entre sí, o que atropellan a un caballo. Dos toros que se montan uno
sobre el otro por la parte trasera. También denuncia situaciones de riesgo en
las que se halla inmerso: "El otro día vi un choque entre un auto de policía
y otro. Se hicieron mierda". Respecto de una muñeca de la caja: "¿Por qué llora?
No me gusta esto". "Ahora que estoy bien (se refiere a la existencia de lápices
de colores en la caja) voy a pintar los dibujos de mi cuaderno. En el colegio
los chicos no me quieren prestar y yo no tengo. ¿Usted deja llevar algunos lápices
a los chicos?" "¿Sabés?, en mi barrio hay chicos que se drogan con pegamento.
¿Sabés cómo es? Lo ponen en una bolsita, se tapan con una campera y aspiran."
"El otro día estuvo la policía por mi barrio, estaban buscando a alguien, eran
un montón." Dibuja un helicóptero: "Es de la policía y está volando para ver
si hay alguien que roba". "Usted no le muestra ni le cuenta a mi mamá lo que
yo le digo, ¿no?" "¿Usted me quiere a mí?"; ante la sorpresa de la entrevistadora,
se sonríe y corrige: "¡No!, si me cree lo que yo le digo". Todos los árboles
que dibuja tienen un agujero en el tronco.
El niño sujeto a violencia carece de un sistema de defensas organizado que le
permita enfrentar el impacto, y generalmente depende, no sólo para su supervivencia
sino para completar su desarrollo mental, de aquellos que consciente o inconscientemente
lo violentan. Hay una facilitación a la violencia que deriva del enfrentamiento
con un objeto impermeable, la intensificación de la tendencia a la intrusión
que se produce cuando el niño siente que no está "llegando" al otro, que no
produce impacto o impresión alguna sobre la persona a quien se dirige.
Si se carece, en el curso del desarrollo, del espacio de contención emocional
provisto por las funciones familiares, capaz de significar la ansiedad y de
proteger al aparato psíquico del incremento de estímulos perturbadores, el proceso
de simbolización se verá obstaculizado. La constitución discriminada del mundo
interno, el equipamiento básico del self y la fluidez de la relación con sus
objetos se verán comprometidos.
En lugar de representaciones de experiencias emocionales que puedan ser utilizadas
para pensar, que sirvan de vehículo de comunicación y que sean traducidas en
acciones transformadoras de la realidad, éstas tendrán un carácter evacuativo.
Predominarán el exhibicionismo y el afán de dominio sobre los objetos, la perturbación
de las funciones psicosomáticas o los fenómenos de tipo alucinatorio.
* Texto extractado de un trabajo en la Revista del Ateneo Psicoanalítico,
Nº 2, de próxima aparición.
Posdata:
Presentación del Nº 2 de Revista del Ateneo Psicoanalítico: Subjetividad y propuestas
identificatorias. Problemáticas sociales y clínicas. El 20 a las 20, en Viamonte
1393.
El artículo de las licenciadas Nudelman y Varela y el de la licenciada Monzón
forman parte de ensayos publicados en esta Revista.