Entrevista
que iba a ser publicada –y lo fue pero sin fidelidad – en la Revista
Para Ti
del viernes 9 de mayo de 2008
Periodista Daniela Fajardo
Entrevistada Isabel
Monzón
DF-¿Qué ocurre en la mente de un pedófilo?
IM: Antes de comenzar quiero citar una frase del Talmud: “El mal existe
porque los hombres buenos no hacen nada”.
Y otra similar de Edmund Berke: “La maldad triunfa cuando los hombres
buenos no hacen nada”.
IM: En cuanto a su pregunta le respondo que prefiero no usar la palabra pedófilo.
La palabra paidofilia, además de no estar en los dos diccionarios consultados,
es frecuentemente usada para designar al abusador de menores. Paidofilia está
compuesta por dos raíces griegas: “paido”, que significa
niño y “phileo” que se traduce como afición, amor.
El término pederasta se origina en el griego “paiderastés”,
compuesto a su vez de las raíces “paidós”, niño,
y “eratés”, amante y sirve para definir tanto al hombre
que comete abuso deshonesto con un niño como al invertido o sodomita.
“Pederastía” figura también como: “Homosexualidad
practicada con los niños y, por extensión, homosexualidad masculina”.
Sodomía señala una relación libidinosa entre dos personas,
contraria a la naturaleza, y tiene como sinónimo a la perversión
sexual. También significa coito anal. Los diccionarios no hacen más
que reflejar el significado que las palabras tienen en un determinado idioma
y son influidos por los usos, las costumbres y la ideología social.
La primera trampa que quiero señalar reside en que se hace un paralelismo
entre el amor por los niños y el abuso sexual, de allí el uso
de “paidofilia” y “pederastía”. La segunda
trampa consiste en confundir el amor o la relación sexual entre dos
personas del mismo sexo con el abuso sexual hacia niños del mismo o
del otro sexo. En otras palabras, el abusador no ama a los niños, sino
que, haciendo abuso de su poder, los utiliza sexualmente. Es indistinto que
el ofensor cometa abuso contra una criatura de su mismo sexo o del otro. Lo
que marca su particular subjetividad violenta y delictiva es que es un abusador.
DF-¿Esto que sucedió en este caso es perversión o enfermedad?
IM:
Hay autores –entre los cuales me incluyo – que preferimos usar
la palabra perversión.
Entre ellos quiero destacar a Marie–France Hrigoyen que en su libro
El acoso moral define a esta clase de seres como “perversos
narcisistas. El Narciso, al no disponer una empatía con el otro es
incapaz de establecer una relación verdadera y solamente puede tener
un registro perverso, de malignidad destructora.” Indiscutiblemente,
y vuelvo a citar a Marie –France Hirigoyen, “los perversos sienten
un placer enorme y vital al ver sufrir a los demás, del mismo modo
que gozan al someterlos y humillarlos.”
Los delitos de Josef Fritzl me recordaron un hecho sucedido en Buenos Aires
en marzo del año 2000. Silvina y Gabriela Vásquez matan a puñaladas
a Juan Carlos, su padre.
No hay duda. Tanto en el caso de la hija de Josef Fritzl como en el caso de
las hermanas Silvina y Gabriela Vásquez se trata del abuso sexual incestuoso,
esa forma de apoderarse de un hijo o una hija para el goce perverso de un
“padre”. Y si pongo esta palabra entre comillas es porque esos
hombres no merecen ser llamados padre.
DF-Cómo se explica el incesto.
Sabemos
que, desde el punto de vista psicoanalítico, la sociedad humana se
funda sobre una ley: la prohibición del incesto. Ley que, si se ha
instaurado, es porque se la transgrede.
Si hablamos de enfermedad parece que lo justificamos. Y Josef Fritzl es plenamente
responsable de sus abusos, de sus violencias. Desde este punto de vista, no
está enfermo.
El hecho de que tanto el “Monstruo” Josef Fritzl como el “Diablo”
Juan Carlos Vásquez se conocen a través de la prensa. Pero los
otros delitos que se cometen día a día contra criaturas abusadas
no se conocen porque no salen en la prensa. Pero sí se escuchan en
el consultorio o en los juzgados cuando la madre de esa criatura abusada se
anima a denunciar al “padre” de esa hija o hijo.
Y lo que es peor es que es que tanto en nuestro país como en otros
hay organizaciones de” padres” que se reúnen para juntar
sus fuerzas cuando son acusados de abusadores.
Esas “organizaciones” en nuestro país de llaman: APADESHI,
ANUPA y RETOÑO. Tienen abogados, psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas
y terapeutas, profesionales de la salud que los asesoran. O sea que son profesionales
cómplices. Y que les venden el alma al diablo. Con buscarlos a través
de Google sabrán a quienes me refiero.
A esta altura de mis respuestas a las preguntas de la periodista Daniela Fajaredo,
me llama por teléfono una colega y amiga uruguaya que en estos momentos
está en Zurich, Suiza. De paso para ir luego a Grecia en donde dará
una conferencia sobre abuso sexual.
Y me cuenta que un psiquiatra de Zurich llamado Josef Sachs dice en un diario
de Zurich que el Fritzl se proponía como un Dios mientras que el psiquiatra
dice que es el Diablo. También relata que el hijo menor de Elisabeth
Fritzl al salir del sótano en donde estuvo encerrado los cinco años
de su pequeña vida, al ver por primera vez la luz del sol, preguntó
mirando al cielo: ¿“Allí está Dios”? Tal
vez, con esas palabras el niño dice que él creería que
su padre-abuelo- vivía en el cielo. O sea en la parte de arriba de
la casa.
El psiquiatra austriaco también relató que en su país
hay pocas denuncias sobre abuso sexual contra criaturas y que tal vez este
caso del que ya se habla en su país ayude a que haya más denuncias.
Mi colega también me cuenta que un periodista de Zurich, lo primero
que pensó fue que se trataba de un “Pater familia” pero
luego pensó que era un Patriarcado.
Me impacta profundamente las coincidencias que tenemos Josef Sachs y yo, sin
conocernos. Los dos hablamos de Dios y el Diablo para referirnos a estos monstruos
abusadores de sus hijas. Y me lo cuenta precisamente desde Zurich y ahora
mi colega uruguaya. ¿Son coincidencias? También considero una
ironía que Austria sea la cuna en donde nació el Psicoanálisis
y que el padre de esa ciencia y/o arte sea Sigmund Freud.
En cuanto a las palabras del periodista austriaco - del cual desconozco su
nombre - me recuerda un libro de la antropóloga argentina Rita Laura
Segato, quien es su libro “Las estructuras elementales de la violencia
Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis
y los derechos humanos” relata quienes son y porque existen los
violadores. Su trabajo fue realizado en cárceles de Brasil, entrevistando
a violadores. El capítulo 4 de su libro se lo dedica al Juez Baltasar
Garzón. En ese capítulo también Segato se refiere a la
violencia moral, de un modo similar al que hace la psicoanalista Marie –France
irigoyen.
Para Segato toda forma de violencia se remite al patriarcado,
DF-Cómo se explica el incesto
IM: Considero que en todo lo que le dicho ya está la respuesta a su pregunta
DF-¿Qué opinión le merece la actuación de Josef Fritzl? ¿Qué lleva a alguien a actuar de esa manera?¿Qué ocurre en la mente de un pedófilo?
IM: Es posible que este hombre o más bien esta “basura humana” haya sido abusado en su infancia. Según mi experiencia todos los abusadores fueron abusados pero no todos se identifican con su abusador, por lo tanto no abusan, cambian la historia. No estoy justificando a los abusadores, en tanto son responsables de sus actos, de sus conductas y gozan de manera perversa de sus abusos.
DF-Para los vecinos, Fritzl era un hombre ejemplar, para sus familiares, un monstruo. ¿Se da este doble perfil en personalidades como éstas?
IM:
Esta pregunta me recuerda a ese doble perfil de los nazis e incluso de los
torturadores de nuestra dictadura. Además tal vez sea porque el abuso
aparece mayormente en el ámbito de la “sagrada familia”,
aunque es un delito, por temor o por desmentida en general no se denuncia.
Por otra parte, en unas declaraciones a una revista austriaca, el abusador
dijo que él se crió con la disciplina del nazismo y que su madre,
que había vivido en el nazismo, se lo transmitió así.
DF-Según su opinión, ¿cuáles son las secuelas
psíquicas que pueden quedar en las víctimas?
IM:
Algunos psicoanalistas sabemos que aquellas personas que fueron muy conflictualmente
significativas ayer, permanecen en la psigue de nuestra paciente como si el
ayer fuera hoy, manteniendo tan fuerte influencia que aún parece que
le colonizaran el alma. Del mismo modo, cuando escuchamos a nuestra paciente
adulta recordar el abuso, nos encontramos con esa niña aterrada, impotente,
que se considera culpable, de manera similar a lo que nos relatan los terapeutas
que atienden niños abusados. Sólo que ahora, en lugar de tener
frente a nosotros a una criatura en su hora de juego, nos encontramos frente
a una mujer que viene, desde lo exterior sola pero que siempre trae, en su
interior, junto a la niña que ella fue, a todos los personajes internos
que de alguna manera estuvieron en su vida durante el tiempo del abuso, fundamentalmente
los padres y el abusador. Y tanto aquella niña que mi colega especializado
en niños atiende como la mujer a la que yo escucho, se sienten perdidas,
confundidas, culpables; por eso, necesitan que se les recuerde una y otra
vez cuánta fuerza vital tuvieron que movilizar para poder sobrevivir.
Esta adulta que nos consulta muchas veces se encuentra trabada en la posibilidad
de juzgar a su agresor e incluso se considera culpable del abuso, para poder
luego, metafóricamente, matarlo y enterrarlo. Cuando esta paciente
recuerda y narra tan sórdida historia, el abuso aparece como una experiencia
particularmente dolorosa y humillante de la que es sumamente difícil
hablar y a la que los terapeutas debemos abordar con la mayor prudencia y
cuidado, para evitar que nuestro acercamiento sea vivenciado como una nueva
intrusión abusiva. A veces, el relato se presenta de manera espontánea
y hasta inesperada. Otras, el terapeuta puede inferirlo y detectarlo a través
de sueños o de síntomas.
Por esos avatares de la memoria sabemos que cuando la criatura abusada se
vuelve adulta, con su desmentida logra convencerse, muchas veces, que el abuso
no ocurrió. Pero no debe confundirse este proceso con una simple represión,
porque con ésta el resultado es que un pensamiento, una imagen, un
recuerdo permanecen inconscientes. En la represión la lucha es contra
algo que proviene de uno mismo. En cambio, en el caso de la desmentida, la
percepción que es dada por inexistente proviene de la realidad externa.
Algo que existe no existe, algo que se ve no se ve, algo que sucede no sucede,
algo que pasó no pasó. Cuando la desmentida se pone de tal manera
en funcionamiento, el propio yo queda dañado, en tanto es atacada su
capacidad de reconocer una percepción, de aceptar algo como existente,
de discriminar como propia una sensación corporal. Este mecanismo psíquico
es útil en algunos casos. Todas las defensas lo son, según el
grado, el momento y la frecuencia con que nuestro yo las use en las diferentes
etapas de nuestras vidas, en tanto nos ayudan a enfrentar ansiedades y conflictos
cotidianos. Pero, si alguno de esos mecanismos se utiliza en demasía,
el psiquismo se daña. La amnesia de acontecimientos traumáticos,
fenómeno vinculado con la desmentida, se presenta a posteriori de un
traumatismo psíquico y es común entre los sobrevivientes de
guerra, campos de concentración, violación sexual, atentados
terroríficos, abuso sexual, etc. Las personas que han estado expuestas
a situaciones traumáticas pueden tener síntomas de disociación
(sonambulismo, alteraciones de la memoria) y signos de stress postraumático
(imágenes retrospectivas, alteraciones del sueño, pesadillas).
También puede suceder que estas personas se replieguen y aíslen
y/o que se depriman. A veces tienden a restarle importancia a las realidades
dolorosas del presente o están como insensibles o con sentimientos
de vacío. Pero, como bien puntualiza el terapeuta David Calof, citado
por Bass y Davis en su libro “El coraje de sanar”, “a diferencia
de las personas sobrevivientes de desastres públicamente reconocidos,
las personas que han sido abusadas sexualmente durante su infancia, no saben
por qué se sienten así. Frecuentemente sus recuerdos del trauma
o están fragmentados en desconcertantes mosaicos o no existen en lo
absoluto”. Estas personas son “veteranas de guerra muy particulares”,
guerras que han tenido lugar, por ejemplo en la cama de su propia habitación
o en la casa del vecino, con una secuela de heridas que tal vez nunca hayan
sido ni vistas ni curadas por nadie. Además, rara vez existen testigos.
En el escenario del abuso sólo se encuentran la pequeña víctima
y el victimario.
En el abuso sexual, la criatura es privada de su capacidad de disentir o consentir.
E incluso, frecuentemente, el acto de violencia es descalificado como tal
por el victimario, que le dice al niño: “Esto lo hago por tu
propio bien, no te puede doler tanto, te va a gustar, vos me provocaste.”
Es así que a la desmentida usada por la criatura para defenderse se
agregan mensajes por parte del ofensor que caracterizan la comunicación
de doble vínculo. Si la familia o cualquier otra persona ante la cual
el menor denuncia el abuso no le creen o no advierten, por otras señales,
que tal abuso está sucediendo, agregan, con su desmentida, un nuevo
acto de violencia sobre el psiquismo de la criatura.
Para que una conducta pierda su efecto traumático debe ser calificado
de tal. Por otra parte, aunque el abuso haya sido aislado, se instala en el
alma con la fuerza de los que han sido reiterados, porque la víctima
generalmente ha sufrido otros episodios de violencia: maltrato físico
y psíquico y otras experiencias sexuales traumáticas muy comunes,
sobre todo en la vida de las niñas: miradas obscenas, encuentros con
exhibicionistas y frotters, etc.
DF-Hace un año se conoció el caso de Natasha Kampush, otra chica secuestrada y convertida en esclava sexual de su secuestrador. ¿Cree que estos casos son aislados o están relacionados en el sentido que se dieron en la misma sociedad?
IM-
A diferencia de Elisabeth Fritzl, Natasha fue víctima de un desconocido,
no de su “padre”. Ella nació en Viena, el 17 de febrero
de 1988, otra joven austriaca que fue secuestrada esta vez por Wolfgang Priklopil
cuando tenía diez años de edad el 2 de marzo de 1998. Permaneció
en cautividad por su secuestrador durante más de ocho años,
hasta su fuga en 23 de agosto de 2006. El caso fue descrito como uno de los
más dramáticos de la historia criminal de Austria.
El 2 de marzo de 1998 Natascha dejó su residencia en el distrito vienense
de Donaustadt para ir a la escuela, pero no volvió a casa. Un testigo
declaró haber visto a Natascha subir a una furgoneta blanca y otros
dos testigos reportaron haber visto las letras G o GF (de Gänserndorf,
un distrito de la Baja Austria) en la placa del vehículo. Se llevaron
a cabo intensas búsquedas, pero sin éxito.
Priklopil, vivía en Strasshof an der Nordbahn en la Baja Austria, cerca
de Gänserndorf, a tan solo media hora en vehículo de Viena. Aunque
él indicó que en la mañana del 2 de marzo de 1998 estaba
solo en casa, ninguna investigación adicional se emprendió.
La policía quedó satisfecha con su explicación del motivo
por el que poseía la furgoneta blanca: transportar escombros de construcción,
ya que Priklopil hacía trabajos de construcción en su casa.
Además, no tenía antecedentes penales.
En 2001, un político de la región de Estiria, Martin Wabl, acusó
a la familia de la niña de complicidad en el caso. La policía
federal austriaca, sin embargo, no encontró ninguna prueba para tal
afirmación.
Natasha, al igual que Elisabeth Fritzl durante su confinamiento vivió
en un sótano a 2,5 metros de profundidad y solo 5 m² -- 2,78 m
de largo por 1,81 m de ancho y 2,37 m de alto -- en el sótano de la
casa de su captor. Era cerrado, sin ventanas ni luz del día y poseía
una puerta de acero.
A Kampusch no se le permitió salir de durante sus primeros años
de cautiverio. Estuvo seis meses encerrada en la celda. Luego, pudo subir
a la casa para lavarse. A los dos años del secuestro tuvo acceso a
una radio para escuchar noticias. Desde junio de 2005 tenia permitido salir
al jardín de la casa. Solamente después de febrero de 2006 se
le permitió salir de la casa en una ocasión.
Durante su cautiverio Priklopil le suministró libros y la educó.
Kampusch dice estar orgullosa de haber escapado de las tentaciones del mundo
exterior, como las drogas, las malas compañías y el alcohol.
Priklopil amenazaba a Kampusch con matar a quien ella le pidiera ayuda y también
amenazaba con suicidarse si ella escapaba. Kampusch en una ocasión
dijo haber imaginado y hasta soñado que si hubiese tenido un hacha
le habría cortado la cabeza a su captor, aunque ella desechó
rápidamente dicha idea.
Priklopil solía festejar con Kampusch los cumpleaños, pascuas
y navidad.
También solía hacerle regalos.
El 23 de agosto de 2006, Natascha estaba en el jardín de la casa limpiando
el automóvil de su secuestrador, un BMW 850i, y aprovechó un
momento de distracción de Priklopil para escapar. Eran las 12:53 del
mediodía. Pidió ayuda a una mujer de 71 años, conocida
como "Inge", quien no entendía que había pasado. Natascha
temía ser descubierta. "Tenía el temor de que esa persona
(Priklopil) asesinara a esa mujer, o a mí, o a ambas", recuerda.
La mujer dio parte a las autoridades. Kampusch fue llevada a una estación
de policía en la ciudad de Deutsch Wagram. Cuando estuvo ante la policía,
se presentó diciendo: "Soy Natascha Kampusch, nacida el 17 de
febrero de 1988". La joven fue identificada por una cicatriz en el cuerpo,
así como por su pasaporte y una prueba posterior de ADN. Fue encontrada
en un relativamente buen estado físico, si bien estaba pálida
y pesaba solo 42 Kg., el mismo peso que tenia al desaparecer ocho años
antes. Su estatura había crecido tan solo unos 15 cm. Sabine Freudenberger,
la primera oficial de policía que habló con ella, dijo estar
impresionada por "su inteligencia, su vocabulario".
Wolfgang Priklopil fue buscado intensamente y antes que lo encontraran se
suicidó saltando a las vías de un tren de las afueras de Viena.
Hubo especulaciones de que Kampusch sufría del Síndrome de Estocolmo.
Ella lo negó y califico a su captor como un "criminal".
Poco después de la liberación de la joven, su padre abrió
una cuenta en un banco austriaco con el fin de recaudar fondos para Natascha,
ya que ésta requerirá durante años un tratamiento psicológico
para superar los traumas sufridos durante su cautiverio.
En 6 de septiembre de 2006 por primera vez Kampusch realiza para la ORF su
primera entrevista en vivo, de aproximadamente 20 minutos. El caso fue tan
importante que la entrevista se convirtió en el programa de televisión
más visto desde que se miden los niveles de audiencia (1991) con un
total de 2.7 millones de espectadores. La ORF no pagaría por la entrevista,
pero cualquier ingreso por vender la entrevista a otros canales sería
remitido a Kampusch. La entrevista fue vendida a más de 120 países
a un costo de € 290 el minuto. Este dinero - estimado en varios miles
de euros - seria donado a mujeres de África y México por Kampusch.
Dijo tener más planes a futuro en cuanto a caridad y lucha en contra
del maltrato a mujeres en el mundo, para lo que creará una fundación.
El encargado de la entrevista fue el periodista austriaco Christoph Feurstein,
quien siguió el caso de Natascha desde que fue secuestrada.
Natascha Kampusch reveló al diario austriaco Kronen Zeitung que en
una oportunidad tuvo la posibilidad de escapar de la casa donde estuvo cautiva
pero que no tuvo valentía para huir y regresó a la residencia
de su captor.
"Una vez salí corriendo por la puerta del jardín",
declaró Natascha, de 18 años, al diario austriaco Kronen Zeitung.
"Fue como en el caso de esa gente que no puede abandonar su casa, aunque
la puerta esté abierta. A mí me entró vértigo,
no pude ver nada más, y volví de forma tan desapercibida como
fue posible, para que él no se diera cuenta de nada", relató.
Durante su encierro pensó muchas veces qué ocurriría
si su secuestrador no volviera más. "Un accidente o un infarto
al corazón y yo no saldría nunca de aquel lugar", explicó
Natascha al diario austriaco.
Es muy habitual que los perversos, una vez encarcelados, quieran suicidarse.
Saben lo que les espera en la cárcel- Lo mismo sucede con Josef Fritzl.
Temen que intente suicidarse, son cobardes.
Por último quiero citar una parte de un largo relato que me hizo una
joven –que no es mi paciente pero que me encontró por Internet,
joven a la que llamaré Gabriela que fue abusada y luego violada por
su padre y a quien su madre nunca le creyó que su marido y padre de
Gabriela hubiera abusado y posteriormente violado a su hija.
Ella me relata en un email y la cito:
“Me viene la sensación de terror porque no es seguro llorar
ahí y necesito levantarme pero no sé cómo...porque no
quiero ver la suciedad en mí...y me duele mucho y todavía tengo
la esperanza de que la puerta se abra y venga alguien a rescatarme, imagino
eso...
Voy al baño como puedo, y odio la suciedad en mí y odio verme
en el espejo. Me dan ganas de morirme si me veo en el espejo porque siento
que soy un asco realmente y no sé cómo borrarlo de mí.
Me viene la sensación de tener que limpiar en el baño si algo
se ensuciaba por mi culpa. Me viene esa imagen y estar ahí y llorar
y tratar de lavarme la cara sin parar para que no se note, para no estar colorada
de llorar, pero es imposible que no se note, no puedo dejar de llorar y no
puedo disimularlo, me lavo y no puedo borrarlo y me siento desesperada, y
a la vez me da miedo no poder dejar de llorar porque sé las consecuencias,
y eso me hace llorar aún más. Me acurruco un momento en el rincón
del baño, al lado de la bañera, o me escondo en la bañera
sabiendo que es lo mismo porque no puedo esconderme realmente. Trato de controlar
las lágrimas. Me viene ese terror por no poder dejar de llorar- y lo
que hacía para tratar de controlar eso y evitar un castigo. Me acuerdo
cerrar los ojos fuerte y decir de memoria algún cuento que yo sabía
y decirlo sin parar y rapidísimo tratando de detener el dolor y las
lágrimas y lo que yo estaba pensando y sintiendo. Recuerdo decir eso
casi sin aire y cerrando los ojos fuertemente para intentar detener todo.
Siento luego que él grita del otro lado de la puerta y viene con furia
y me dice que tendría que matarme porque soy un castigo para él
y para mi madre, por lo mala que soy y lo desagradecida, que voy a terminar
internada. Y que encima no aprendo la lección de nada y lo desafío
de la manera que lo hago...y me dice que soy una vergüenza, yo le digo
que me deje en paz y luego susurro en voz baja que lo odio y el me grita que
repita lo que dije y le digo que no dije nada, y me dice que me escuchó
y siento miedo a que haga algo y pierda el control más y me mate de
verdad. O vaya a buscar el cuchillo de la cocina y me haga algo más
(le tengo terror al ruido del cajón de la cocina de donde saca eso
porque me parece que es tan fácil que cruce ese límite a veces).
Y se enoja y se saca el cinturón y yo me acurruco en el rincón
del baño, trato de taparme y el me grita que me levante de ahí
y me pega con el cinturón y me agarra del brazo fuerte y yo lloro y
se enoja más y me mete en la bañera y hace cosas para lastimarme
y me dice que soy una basura y que la verdad que por mi conducta, parece que
quiero que él me mate. Hace eso en mí...y para mí es
peor que todo lo demás y no entiendo porque no termina nunca esa tortura.”
El
relato es mucho más largo y si cito a Gabriela es para que todas las
personas escuchemos a las Gabrielas, a las Elisabeth o a las Natashas que
día a día son abusadas y violadas en todo el mundo, ahora, antes
y en el futuro si no entendemos lo que es el Patriarcado y si no les creemos
a nuestras hijas o hijos o pacientes.
O si consideramos, como hacen los padres de APADESHI ANUPA y RETOÑO
que las criaturas tienen falsos recuerdos implantados por sus madres. Lo que
ellos denominan Síndrome de alienación parental o SAP, un síndrome
que no existe pero que fue inventado por Richard Gardner, un psiquiatra norteamericano
que también se suicidó. Pero que sigue siendo citado por los
“padres” perversos de nuestro país y de otros, hasta del
Primer Mundo.
Isabel
Monzón
Licenciada en Psicología (UBA 1967). Psicoanalista. Ensayista. Socia
de SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de Argentina).
imonzon@fibertel.com.ar
Lo
que más me molestó es que la periodista Daniela Fajardo haya
obviado poner a las instituciones de “padres” perversos que cito
anteriormente, es decir APADESHI, ANUBA Y RETOÑO.
¿Miedo o complicidad? No lo sé.
Nota posterior a la entrevista:
Una
colega y amiga que en estos momentos vive en Madrid me cuenta, y lo vuelvo
a remarcar, que en unas declaraciones a una revista austriaca, el abusador
dijo que él se crió con la disciplina del nazismo y que su madre,
que había vivido en el nazismo, se lo transmitió así.
Por lo tanto puede haber formado parte de la Juventud Nazi pero no, como dice
la Licenciada Silvia Gross en la misma Revista Para Ti, que Josef Frizl y
la cito:”Sospecho que en su juventud haya formado parte de las SS “
Pero la Lic. Gross hizo mal las cuentas. Un joven de cerca de 14 años
no puede haber formado parte de las SS, aunque si de la Juventud Nazi.
La
colega mía que vive en Madrid me cuenta que en un diario español
y a través de su mismo abogado, Fritz dijo que llevó arriba
a los nietos más débiles, a los que peor soportaban la falta
de luz, a los mas inquietos y "ruidosos", a los que lloraban más,
a los otros, los dejó abajo.
12 de mayo 2008
En mi actualización a esta entrevista leo este comentario de una periodista española que me llega a través de través de alarma de Google.
Jugar a ser dios
Aunque Fritzl insiste en que no es un monstruo, su comportamiento despierta el pavor del resto de los mortales
Por Martina Klein
Ni la historia, ni el arte ni las religiones se pueden escindir de la mitología. La creencia en los dioses y los monstruos, y su influencia en el comportamiento de las sociedades, es algo que asumí con naturalidad por lo lejano a mi época y a la cultura en la que me había tocado vivir. Desde este punto de vista, la mitología siempre me ha sabido a cuento, subidito de tono, pero cuento al fin, donde el asesinato y el incesto eran el componente picante de una narración con moraleja.
El terrorífico caso del monstruo de Amstetten me ha removido los fantasmas provenientes de esos cuentos, y la imagen definitiva que terminó de revolverme hasta la náusea fue un vídeo de Josef Fritzl hincándole el diente a un trozo de carne, porque se juntaron pasado y presente y vi su rostro en una pintura de Goya que reproducía al dios Saturno devorando a sus hijos, también fruto del incesto.
Fritzl, que en la parte confesable de su doble vida visitaba asiduamente un burdel no muy lejos de su casa, gustaba de ser llamado "profesor" por las prostitutas a las que contrataba servicio, y es que, a lo mejor, el electricista jubilado se había empapado de historias mitológicas, y en un delirio de grandeza, con mucha premeditación, decidió encarnar un periplo de los dioses.
Encerró, pues, a una de sus hijas en un sótano debajo de donde vivía con su mujer, mazmorra construida para tal propósito con anterioridad, y durante 24 años la violó repetidamente y engendró en el incesto siete hijos. Uno murió nada más nacer y lo calcinó para deshacerse de su cuerpo. Los bebés que más lloraban fueron adoptados por él y su mujer en la vida terrenal y los otros tres crecieron junto a su vejada madre en la subvida subterránea, hasta que la mayor de estos enfermó con 19 años y él flaqueó en su omnipotencia al llevarla al hospital, donde saltaron todas las alarmas.
Pero Josef Fritzl no es un dios, eventualmente, un monstruo (mitológicamente adversario), y los comportamientos que él recalca para que no se le trate como tal son los que despiertan el pavor del resto de los mortales: la incertidumbre de que en la trastienda de la convencional vida de cualquier hijo de vecino puede estar escondiéndose una historia que ni los más sádicos guionistas se atreverían a imaginar.
Hay
un castigo para todo aquel que juega a ser dios dando y quitando vida a su
antojo, y a este le llegó de la forma más mitológica
posible. "Si concibes un hijo, este te matará", le dijo el
oráculo a Laio, padre de Edipo. La primera hija concebida fruto del
incesto es la que lleva a Fritz a su condena. No sé cómo los
dioses y la ley desatarán su ira para con él a la hora de imponerle
un castigo. En estos casos y desgraciadamente, tanto una como otros pueden
ser misericordiosos. Sólo espero que el castigo de su alma, mediante
la culpa, sea perpetuo.
Nota de Isabel Monzón: La periodista española es muy benévola,
los perversos no sienten culpa.